(C.D./Aica).- Acogida, respeto, fraternidad y cohesión social. Ante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas que disputarán Emmanuel Macron y Marine Le Pen, los obispos franceses quieren que los votantes tengan estos valores en mente cuando acudan a las urnas el próximo 7 de mayo, si bien es cierto que no piden el voto ni para uno ni para otro candidato.
Búsqueda del bien común, atención a las franjas más débiles de la población, acogida e integración de los migrantes, adhesión al proyecto europeo y empeño ecológico. Para los obispos galos, estos son los puntos que deben caracterizar la labor del nuevo presidente del país, enumerados por el secretario general de la Conferencia episcopal francesa, monseñor Olivier Ribadeau Dumas.
Monseñor Dumas recuerda que la Iglesia nunca pide «votar por uno u otro candidato, sino, recordando la puesta en juego de las elecciones, desea dar elementos de reflexión y discernimiento».
Teniendo en cuenta que la elección presidencial es un proceso democrático que continuará en junio en el poder Legislativo y en el Senado en septiembre, el prelado francés señala que hay otras formas de participación democrática, democracia local, asociativa y participación ciudadana en la vida social.
«Que nuestra sociedad no se transforme en una sociedad violenta», es el primer llamado de los obispos franceses, quienes exhortan firmemente a los candidatos a favorecer «un verdadero debate nacional» y a que se abstengan «de actitudes agresivas, eslóganes efectistas y ambiciones personales». En este debate, señala el secretario general del episcopado francés «el hecho religioso y las religiones en particular tienen un lugar y papel importante».
Monseñor Dumas invita a preguntarse: ¿Qué sociedad queremos? ¿Qué proyecto de sociedad aspiramos? ¿Creemos en una sociedad donde el ser humano no es más que una pieza del proceso económico o tecnológico? ¿La dignidad de nuestra empresa reconoce el respeto de la persona desde el comienzo de la vida hasta su fin natural?
El prelado señala que es apoyándose en la familia, donde se puede ir cambiando hacia un tejido social de acogida, respeto, filiación y cohesión social. Donde la solidaridad se manifieste con valentía en las políticas de acogida de los migrantes y puestas en práctica de programas de apoyo genuinos y subsidiariedad.
Por último monseñor Dumas recuerda que «nuestra fe cristiana nos llama a la esperanza» y que las dificultades que enfrentan no pueden hacernos renunciar sino más bien invitan a «revertir todas nuestras capacidades para construir un mundo más justo, más fraterno en su diversidad y respetuoso de todos».

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