Tras la catástrofe que se abatió hace casi dos semanas sobre Haití, con más de 111.000 muertos, el funeral por una de las víctimas del terremoto, el Arzobispo católico de Haití, Joseph Serge Miot, se convirtió hoy en una ceremonia para todos aquellos que no pudieron recibir un entierro digno.
«Es un símbolo para todos los que han muerto», dice una de las feligresas habituales de la ahora derruida catedral capitalina, a cuyo lado, bajo unas carpas que protegían a los dignatarios del fuerte sol, se celebró la ceremonia religiosa, que contó con la presencia del presidente haitiano, René Preval, y el Arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, entre otros.
La catástrofe ha confundido al rico, al más pobre, incluso al gobierno, los ministros tienen hijos muertos, todo el mundo. «Esto es para todos», coincide la hermana Lina, una monja colombiana asentada en Haití desde hace cuatro años.
«Los que no pudieron enterrar a sus seres queridos, los que están todavía bajo los escombros, yo digo que esto es como enterrar también en nombre de todos esos que están allá anónimos y no se van a encontrar nunca».
La ceremonia, bajo el fuerte sol caribeño, continúa entre cánticos y plegarias no sólo por el arzobispo, sino por toda una nación afectada por su mayor desgracia, y eso que ha vivido muchas a lo largo de su historia.
«Le pido a Dios que para todos aquellos que encontraron la muerte con el seísmo, que les dé consuelo a sus familias, que en muchos casos no han podido dar una sepultura digna a sus seres queridos«, reza en la misa el presidente de la conferencia de obispos de Haití, Louis Kébreau.
El medio millar de religiosos y de haitianos congregados se santigua, la mente todavía llena de imágenes de los cadáveres que yacieron durante días pudriéndose en las calles de la ciudad y que acabaron en alguna olvidada fosa común. Y también de todos aquellos que siguen perdidos bajo los escombros de una ciudad derruida casi en su totalidad.
«En cierto modo es como que el pastor (el arzobispo) sea el que lleva a todos esos muertos hacia la mano de dios padre», dice Simón Cabrera, de la conferencia dominicana de religisosos, con la que acudió a Haití tras el sismo para ayudar.
Nadie queire olvidar al arzobispo Joseph Serge Miot, quien según el médico haitiano Hans Thomas «era la única persona en Haití cuya vocación era trabajar por los pobres».
Pero en este día junto a la catedral «no hay individualismos», afirma el franciscano Luc Paul Desplain.
«Esta acción de gracias concierne a todos los haitianos y debe consolar también a todo el mundo que ha venido a ayudar», sostiene.
«La cabeza de la Iglesia ha sido golpeada, la cabeza del gobierno ha sido golpeada, la cabeza de Minustah ha sido golpeada, a todos nos ha afectado esta tragedia».(RD/Agencias)
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