(Paulinas).- El 17 de abril de 2014, con la canonización de Juan XXIII, el Papa Francisco dio a la Iglesia un gran ejemplo de santidad: es el camino alegre y misericordioso seguido por Angelo Giuseppe Roncalli.
Una fuente especialmente valiosa, porque nos introduce en sus vivencias cotidianas, son las Agendas que Roncalli recopiló entre 1935 y 1963. Allí no solo deja constancia de los hechos más significativos sino que, a través de lo que va aconteciendo, refleja también lo que Dios ha realizado a través de su humilde siervo, confirmando uno de los pilares colocados desde el principio como fundamento de su itinerario espiritual: «Dios lo es todo; yo no soy nada». «Yo no vivo más que para obedecer a las indicaciones de Dios».
Con esta conciencia de sí mismo, se abandona obediente a la voluntad del Señor y se siente un instrumento de su amor por la humanidad, mediante las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, con las que hacía de su testimonio de obispo, diplomático y, posteriormente, sucesor de Pedro, una fuente a la cual pueden acudir todos.
Este trabajo es una visita gozosa, a través de las Agendas, a las jornadas del arzobispo Angelo Giuseppe Roncalli, Delegado Apostólico en Turquía y Grecia y Administrador del Vicariato latino de Estambul, desde comienzos de 1935 hasta finales de 1944. Es como saciar la sed en una fuente, de la que brota el agua fresca de la caridad en los gestos de la vida cotidiana.
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