(Mensajeros de la Paz).- Este lunes el Padre Ángel y un equipo de trabajadores de la Fundación Mensajeros de la Paz viajaron a Atenas, donde se encuentran detenidos miles de refugiados que no han podido continuar su tránsito, desde la entrada en vigor del acuerdo UE-Turquía y el desalojo de la isla de Lesbos que está teniendo lugar estos días. En Grecia actualmente hay un total de aproximadamente cuarenta mil personas alojadas en diferentes campamentos de refugiados.
En la capital, el presidente y fundador de Mensajeros de la Paz coincidió con Miguel Díez Álvarez, el presidente y también fundador de Remar, la ONG internacional que colabora con Mensajeros en sus proyectos en las fronteras europeas. Juntos denunciaron la vergüenza del pacto y aseguraron su permanencia en los campamentos de Atenas, contra viento y marea.
Campamento de Ritsona. La familia de Abdul
En el campamento de Ritsona, a cuarenta kilómetros de Atenas, alrededor de mil refugiados procedentes de Siria, Irak o Afganistán viven hacinados en tiendas de campaña de las Fuerzas Armadas desde hace ocho días, cuando se abrió. «Los militares nos traen comida una vez al día -contó Abdul R., procedente de Alepo- pero viene fría y sin sal y por eso mis niños sólo quieren tomar el caldo, el té, los dulces y la fruta que nos dan Mensajeros y Remar. En mi familia somos unos treinta, hemos venido juntos. Tengo dos cuñadas que están embarazadas».
Mensajeros y Remar conocieron el lunes por la tarde la situación de la familia de Abdul, que ve pasar los días junto a una hoguera improvisada al lado de su tienda. «No tenemos duchas ni nada más que botellas de agua para lavarnos -dijo Abdul- Mi mujer tiene miedo porque hay gente que dice que ha visto serpientes por aquí, y las tiendas no están protegidas. Cuando llueve, todo esto se embarra».
«Es tremendo hacer experiencia de su miedo -declaró el P. Ángel- pero a la vez es precioso descubrir en ellos esperanza. Vamos a seguir a su lado, para que su valentía no se agote».

Puerto del Pireo. El muelle de los refugiados
El martes por la mañana, Mensajeros visitó el Puerto del Pireo, donde la organización tiene un proyecto más desarrollado. «Aquí llevamos más tiempo. En nuestra carpa en el muelle de este puerto gigante no sólo repartimos la comida, las mantas, los juguetes… sino que hemos montado una especie de ludoteca«, explicó Pilar Ramírez, voluntaria de Remar.
El Padre Ángel se sentó con los niños refugiados, que estaban dibujando y jugando con globos y pomperos. «Me ha sobrecogido el contraste entre los semblantes de intemperie de los padres, y la alegría de los niños, que no tiene fondo», confesó el sacerdote. «Este puerto está lleno de barcos, de cruceros, en los que cabrían estas miles de familias que están metidas en tiendas de campaña del tamaño de mesas camilla», denunció. Los presidentes de Remar y Mensajeros hicieron un llamamiento a los gobiernos: «Si lo permitieran, mismamente estos buques podrían salvar muchas vidas».
Campamento Malakasa. El lavatorio de los errantes
Por último, en la tarde de ayer Mensajeros acudió al campamento de emergencia de Malakasa, donde el ejército griego estaba montando un centenar de tiendas más. «Este campamento sigue creciendo y tiene pinta de que se va a convertir en un trabajo a largo plazo -explicó Harry, voluntario de Mensajeros y Remar de origen londinense- Pero aquí dando de comer sólo estamos nosotros y el ejército«.
Los presidentes de Mensajeros y Remar conocieron la carpa-ludoteca que las ONGs han instalado recientemente también en Malakasa. Después, finalizaron su visita con el gesto simbólico de lavar los pies de algunos refugiados.
«Hoy no es Jueves Santo -dijo el Padre- pero es el Día Mundial del Agua y queremos lavar y besar con agua los pies de estas personas, que son los pies de la esperanza. Ellos son el pueblo errante del Siglo XXI porque la guerra no les permite seguir en sus hogares, pero nadie les ha dado más transporte que sus propios pasos o los cayucos de las mafias». De la misma manera, el presidente de Remar denunció las indignantes deportaciones que se están llevando a cabo. «Para eso sí que están poniendo en marcha los motores», lamentó.
«Nos unimos al gesto de humildad que va a hacer el Papa, lavando los pies en un centro de refugiados», explicó el P. Ángel. «Con este gesto queremos pedir perdón por este pacto de la vergüenza y arrodillarnos ante los refugiados, porque su situación nos exige acogerles y darles todo lo que es proximidad y han perdido: un hogar, la dignidad de la intimidad y de las posesiones, cariño y oportunidades».
Ante la noticia de que un refugiado sirio se quemó a lo bonzo en Idomeni, el presidente de Mensajeros concluyó: «Ellos se queman, porque muchas veces no encuentran razones para seguir siendo tratados así por Europa. Por eso nuestra respuesta, ante el fuego de la desesperanza, tiene que ser el amparo del agua, el cuidado del otro y el respeto de los derechos humanos».

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