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Alfonso María Ruiz-Mateos, psquiatra redentorista

“En el clero hay menos alcohólicos que en la población normal”

“La ONG más importante del mundo es la Iglesia Católica”

José Manuel Vidal 02 Mar 2010 - 15:51 CET
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Alfonso María Ruiz-Mateos es un humanista del Renacimiento. Su nombre evoca muchas cosas. Pero Alfonso, siendo de la saga de los Ruiz-Mateos, no ha dedicado su vida a los negocios crematísticos, sino al negocio del alma, de la psique, de la mente. Es poeta, ensayista y, sobre todo, uno de los más prestigiosos psiquiatras de España. Experto, además, en psiquiatría religiosa, ha sido Premio Nacional de Oratoria, y en la actualidad, es profesor, amén de presidir la Academia de Médicos Escritores. Dice que será «redentorista hasta la muerte», alaba a su compañero Marciano Vidal «figura de la moral fundamental» y asegura que «en el clero hay menos alcohólicos que en la población normal».

Me ha sorprendido su vena poética. ¿Es usted poeta en serio?

Sí, un poco. Pero no suelo competir. La marca de vino de Pedro Domec, que yo diría que es la mejor del mundo, tenía puesto en todas las etiquetas de sus botellas que tenía prohibido competir. Pero, bueno, yo tengo el premio de poesía mística que me dieron en Roma hace unos años. Aunque yo, en vez de mística, la llamaría religiosa.

También me ha llamado la atención un libro suyo sobre los rotarios.

Sí, es una especie de resumen sobre la esencia del rotarismo, del Club Rotario.

¿Se puede explicar en pocas palabras lo del Club Rotario?

El Club Internacional Rotario fue fundado en 1905 por un abogado inglés que estaba en Evaston, un pueblecito de California. Iba con un compañero, que era un empresario importante en el mundo del carbón, y con otro del mundo de las telas. Y se le ocurrió al abogado que, si cada uno de los empresarios de Evaston -y serían un poco elitistas para elegir a los mejores- hiciera un código ético, pero sin inmiscuirse en la intimidad de cada uno (por ejemplo, en su confesión religiosa o en su punto de vista político), algo cercano a la moral comenzaría a funcionar. Y, efectivamente, Rotary ahora mismo es una de las grandes ONGs del mundo. Aunque yo creo que la ONG más importante del mundo es la Iglesia (cristiana y católica).

¿Tienen algo que ver con la Iglesia Católica?

No, son completamente aconfesionales y apolíticos.

¿O sea que no son como los Caballeros de Colón?

No. El Club de los Leones (que es como se conoce aquí en España) se separó en el 1916 del Club Rotario, por un enfrentamiento humano. Pero el que quiera conocerlo, se dará cuenta de que el espíritu es el mismo, aunque se escindieran.

¿Con la masonería no tiene nada que ver?

Es una buena pregunta, porque en España el rotarismo se entendía como una especie de noviciado preparatorio a la masonería. Y es todo lo contrario. Masón significa albañil en inglés. Ellos dicen free mason.
Una vez estábamos en Londres mi hermano Zoilo y yo, en Bristol, y le preguntaron «Are you free mason?» y mi hermano contestó: «Sorry, I am free, but no mason».

Hablando de su familia: ¿las raíces religiosas vienen de sus padres, de sus abuelos…?

Ya sabe que yo soy un bautizado y lo seré hasta la muerte. Seré siempre redentorista. Mi gran vocación es el hombre, pero, desde luego, desde una perspectiva teológica. Y, dentro de la teología, soy médico, psiquiatra, catedrático… lo que quieras. Pero lo que yo me considero por encima de todo, con toda la humildad que tengo, es sacerdote redentorista. No tengo reparo en decirlo. ¿Que ahora el derecho canónico no me lo permite? Bueno, ya la Iglesia irá caminando y el espíritu nos llevará pedagógicamente de la mano, como diría San Pablo.
Yo tengo una familia muy numerosa. Soy el más pequeño de cinco varones. Y creo que sí, que «de casta le viene al galgo». He nacido en un ambiente de creyentes, tanto por parte de madre como de padre.

Además son ustedes de los creyentes que no se avergüenzan de proclamarlo.

No, no, ninguno. No presumimos, porque ya sabe cuál es la regla de San Alfonso: «Nunca hablarán de sí mismos en primera persona». Yo no sé qué es el yo. Por eso, cuando me pregunta sobre algo mío, respondo mal. Porque no estoy acostumbrado al ego. «Y tampoco lo harán de su propia familia», seguía la norma. Y ahora que me está bombardeando sobre mí, mi yo y mi familia… me muevo en un terreno del que durante muchos años no hablábamos.

¿Estaba como prohibido?

Nunca empleábamos la palabra prohibido. Es la regla. Pero era empobrecedor. La primera figura de la moral fundamental en este país, ahora mismo, yo creo que es Marciano Vidal. Y, sin embargo, ya ve lo calladito que está, y su humildad.

Aceptando incluso una llamada al silencio.

Sí, es duro. Para él lo ha sido. Un hombre tan marcadamente maduro, sencillo y humilde que ha sido silenciado por completo. Como Antonio Hortelano, que tenía cosas muy interesantes para el pueblo de Dios que no se van a publicar.

¿Quién ha decidido que no se publique el libro del Padre Hortelano?

La censura existe. También dentro de las congregaciones, diócesis, Iglesia y Vaticano. No parecía oportuno que se publicara el libro. Ya sabes que Antonio Hortelano fue también una gran figura del campo de la moral. Un hombre que quizás tendría que haber nacido en el 3000. Una de estas personas singulares.

Y agente secreto del Vaticano, muy relacionado con el Mossad, hasta el KGB le estuvo rondando, la CIA le quiso fichar… Una vida de novela.

Antonio Hortelano no ha sido un díscolo. Tú le viste ya cercano a la muerte.

Sí, pero con una aceptación de la muerte impresionante. «Me voy al Padre», decía. Parecía un santo.

Sí. Y así vivió.

Hablemos de su profesión de psiquiatra: ¿Cómo está la salud metal de la sociedad española?

Tendríamos que distinguir entre los grandes cuadros (los heavy, que yo ya no diagnostico, porque es una palabra que se ha cargado de un contenido de incurabilidad que puede hacer daño) de los otros. Grandes cuadros son, por ejemplo, la esquizofrenia, los cuadros bipolares, que a veces se confunden con los sicóticos, las epilepsias, los fenómenos degenerativos como el alzheimer, etc. Estos no tienen repercusión en nuestra cultura.

¿Somos más o menos mentalmente sanos que otras sociedades de nuestro entorno?

Leí ayer que le hacían a mi amigo Rojas Marcos la pregunta de si las depresiones habían aumentado. Y él contestaba de una manera un poco ambigua: «Yo creo que la diagnosticamos mejor».
Yo aquí no le voy a corregir, porque no soy quién, pero pienso contundentemente que sí han aumentado. Por los nuevos condicionamientos de cultura, que es justamente sobre lo que estoy investigando. (En mis inicios de sociólogo investigador recurrí, por cierto, al cardenal don Ángel Herrera Oria, que es mi padre espiritual).
Hay quienes creen que las depresiones tienen base orgánica, como todas las enfermedades: parkinson, diabetes… Dirán que la depresión se produce por falta de serotonina. Pero yo, en la psiquiatría, soy de los que milito en la idea de que siempre hay que tener mucho respeto -respeto sacro- cuando se acerca uno a la inabarcabilidad de lo humano. El hombre no es el microcosmos del macrocosmos. Es el macrocosmos del microcosmos. Por eso, a mí las cifras me parecen insoportables. Lo primero de todo normalmente es analizar la parte biológica, luego, la psique. Si tampoco allí se hallan respuestas, se va a la parte sociogénica, porque no somos Robinson.

Vivimos en sociedad.

Claro, interaccionamos. Y los factores sociogénicos actúan muchas veces más que los biológicos o psicológicos. El hombre nuevo ha sido sometido en espacio de 30 años a una aceleración increíble en la evolución de la historia, a tal grado de estímulo, que la capacidad de recuperación del equilibrio se ha perdido. Aunque yo estoy seguro de que nos vamos a adaptar. Pero con esto tienen que ver los trastornos de tipo depresivo.

Usted se dedicó muchos años a curar, en un ámbito muy específico: el religioso. Fue usted un sanador de conciencias, un liberador de almas. ¿Cómo está la salud metal de los religiosos, hombres y mujeres?

El clero ha recibido muchísima crítica, por la pedofilia, por ejemplo. Hace poco, nuestro queridísimo Santo Padre salía en portada en un diario de tirada nacional hablando del tema. Esto hace pensar en un clero corrupto. Pero es que el clero ha sufrido igual que todos los grupos sociales la desintegración de la familia. ¿Es que conoce usted algún caso de divorcio en la generación de sus abuelos, de mis padres…? Yo no. El clero no es un grupo cerrado, y esto nos afecta igual que al resto. Las cosas se filtran incluso al mundo monacal, en todos los estamentos. El clero no deja de ser una criatura más inmersa en un proceso histórico. Y lo que ha sufrido el clero es la desintegración. Para eso está el magisterio de la Iglesia, por ejemplo, para poder actuar y adaptarse a los signos de los nuevos tiempos, que tanto se pidió en el Vaticano II.

¿Es verdad que algunas monjas, al llegar al final de su vida, se deprimen más que las personas laicas de su edad o entorno? Que echan la vista atrás y se encuentran sin maternidad, sin hijos, sin nadie…

No. Lo contrario. Recordarás a las hermanas contemplativas, de clausura. Aquello parecía un zoológico, como si estuvieran allí enclaustradas. Sonaba a pánfilas. Entonces, dijeron «de vida consagrada», una expresión que casi ralla lo cursi. El caso es que las religiosas de clausura han sufrido el fenómeno que estábamos comentando. Cuando no había movilidad social, entraban sin ningún problema: allí vivían y allí morían. Se produjeron cambios, hubo salidas… pero las que quedan, las coherentes, no experimentan fenómenos depresivos. En absoluto.

¿O sea que hay gente tan feliz dentro de la vida religiosa como fuera? ¿No es cierto el tópico de que es más feliz el que tiene una familia, un hijo; el que deja memoria y herencia?

La experiencia que yo tengo de la felicidad propia y de la ajena, ya que he dedicado toda mi vida a los demás y al estudio del hombre, y no tengo otro hobby más que el hombre, es (y voy a saltarme la regla redentorista) que yo, cuando más feliz he sido, es cuando he estado en auténtica contemplación en el noviciado.
Yo pasaba 7 horas hincado de rodillas, que hasta se me hacía hematoma y tenían que sacarme la acumulación con una jeringa. El que haya tenido una experiencia contemplativa (no me atrevo a emplear la palabra mística), sepa que eso no tiene parangón con nada de este mundo. Teresa de Jesús no es idiota. San Juan de la Cruz no es idiota. Decían que era agnóstico, que, según Ortega y Gasset, es la palabra más estúpida que se puede utilizar, pues, según el prefijo latino, significa negarse a conocer. Me niego a conocer. ¡Qué estupidez la actitud de un hombre que se niega a conocer!
A Juan Ramón Jiménez le dijo un periodista de Palos de Moguer: «Le han dado a usted el Premio Nóbel». Y dijo el bueno de Juan Ramón: «Eso parece, eso parece». Y preguntó el periodista: «De todas las poesías que usted se sabe, ¿con cuál se quedaría?». Y dijo Juan Ramón: «De lo poquito que yo sé, no tengo ninguna duda: Me quedaría con La noche oscura de San Juan de la Cruz». San Juan de la Cruz no la tituló así, sino Del alma que se jacta (que se huelga) de conocer a Dios a través de la oscuridad de la fe. Ese es el título de San Juan de la Cruz. Esta anécdota de Juan Ramón Jiménez se la conté un día a mi amigo José María, paseando por la bahía de Cádiz. Y me dijo: «Yo creo que todos los poetas diríamos lo mismo. Desde luego, de todo el elenco poético que yo conozco, no hay comparación posible».

¿O sea que sentir bien la experiencia ascética o mística es más importante que la soledad o la carencia de una familia biológica?

Está claro. Yo tengo 5 hermanos, me marché el primero a la vida religiosa, he estado 14 años sin visitar mi casa… Pero yo tuve la suerte de tener un magnífico elenco de profesores, magníficos maestros del espíritu y acompañantes, genios de la metafísica y la teología, la exégesis… Imagínate: Bernard Häring, maestro de la moral del siglo XX. Y controvertido, el padre Häring.

Sin embargo, la gente ve que hay religiosos que buscan sus escapatorias. ¿Hay mucho alcoholismo entre el clero, por ejemplo? En Francia había unas clínicas especializadas para los curas con dependencias… ¿Aquí, no?

Yo conozco mucho al clero francés, y también al inglés (anglicano), además de la Iglesia Católica, y puedo decir que no hay más alcoholismo que en la población normal. Diría que menos, a pesar de los cambios de los últimos 20 o 30 años.

¿Y lo mismo podemos decir, entonces, de la pederastia y la pedofilia?

En 1954 yo entré en la vida religiosa. Me fui a un noviciado cerca de Irún (Bilbao), al monasterio de Nuestra Señora del Espino (una joya). Imagínese la pobreza del año 54: todavía había hambre, en el máximo sentido de la palabra. Y en el ámbito religioso se vivía con pobreza, no por la austeridad de la regla, sino porque de verdad no había más que una sopa de ajo para desayunar todo el año. Los redentoristas no teníamos colegio de enseñanza secundaria, por aplicación del carisma (aquí sí se emplea, por cierto, bien la palabra carisma, y no cuando decimos que el señor Rajoy no tiene carisma -lo cual, por cierto, me disgusta profundamente, porque lo conozco y creo que es un hombre magnífico y bueno, que está conteniéndose para no crisparse-).
Yo he escrito mucho sobre los redentoristas, y no he notado la más mínima muestra de lo que yo llamo homosexualidad sustitutoria. Ellos son misioneros y están en contacto con el pueblo. Y el pueblo se compone de niños, de adolescentes, de mujeres, de varones y de ancianos. Y ya digo que no hay casos de homosexualidad sustitutoria.

Sorprende, conociendo los internados de hace años

Estos colegios no tenían ni siquiera contacto con las madres de los niños, y todo el que haya tenido la experiencia militar, o como marino, o quien haya estado interno -preso- en establecimientos penitenciarios, sabe perfectamente que, aun siendo ellos completamente heterosexuales, se producen fenómenos sustitutorios ante personas que tienen menos acentuados los caracteres sexuales secundarios de varón (los niños). Y esto es un fenómeno que desaparece en cuanto el sujeto, el profesor, es colocado en la sociedad normal. En este sentido se podría decir que, dado los condicionamientos, la homosexualidad sustitutoria pudo ser mayor entre los curas que entre la población normal. La pedofilia efectivamente se ha dado, pero lo que ha pasado con el mundo americano, o en Irlanda, es tan distinto y tan difícil de comprender… En igualdad de circunstancias, no es comparable la compulsión homotrópica de un homosexual con la de un heterosexual. Es mucho más tirana la de un homosexual.

¿Más difícil de controlar?

Incomparablemente.

¿Y la Iglesia no actuaba con entrañas de misericordia? ¿No entendía el fenómeno?

No. Aunque también había sacerdotes magníficos, con una madurez enorme, que lo aceptaban. Hubo un psicólogo que dijo: «Sólo he tenido en mi vida un paciente cristiano católico. Y lo comprendo: ellos han tenido sus terapeutas en los confesionarios». Sacerdotes de esos, con capacidad de comprensión, antes había. Grandes confesores.

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«En el clero hay menos alcohólicos que en la población normal»

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«Hay que tener respeto sacro para acercarse a la inabarcabilidad de lo humano»

«Seré redentorista hasta la muerte»

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