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(Cameron Doody).- En declaraciones a la agencia de noticias rusa Interfax, el sociólogo ruso Roman Silantyev -ex secretario ejecutivo del Consejo Interreligioso de Rusia y actual miembro del Departamento de Relaciones con las Iglesias Externas del Patriarcado de Moscú- ha sostenido que los problemas que siguen amenazando a la organización del Concilio panortodoxo que debe celebrarse esta semana se han podido prever por presiones pro-estadounidenses –e incluso pro-islamistas– que se han ejercido sobre el Patriarcado de Constantinopla.
«El Concilio no saldrá adelante, como se podía predecir», dijo Silantyev en esta entrevista. «Es incluso algo bueno que el Patriarcado pro-estadounidense de Constantinopla se haya desacreditado tan eficazmente».
Para el académico Silantyev, la prioridad del patriarca de Constantinopla era justificada en la época en la que el cabeza del imperio ortodoxo reinaba desde esta ciudad. Hoy en día, no obstante, sostiene que «el próximo Concilio debería ser conducido por Moscú, y no Estambul, y lo deberían vertebrar términos normales y no dictatoriales».
«Cuando vemos a Erdogan [en Estambul] –que es un simpatizante de ISIS– en vez de al emperador, la pregunta surge de inmediato: ¿se le debería encargar al patriarcado de Constantinopla el trabajo tan delicado de la consolidación de los cristianos ortodoxos?», se preguntaba Silantyev. «Yo, personalmente, tengo mis dudas».
El sociólogo declaró además que, después de que Rusia haya llamado a que el Concilio se aplace -y en caso de que esta Iglesia no forme parte, finalmente del mismo- «Constantinopla jugará la carta de Ucrania, cuyas autoridades han estado buscando durante muchos años la separación de la Iglesia ortodoxa ucraniana del patriarcado de Moscú y la creación de una Iglesia local, incluso con la ayuda del patriarcado de Constantinopla».

La fragmentación de las ortodoxias nacionales
Las teorías que expresó Silantyev en sus declaraciones a Interfax concordarían, o por lo menos parcialmente, con las explicaciones por los fracasos del Concilio que ha dado al Vatican Insider Andrea Riccardi, el historiador y fundador de la Comunidad de Sant’Egidio.
En esencia, Riccardi sostiene que la decisión de la Iglesia rusa de pedir que el Concilio se postergue o, -en caso de que este retraso no se produzca-, de no participar de ninguna manera en el encuentro «es una decisión que expresa y plasma la fragmentación de los ortodoxos encerrados en sus fronteras nacionales«.
A diferencia del patriarca Bartolomeo, prosigue Riccardi -«que quiere dar un nuevo impulso a la misión de la ortodoxia en el mundo, confrontándose con los problemas del mundo y enseñando el rostro de una Iglesia unida» -la Iglesia rusa «sigue pensando en términos de fronteras ‘imperiales’ y dirigen sus miradas al confín de su gran país». Puede que este nacionalismo que describe Riccardi explique la actitud de Silantyev, pero en tanto que dure la tensión entre las dos Iglesias más grandes de la ortodoxia –y a media que se endurezcan las acusaciones– más correrá el riesgo de que se empeoren las relaciones entre ambas.

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