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Confesión del cardenal Jorge Bergoglio, en el libro "El Jesuita"

No admiten a más del 40 % de los aspirantes al Seminario de Buenos Aires

Uno de sus autores, Sergio Rubin, subrayó la firme posición del cardenal ante abusos sexuales, en especial la pedofilia, y su apoyo a la justicia civil.

30 Jun 2010 - 07:53 CET
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(Patricio Downes) “Si hay un cura pedófilo es porque lleva la perversión desde antes de de ordenarse. Y tampoco el celibato cura esa perversión”, dijo el cardenal Jorge Bergoglio en “El Jesuita” una obra de los periodistas Sergio Rubin, argentino del diario Clarín, y de Francesca Ambrogetti, italiana de la agencia ANSA. Confesó Bergoglio a Rubin y Francesca que “en el seminario metropolitano de Buenos Aires admitimos aproximadamente al 40 % de los que se presentan. Hacemos un cuidadoso seguimiento de su proceso madurativo”.

Rubin señaló a Religión Digital que no fue fácil convencer al cardenal, uno de los más votados en el último cónclave para suceder a Juan Pablo II. “En esta cuestión de los abusos sexuales, en especial de pedofilia, nos transmitió una gran firmeza. Firme en el apartamiento de quien comete este crimen, en la colaboración con la justicia. No mostró resquicios en materia de caer en lo que en otras épocas, como un criterio equivocado, consistió en trasladar alegre y superficialmente a sacerdotes de una parroquia o de una diócesis a otra. Esto trajo enormes dolores de cabeza a la Iglesia por no haber tomado el toro por las astas y, en muchos casos, los sacerdotes continuaron con los abusos”, dijo Sergio Rubin.

¿Hablaron de celibato, de sacerdotes casados o del sacerdocio femenino? “Del sacerdocio femenino, no. Y en cuanto al celibato, está con el Papa en que debe continuar, admitiendo –sin jugar de adivino, dice- en que por razones culturales funcione o haya cambios en algunas partes del mundo”.

Rubin señaló que “más que las teorizaciones, lo que me gusta mucho es que hable de estar cerca del sacerdote que duda y necesita ser acompañado. Creo que dice, hasta lo puedo casar, y ese acompañamiento es un gesto muy lindo porque venimos de una cultura en la que el sacerdote que se enamoraba o casaba era poco menos que denostado, o segregado, pero el cardenal Bergoglio habla de un acompañamiento”.

 

         Es una rara entrevista la de “El Jesuita”, ¿no?, porque es sabido que el cardenal Jorge Bergoglio no dialoga casi con la prensa.

 

Si; no es fácil, porque no concede entrevistas. Francesca me propuso hacer el libro con charlas con él hace como tres años y me mostré escéptico porque, conociéndolo, no da entrevistas. En realidad hubo dos, una para Ansa y otra para Clarín, que le hice cuando fue creado Cardenal. Como en el 2005 tuvo participación tan destacada en el cónclave Francesca me hizo la propuesta. No hay peor gestión que la no realizada. Al principio nos respondió con frialdad. No nos dijo que sí de entrada pero tampoco que no y en un momento de charla se apareció con un anillado que reunía una impresionante cantidad de hojas. Eran como 500 y el dijo, acá están mis homilías y mensajes de estos años, pueden tomarlo de acá. Le dijimos que no. Queremos tener un diálogo con Usted, llano, abierto, sobre distintos temas, de una manera no académica. No somos teólogos, ni nada por el estilo y hay mucha gente que se pregunta cómo piensa Usted en determinados temas. Y, como Usted no puede recibir físicamente a toda la gente que quisiera verlo, nosotros podremos hacer de mediadores entre las cosas que la gente de a pie le quisiera preguntar.

-El libro parece pactado en temas.

-Hay un ordenamiento temático y cronológico, desde que llegan la abuela y padre al puerto desde Italia y su niñez, juventud y su vocación. Va subiendo, hay una cronología y eso fue saliendo en el curso de las charlas, que luego hubo que armar periodísticamente para un libro. Y se hizo en un trabajo de edición intenso. Quizás el libro se lea de un tirón, pero fue un trabajo intenso de recomponer pieza de diálogos realizados a lo largo de dos años. En algún sentido el aporte más original del libro quizás está en lo que no está escrito, sino en lo que se desliza, yo creo que Bergoglio es un hombre que escapa en todo momento al palabrerío, prioriza mucho las actitudes y está mas preocupado por el testimonio que se da. Le apasionan las actitudes de proximidad a la gente por la comprensión, el cariño y los pequeños y grandes gestos con la gente, el testimonio, que el palabrerío. Eso me parece muy importante y tratamos de deslizarlo en todo momento en el libro.

¿Qué significa eso, en concreto?

. En que a veces estamos demasiado metidos en las discusiones y en las palabras, por eso me parece que la fuerza de Bergoglio, si bien tira ideas piolas, está en su testimonio. Prioriza el testimonio a la palabra. y no gusta mucho de la cuestión dialéctica.

Por el otro lado, como buen jesuita, sintoniza muy bien el curso de los tiempos, sintoniza muy bien el discurrir de los tiempos. Y, de alguna manera final, qué me queda, me parece que un sacerdote pensando la Iglesia de los próximos 50 años. Como buen jesuita está pensando con esa mirada, en cómo sigue la película. Actitudes personales y proyección, de cara al futuro.

         Y en ese contexto, da la impresión de no enredarse en cuestiones que, sin ser menores como la sexualidad o el uso del preservativo, tienden a discusiones bizantinas.

 

-Sin ponerlo en boca de él, lo digo yo, claramente esta es una actitud personal. Quiere dar una correcta gradación, calibrar correctamente los temas, porque a veces -esto lo digo yo, no quiero poner en su boca lo que él no dice- me parece a mí que hay una preocupación en calibrar las cosas adecuadamente. Pareciera a veces que las cuestiones sexuales fueran más importantes que el anuncio del Evangelio, o del kerygma, la esencia del mensaje cristiano. Me parece que es claro en que cada cosa tiene una proporción, cada cosa tiene una escala, una categoría en el mensaje, y ante todo hay un mensaje hay un mensaje positivo de amor, de esperanza, de comprensión, que está en primer lugar y luego otras cosas, pero todas en su correcto calibre.

– ¿Sale en forma limpia de este baldazo de sangre que quiere tirarle encima el equipo de periodistas contratado por el kirchnerismo?. ¿Es cierto que no perdió ni abandonó a nadie de su congregación en manos de la dictadura?

–Así fueron los hechos. Dos jesuitas fueron detenidos y se tragaron seis u ocho meses de cárcel y no los mataron. Al contrario, los liberaron y exilado. Y es un tema donde (el periodista pro kirchnerista) Horacio Verbitsky ha hecho acusaciones insistentes en los últimos diez años. Después de diez años del primer artículo prefirió no contestar, pero le dijimos que a diez años del primer artículo en un libro de las características de El Jesuita, era tiempo más que oportuno para decir alguna palabra, con calma. Tenía que estar su versión de los hechos y eso es lo que tratamos….

– Perdón, pero también menciona la justicia civil…. el ejemplo de Nuremberg y el manejo de la pena de muerte en ese contexto.

–Yo creo que ahí está otro aspecto que marca la diferencia con otro Episcopado, de otra época cuando había voces más favorables, en la cima, en apoyo a una amnistía o lo que fuere. Pero insisto, era otro el momento. No se pueden comparar los ‘80 y pico de (el ex presidente radical Raúl) Alfonsín, con el poder que todavía tenían los militares y las tensiones que había, con las situación actual. Pero el cardenal Bergoglio tiene alguna diferencia con algunos de los que estaban antes en la cima, más favorables a la amnistía o que por lo menos no saldrían a decir que la justicia debía actuar claramente o no se definirían claramente. Eso muestra que el integra otra concepción, otra generación, otro enfoque. Y también ese ha sido un problema porque cuando la Iglesia habló de reconciliación se lo ha traducido rápidamente como impunidad, amnistía general, o un jubileo generalizado y Bergoglio explica que uno de los pilares es la justicia. La justicia divina, es cierto, pero la humana también.

 

— ¿Cómo entiendes su mirada hacia el pasado argentino?

— A no quedar tampoco en eso, a asumir nuestro pasado, no para tirarlo por la ventana, sino para avanzar. ‘El Jesuita’ termina con un claro giro de esperanza, y lo dice claramente, pues se trata de un hombre que tiene una esperanza entendida, una esperanza cristiana que no es quietista, sino que exige una esfuerzo y acción de cada uno, sin esperar que mañana llueva sopa, sino haciendo algo todos los días para que eso también sea posible.

— Y aparece un duro cuestionamiento social, de un esquema nuevo de exclusión…

— Sí; habla de los sobrantes, de la gente que sobra, y tiene una preocupación social muy clara que refleja aquí y la ha reflejado siempre con el tema del apoyo a los sacerdotes que trabajan en las villas y su preocupación social. Esto no es de ahora, viene de atrás y esta muy clara su preocupación social.

— ¿Qué se te ocurre para una síntesis del libro?

— Dos ideas que están en el libro. Por un lado, insiste en salir al encuentro de la gente, lo que es una clave importante. Le insistimos en el tema de modernizar algunas posiciones y temas de la Iglesia, hablando popularmente, y el nos contestaba siempre con la prioridad de salir al encuentro de la gente, de la proximidad con la gente, de estar cerca en serio, casi exigiendo que cada párroco conozca el nombre de cada uno de sus feligreses. La otra es la cultura del encuentro que como diría José “Pepe” Mujica (el presidente de Uruguay) de querernos un poco más los argentinos. Insiste en la dificultad que tenemos en Argentina para jugar en equipo, sin renunciar a nuestras identidades.

 

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