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El cardenal de Colombia, monseñor Rubén Salazar, resaltó hoy que el fallecido Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez «abrió caminos de humanidad para liberarnos de la injusticia y la violencia«.
El Arzobispo de Bogotá encabezó junto al presidente Juan Manuel Santos una ceremonia solemne en la Catedral Primada, en el corazón de la Plaza Bolívar, a donde acudieron los capitalinos para despedir al más grande colombiano de todos los tiempos, cuya muerte enlutó la nación de una punta a otra el jueves pasado.
Tras exaltar la obra del autor, una obra, inconmesurable que supera los límites de las palabras y las imágenes, dijo, Salazar agradeció a Dios por la vida y el legado del «máximo maestro de las letras».
«Gracias a Dios por su tesón, su trabajo incansable, su capacidad de crear relaciones de amistad sólidas y estables, con honradez y honestidad», manifestó el arzobispo de Bogotá.
Cardenal Salazar Gómez resaltó la figura del autor de Cien Años de Soledad por su «obra inconmesurable que supera los límites de las palabras y las imágenes».
«Estamos llamados a mirarlo para ver más allá de la injusticia y de la violencia. Con su legado vemos puentes de reconciliación para descubrir todo los que nos une y nos hermana», concluyó.
Los capitalinos llegaron desde horas tempranas a la Catedral Primada para rendir honores a su más grande escritor, quien los hizo soñar desde las páginas de Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, La hojarasca o Los funerales de Mama Grande.
Entre los rostros que seguía atentamente cada minuto de la ceremonia asomaba el de Yeiner Melo, un niño de siete años que, pese a su corta edad, dice seguir la literatura de Gabo.
Vine a darle un último adiós a nuestro premio Nobel, expresó a Prensa Latina el pequeño, que, con un hermoso cartel, llegó desde la sureña localidad de Ciudad Bolívar.
Quiero leer y escribir en honor a él, quiero saber cuántos libros, cuantas frases nos dejó, manifestó Yeiner, quien se paseaba de un lado a otro por toda la Plaza con su cartel adornado de mariposas y rosas amarillas en el que se podía leer: «un adiós para nuestro Gabo».
(RD/Agencias)
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