(José Manuel Vidal, Roma).- Ya está en los altares. Tras la apoteosis de ayer (aquí se habla de millón y medio de personas en la beatificación), hoy el cardenal Bertone celebra una eucaristía de acción de gracias. La resaca del beato. La Iglesia ha empeñado su palabra y asegura que el Papa Juan Pablo II está en el paraíso. Es beato y, por lo tanto, se le puede rendir culto. El Papa Wojtyla está salvado y a salvo de cualquier sospecha o de cualquier responsabilidad pasada, presente o futura.
Llegó a los altares (en su primer escalón, aunque pronto conseguirá la meta final de la canonización) demasiado «súbito». Y perseguido por manchas de calado en su historial de Papa Magno, con un pontificado repleto de luces y también de sombras, como corresponde a toda obra humana.
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