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El Papa explicó por carta a los obispos chilenos por qué no pudo frenar su nombramiento

El Nuncio en Chile «complicó y bloqueó» la renuncia de Juan Barros

Roma quería que los prelados cercanos a Karadima tomaran un año sabático y luego renunciaran

Jesús Bastante 12 Ene 2018 - 11:03 CET
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Laicos de Osorno vuelven a protestar contra el obispo Barros

(Jesús Bastante/Agencias).- El Papa Francisco quiso frenar el ‘caso Barros’… y no pudo. Esta es una de las conclusiones que pueden sacarse de una carta que Bergolio envió a la Conferencia Episcopal chilena el 31 de enero de 2015, y que acaba de desvelar la Associated Press.

En la misma, el Papa revela que intentó pedir la renuncia al actual obispo de Osorno, y a otros dos prelados vinculados al pederasta Fernando Karadima, y que habían sido acusados de encubrimiento. Sin embargo, algo falló. ¿Qué pasó realmente?

El Papa intenta explicarlo en la misiva: «Surgió luego, hacia fin de año (últimos días de diciembre de 2014), un problema serio. El Sr. Nuncio (Ivo Scapolo) le pide a Mons. Barros la renuncia y lo exhorta a tomar un período sabático (un año, por ejemplo) antes de asumir otra responsabilidad pastoral como Obispo diocesano. Y le comentó que el mismo proceder se tomará con los obispos de Talca y de Linares (también implicados en el caso Karadima), pero que no se los dijera a ellos».

Sin embargo, continúa la carta papal, «Mons. Barros hace llegar el texto de su renuncia añadiendo este comentario del Nuncio». ¿Un comentario no acordado con el Papa? Eso parece desprender el siguiente párrafo de la carta de Francisco. «Como Ustedes podrán comprender, este comentario del Sr. Nuncio complicó y bloqueó todo eventual camino ulterior en el sentido de ofrecer un año sabático. Hablamos del asunto con el Card. Ouellet y sé que él habló con el Señor Nuncio».

 

 

Todo parece indicar que el Nuncio se adelantó a los deseos del Papa y que, al ‘exhortar’ a Barros a renunciar, impidió un diálogo entre el polémico obispo y Francisco. Entonces, Barros no presentaría su renuncia voluntariamente, sino obligado por el representante papal, que debió ser amonestado por el cardenal Ouellet. Sin embargo, la actuación del Nuncio «complicó y bloqueó» cualquier solución al tema Osorno.

Según subraya Ap, el Vaticano estaba preocupado «por los daños colaterales que provocaría el caso del mayor cura pederasta de Chile e intentó poner en marcha un plan: pedir la renuncia y darles un año sabático a tres obispos chilenos acusados de haber encubierto los abusos de ese sacerdote».

Al final, el 10 de enero de 2015, Francisco nombró a Barros obispo de la ciudad de Osorno, a unos 930 kilómetros al sur de la capital chilena, provocando una catarata de protestas que se visibilizaron el día de su ordenación episcopal, y que, tres años después, aún continúan. Se espera que durante la inminente visita del Papa a Chile, el «caso Osorno» vuelta a la palestra. De hecho, algunas de las víctimas de Karadima han solicitado verse con el Papa, sin que hasta el momento se haya concretado reunión alguna.

Preguntado sobre el particular, el portavoz vaticano, Greg Burke, evitar hacer comentario alguno, aunque manifestó que los fieles de Osorno contrarios a Barrios eran libres de manifestarse, y que la Santa Sede respetaba su derecho a hacerlo.

La AP también preguntó sobre la misiva al presidente de la Conferencia Episcopal y a los miembros de su Comité Permanente, pero nadie había respondido. Por su parte, Juan Barros negó tener conocimiento de la existencia de la carta -fue enviada únicamente al Comité Permanente, del que Barros no formaba parte-, y aseguró a la agencia que «jamás tuve conocimiento ni imaginé nunca de aquellos graves abusos que este sacerdote cometía con sus víctimas».

«No he aprobado ni participado en esos hechos gravemente deshonestos y jamás he sido sancionado por un tribunal al respecto», añadió, sin desvelar si presentó o no la renuncia de la que habla el Papa, o si el Nuncio le exhortó a hacerlo.

 

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