(Antonio Aradillas).- Con humildad, sensatez y teología, en la presentación del nuevo libro de PPC titulado «Y a pesar de todo, creer», destaca su autor, Francesc Torralba Roselló, entre otras cosas, lo siguiente:
«No trato de convencer a nadie. No me propongo articular una apologética de fe al modo clásico. Los tiempos de la batalla entre defensores y detractores han sido definitivamente superados. En las sociedades occidentales posmodernas y líquidas, creyentes y no creyentes vivimos en paz, aceptamos la pluralidad como un hecho, incluso como un valor, y juntos luchamos por un mundo mejor. Deseamos conocernos y comprendernos y, sobre todo, identificar los ámbitos de intersección que nos unen…Simplemente deseo expresar, en primera persona del singular, las razones que me inducen a creer en Dios o, mejor dicho, a vivir confiado en él. Se puede vivir legítimamente sin Dios en este mundo, pero también el legítimo enfrentarse a las grandes experiencias de la vida desde la fe en Dios».
El autor no es un «Don Cualquiera». Es «uno de los pensadores más notables en el panorama filosófico español, y en el 2011 fue nombrado por Benedicto XVI consultor del Pontificio Consejo para la Cultura«. Esto quier decir que, lejos de dogmatizarlo todo o casi todo, tal y como hacen no pocos «autorcillos», el Consultor Pontificio se manifiesta y proclama como ciertamente culto en esferas humanas y, por supuesto, y en y en idéntica proporción, equilibradamente humanas. El solo hecho de haber antologado las frases, los pensamientos y los dichos que les sirven de referencias puntuales a sus reflexiones personales, merece y justifica su lectura.
Todos sus capítulos se leen con fluidez literaria, sagrada unción y ecumenismo integrador, y hasta llega a percibirse el paso fecundante de las ideas contenidas en las 120 páginas de su libro al ritmo y «órdenes del día» de las necesidades «rekligiosas» de los potenciales lectores y lectoras.
Los diseñadores «pepecianos» se lucen en la presentación y confección del texto, entre cuyos títulos y secciones es de potenciar y agradecer los relativos a la selección de letras, colores, portada y contraportada y de cuantos elementos dependen en tan notables proporciones la satisfacción de felicidad y de sentirse cómodo, – utilidad y provecho-, a cuya consecución aspiran los usuarios en unos tiempos de excepcional competitividad bibliográfica en los que nos hallamos, casi siempre en detrimento de los temas relacionados con la religión y con la Iglesia católica, apostólica y romana.
«El hombre que comprendiera a Dios, sería otro Dios»; «Dios no habla, pero todo habla de Dios»; «Quien busca la verdad, busca a Dios, aunque no lo sepa»; «Si Dios no es amor, no vale la pena que exista»;» La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero cuando me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo, sino que avance llevando en mí nada más que el temor de Dios»; «El dinero es el substituto técnico de Dios»…
«A quienes creen y no temen dudar», que son los destinatarios expresos de la dedicatoria del libro, que mayoritariamente son -somos- los lectores, no nos dejarán impasibles e impávidos, estas y tantas otras frases y sugerencias tan luminosas y pletóricas de autoridad como las aquí apuntadas.
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