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"En las cofradías habría que disminuir la búsqueda del brillo social"

Asenjo: «Hay una campaña orquestada de desprestigio de la Iglesia»

"Mucha gente come y cena gracias a la Iglesia"

Redacción 27 Mar 2010 - 10:18 CET
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Libre ya de las obligaciones pastorales en Córdoba, el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, vive su primera Semana Santa al frente de la diócesis. El prelado define a los sevillanos como «buenos, acogedores, generosos y cordiales», alaba su profunda espiritualidad y pide a las cofradías que disminuyan «la intensidad de algunos aspectos formales, estéticos o culturales y también la búsqueda del brillo social». Lo entrevista Carlos Navarro Antolín en Diario de Sevilla.

-Lleva ya más de un año en Sevilla. ¿Cómo define al sevillano tras esta primera etapa en la ciudad y cómo se define usted a sí mismo?

-No me atrevo todavía a definir al sevillano. Hasta antes de ayer he estado compartiendo mi servicio con la diócesis de Córdoba, por lo que mi dedicación a Sevilla no ha sido exclusiva. No obstante, todas las experiencias que he tenido hasta ahora con los sevillanos son positivas. Me siento bien acogido. Creo que los sevillanos son buenos, acogedores, generosos y cordiales. En cuanto a mí, soy ante todo un pastor de la Iglesia, un sacerdote, un obispo, que viene a seguir anunciando a Jesucristo en esta tierra y a servir a sus hermanos, muy especialmente a los pobres.

-¿Le parece Sevilla una ciudad habitable, una ciudad cómoda para vivir?

-Bueno, pues… No es Córdoba. Y perdón porque hable tanto de Córdoba, que es más recogidita y manejable, más humana todavía que Sevilla. Sevilla ya va siendo una gran ciudad. Pero, vamos, yo me siento cómodo en Sevilla, una ciudad que me resulta verdaderamente hermosa y de la que admiro la belleza de su casco histórico y de tantísimos monumentos esplendorosos, tanto religiosos como civiles.

-¿Cómo ha encontrado el grado de espiritualidad de los sevillanos?

-Sevilla es una diócesis profundamente religiosa, en la que tiene un peso muy intenso y extenso la religiosidad popular, la llamada piedad popular, el mundo de las hermandades y cofradías. Ciertamente, este mundo tiene algunas cosas que deberían purificarse, pero tiene otras muchas, la mayor parte, muy estimables, como cauce de evangelización y de vida cristiana, de formación, de amor a Jesucristo y a la Iglesia, de apostolado y de servicio a los pobres. Con todo, la diócesis de Sevilla no son sólo sus hermandades y cofradías. Hay, gracias a Dios, otras muchas realidades pastorales y apostólicas muy vivas y que son fuente de profunda esperanza para mí como pastor.

-¿Y qué es lo que conviene purificar en el mundo de las cofradías?

-Tal vez convendría disminuir la intensidad de algunos aspectos formales, estéticos o culturales y también la búsqueda del brillo social, para subrayar más su dimensión estrictamente religiosa y espiritual.

-¿Qué se puede hacer en una sociedad como la actual para aumentar el número de vocaciones?

-Hay un camino infalible que consiste en mejorar la calidad de la pastoral juvenil y de la pastoral familiar, y después trabajar y orar, pidiendo al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

-¿Es posible alcanzar la plena autofinanciación de la Iglesia?

-La Iglesia ya se está autofinanciando, incluyendo en dicha autofinanciación la ayuda que recibe de los fieles, y no del Estado, a través de la asignación tributaria. De todas formas, esta cantidad representa sólo el 25 % de los presupuestos de la Iglesia. El resto viene también de los fieles por otros caminos. Con ello retribuimos modestamente a los sacerdotes, mantenemos la curia y el seminario, construimos nuevos templos, conservamos el patrimonio artístico y servimos a los pobres.

-¿Qué le rebela de la sociedad actual?

-Me preocupa la secularización que lo envuelve y lo penetra todo y la desaparición de Dios del horizonte de la vida diaria de muchos de nuestros conciudadanos. Me duele también el sufrimiento de tantas familias que en estos momentos padecen agudamente los efectos de la crisis económica.

-¿Entraña riesgos para la Iglesia la dependencia de la Junta de Andalucía para restaurar tantos templos que son monumentos histórico-artísticos y propiedad de la Iglesia de Sevilla?

-Yo desearía que esto no supusiera ninguna hipoteca. Cuando la Junta de Andalucía restaura algunos de nuestros templos está sirviendo al bien común, porque si es cierto que la propiedad de los templos es formalmente del Arzobispado, en realidad todos esos bienes son de nuestro pueblo, que los ha creado y al que sirven. La ayuda de la Junta no debe suponer ni hipotecas, ni endeudamientos ni mermas de nuestra libertad.

-¿Comparte la percepción de que Sevilla ha perdido peso específico en el mapa nacional respecto a ciudades como Málaga y Valencia?

-No puedo opinar todavía sobre esta cuestión. No tengo el conocimiento suficiente. De Andalucía conozco muy bien Córdoba, pero apenas conozco Málaga o Valencia. No quisiera ofrecer una respuesta frívola.

-¿Qué valoración le merecen tanto los últimos casos de pedofilia en el seno de la Iglesia católica como la respuesta de condena que ha ofrecido el papa Benedicto XVI?

-La valoración, como es natural, es muy negativa. La aparición de estos casos es una desgracia enorme para la Iglesia. Tengo la impresión de que la Iglesia en el pasado no ha actuado con la suficiente contundencia, apartando del ministerio a los culpables y protegiendo a las víctimas. Los casos que van aflorando se refieren a los últimos cincuenta años y son verdaderamente escandalosos y repugnantes. Yo me solidarizo con el mensaje de consternación y de repulsa del Papa en su carta a los católicos de Irlanda, y creo que hay que hacer todo lo posible para eliminar esta lacra de la vida de la Iglesia. Dicho esto, quiero decir también que en estos momentos hay quienes están aprovechando unos pocos casos para organizar en Europa una campaña, perfectamente orquestada, de desprestigio de la Iglesia, cuando realmente los casos que se han producido en su seno no dejan de ser episódicos, silenciando otros que afectan a otras instancias e instituciones. Esta mañana he leído que en Alemania se han producido más de 200.000 casos de pedofilia desde 1995, de los cuales 90 afectan a miembros de la Iglesia, y a su vez de éstos solamente 30 han acarreado una condena judicial.

-¿Le pareció suficiente la reacción del pueblo de Sevilla contra el aborto en la reciente manifestación en la Plaza Nueva o se esperaba una muestra de apoyo mucho más importante?

-Comprendo a los grupos que se manifiestan en contra del aborto. El hecho de que esta práctica repulsiva tenga en estos momentos marchamo legal no quiere decir que sea moral. No todo lo legal es moral. El aborto es, en definitiva, la eliminación de la vida de un ser humano por la decisión libre y voluntaria de sus padres, que serían los primeros obligados a proteger esa vida. Es un crimen abominable, como lo calificara el Concilio Vaticano II. Los católicos nos oponemos al aborto por las mismas razones que nos oponemos a la tortura. Ésta es la actitud verdaderamente progresista.

-¿Cuáles son los retos actuales de la Iglesia de Sevilla?

-La pastoral de las vocaciones, para atender nuestra propias necesidades pastorales y las de otras iglesias cercanas o lejanas; la pastoral juvenil, que debe crecer en hondura y en extensión; la pastoral de la familia y de la vida, ante la crisis pavorosa de la institución familiar, las crecientes rupturas matrimoniales como consecuencia del divorcio exprés, y la realidad dramática del aborto; el apoyo al apostolado seglar, pues como nos dijera el papa Juan Pablo II, la evangelización del siglo XXI o la hacen los laicos o no se hará; y en esta coyuntura, la potenciación de las Cáritas parroquiales para servir mejor a los pobres. Por mi parte, quisiera estar muy cerca de los sacerdotes como padre, hermano y amigo, pues si los sacerdotes viven con ilusión y en plenitud su ministerio, la Archidiócesis de Sevilla funcionará y producirá frutos.

-Ha hecho referencia a la crisis de la familia y al elevado número de divorcios. Francisco Serrano, juez de Familia, asevera con rotundidad que la primera causa de divorcio en España consiste simple y llanamente en que los cónyuges no se aguantan entre ellos. ¿Está usted de acuerdo con esta apreciación?

-Es posible. Yo creo que muchos jóvenes no se preparan como sería deseable para el matrimonio. Por otra parte la pérdida de los valores religiosos y el debilitamiento de los valores morales hace que para muchas parejas no signifiquen nada palabras como sacrificio, abnegación, entrega, donación, gratuidad, etcétera. Sin ellas, el amor termina por asfixiarse y, en ese clima, es predecible la ruptura, en nuestro caso favorecida por las leyes.

-¿Está la Iglesia reaccionando bien ante la crisis o se le exige demasiado desde los poderes públicos y desde las asociaciones de todo tipo?

-La Iglesia es la última puerta a la que llama la gente cuando está desesperada o no ha sido escuchada en otras instancias. La labor que está realizando la Iglesia es encomiable. Tengo que destacar el papel fundamental que están desarrollando las Cáritas y las parroquias, muchas órdenes de religiosos y también las hermandades y cofradías, ayudando a miles de personas en exclusión o próximas a ella. Mucha gente come y cena gracias a la Iglesia. Creo que la Iglesia está cumpliendo con creces en esta coyuntura.

-Las capitales andaluzas han salido en los telediarios días atrás por las grandes concentraciones de jóvenes con motivo de las ‘macrobotellonas’ de celebración de inicio de la primavera. ¿Cree que son esas imágenes una foto real de la juventud actual?

-Quiero creer que no; quiero pensar que hay otra juventud. Conozco a muchos jóvenes comprometidos, responsables, que tratan de vivir su vida de fe con autenticidad. Me los encuentro en los grupos diocesanos o parroquiales, en los grupos apostólicos de los religiosos y en las hermandades, a las que pido siempre que me es posible que cuiden, formen y acompañen a los jóvenes cofrades.

 

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