(Luis M. Modino).- Hacer memoria nos lleva a no olvidar la sangre derramada por aquellos que lucharon por un mundo mejor para todos, a aquellos que se enfrentaron a quienes pensando sólo en sí mismos, buscan aprovecharse de los otros y de la Madre Tierra para satisfacer única y exclusivamente sus propios intereses.
Por eso este domingo, 13 de septiembre se han reunido en la ciudad de Timbó Grande, diócesis de Caçador, en el estado sureño de Santa Catarina, representantes de los estados de São Paulo, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul. Querían recordar el centenario de la Guerra del Contestado, contienda sangrienta que entre 1912 y 1916 masacró la población cabocla (mezcla de blancos e indios) y los pequeños campesinos de la región por parte del gobierno brasileño de aquella época y de las grandes empresas multinacionales que extraían madera y construían la vía del tren entre São Paulo y Rio Grande do Sul, usurpando las tierras de los pequeños propietarios.
En este contexto apareció la figura del beato João Maria, quien a partir de un discurso mesiánico y ante la insatisfacción popular, predicaba la creación de una nueva sociedad, regida por la Ley de Dios, donde todos vivieran en paz, prosperidad, justicia y tierras para trabajar. Él tenía una visión ecológica nada común en la época, incentivando el cuidado de la tierra y del agua de la misma forma que se cuida de la madre. Rápidamente consiguió juntar millares de seguidores entre los campesinos sin tierra.
Acusado de enemigo del Estado fue perseguido, lo que provocó una guerra en la que murieron entre cinco y ocho mil campesinos y caboclos, rápidamente olvidados y despreciados, como casi siempre ocurre con quienes se enfrentan a los poderosos en busca de días mejores.
El tema de la Romería ha sido «Romería del Centenario del Contestado» y el lema «Reductos de resistencia, esperanza y encanto de la vida». En este sentido, Monseñor Severino Clasen, obispo de Caçador y Presidente de la Comisión para el laicado de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués) señalaba que este momento es ideal para que toda la comunidad se movilice y pueda tomar conciencia de las injusticias que hoy están aconteciendo.

La celebración de la Romería ha recogido todos los elementos presentes en la vida del beato João Maria, siendo impactante el momento en el que a golpe de hacha era derribado un gran árbol cargado de frutos, haciendo memoria de tantos y tantos que cayeron un siglo atrás para construir la vía del tren. Ante esta realidad, la enseñanza que queda es la necesidad de cuidar de la tierra, de compartir, de encantarse con la naturaleza que nos cerca, actitudes muy presentes en la vida de los caboclos que habitaban la región.
La Guerra del Contestado pone de manifiesto una práctica todavía no superada en muchos lugares de Brasil. Los intereses de los poderosos siempre fueron más importantes que las necesidades de los pobres y los conflictos se resuelven no desde el diálogo y sí desde la represión, como en estos días está aconteciendo con los indígenas Guaraní-Kaiowá en el estado de Mato Grosso.
En la Romería han participado representantes de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de 70 diócesis de los cuatro estados antes referidos, que en los días anteriores, en un número de unos 500 delegados y delegadas, han estado reunidos en la ciudad de Fraiburgo, que también pertenece a la diócesis de Caçador, para reflexionar sobre la realidad de la Guerra del Contestado y las cuestiones urbanas, tema central del próximo Intereclesial, que en enero de 2018, reunirá en Londrina, Paraná, a las CEBs de todo Brasil.
El encuentro ha sido asesorado por el Profesor Jelson Oliveira, de la Pontificia Universidad Católica del Paraná, quien insistió en la necesidad de cuidar de la vida, de re-encantarse, de valorar los diversos modos de vivir. En una sociedad en la que cada vez entra más en juego la contradicción entre desenvolvimiento y preservación, señala que la Guerra del Contestado nos lleva a descubrir la necesidad de preservar la identidad, una urgencia en una sociedad en la que el modelo de producción ha cambiado, pasando de atender las necesidades humanas a crear cada vez más necesidades, conduciéndonos a un progreso sin metas, en el que comprar se ha convertido en una terapia.

El ser humano se va haciendo cada vez más mediocre, dejando de pensar en la colectividad, completando sus sentidos con el tener, colocando la posesión de cosas por encima de los sentimientos.
Al hilo de todo esto, fue destacada la figura del Papa Francisco como impulsor que nos hace construir una realidad diferente, que sólo será llevada a cabo en la medida en que sea conducido hasta las bases las orientaciones que el obispo de Roma está dando, recordando la importancia de las palabras de su discurso a los movimientos populares en Bolivia.
Como señala Leoni Alves Garcia, coordinadora de las CEBs de la Archidiócesis de Londrina, ha sido momento de compartir e intercambiar experiencias, de sentirse acogido en las familias que, como es tradición en los encuentros de las comunidades eclesiales de base, abren sus puertas para quien viene de lejos.
En una sociedad donde cada vez somos más impasibles ante las situaciones injustas la Iglesia debe fomentar estos momentos en los que, a partir de una reflexión profunda, puedan establecerse cauces que despierten a la sociedad para estar atentos a tantas situaciones en la que es necesario defender la vida. Promover la búsqueda de un mundo mejor para todos, más incluyente, democrático, justo y respetuoso con la vida en todas sus dimensiones debe ser una prioridad en la vida de quien se dice cristiano.

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