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Centroáfrica sigue en estado de shock tras la matanza en la parroquia de Fátima

Nzapalainga: «Llamo a la serenidad, a que todos nos controlemos para evitar la ira, la venganza y las represalias»

"¿Ha habido manipulación, hay una intención de dividir el país? ¿Hay una agenda oculta?"

03 May 2018 - 18:33 CET
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(Fides).- «Recuerdo a nuestros hermanos y hermanas que ya no están con nosotros y expreso mis condolencias a sus familias. Estoy espiritualmente cerca de las personas heridas», aseguró el cardenal Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, a su regreso en la República Centroafricana.

El país se encuentra todavía en estado de shock por la matanza de la parroquia de Notre Dame de Fatima perpetrada el 1 de mayo. Como consecuencia del ataque, según los últimos datos, hay que lamentar 24 muertos y 170 heridos. Entre los muertos hay también un sacerdote muy querido, el padre Albert Toungoumale-Baba.

«La violencia no es la solución a nuestros problemas», reiteró el cardenal. «Por esta razón, condeno enérgicamente lo que sucedió en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima. Hago un llamamiento al gobierno y a la MINUSCA (Misión de las Naciones Unidas en África Central) para esclarecer los hechos. Es decir, que se sepa la verdad y que haya justicia para la población centroafricana», insiste el cardenal. «A la luz de estos hechos, me pregunto: ¿qué está pasando?, ¿ha habido manipulación, instrumentalización?, ¿Hay una intención de dividir el país?, ¿hay una agenda oculta? Busquemos juntos las respuestas a estas preguntas».

 

 

El cardenal se mostró con la esperanza de que «en situaciones difíciles como esta, surjan héroes, -porque no dudo de que existan héroes en la República Centroafricana-, que se unan para decir «no» a la violencia, «no» a la barbarie, «no» a la autodestrucción. Por tanto, hago un llamamiento a todos los grupos políticos, administrativos y religiosos, sin distinción, para que condenemos juntos lo sucedido. Al mismo tiempo, recuerdo a todos los creyentes que en el momento de la prueba debemos confiar en Dios, quien nos ha dado la paz de Cristo. Llamo a la serenidad, a que todos nos controlemos para evitar la ira, el odio, la venganza y las represalias».

«Le pido a Cristo, Príncipe de la Paz, que toque los corazones de unos y otrso para que se conviertan, depongan las armas y se miren a los ojos. Que María, Reina de la Paz, bendiga a nuestro país», concluyó el cardenal.

 

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