(José Manuel Vidal).- Cátaros modernos, unos cuantos ultracatólicos españoles se han erigido en la moderna Inquisición. Se creen dueños de la Iglesia y únicos depositarios de la «sana» doctrina (la doctrina de los demás está siempre enferma)y se mueven por la Red con el celo de los pequeños Torquemadas en busca de herejes. No dan más de si y tampoco nadie les hace caso, pero ellos siguen en la suya. Lo escudriñan todo, lo leen todo y le aplican las «tablas de su ley». Y el tamiz de sus estrecheces y de su cristianismo ideologizado. Y sin saber teología (¡oh gran desfachatez!), se dedican a repartir anatemas a diestro y a siniestro. Buscadores de herejes, cazadores de la recta doctrina, que pretenden cobrarse piezas. Grandes o pequeñas, qué más da. El caso es cazar. Su tarea es de risa, si no fuera porque ponen en entredicho el honor y la fe de las personas. De creyentes honestos, como Jairo del Agua.
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