(L’Osservatore).- El cierre de fronteras no es una respuesta a la inmigración clandestina porque favorece el contrabando y la trata de personas. Lo recalca el cardenal Antonio María Vegliò, presidente del Consejo pontificio para la pastoral de inmigrantes e itinerantes, invitando a buscar soluciones que tengan en cuenta las «diversas necesidades» y el «respeto de los derechos» de las personas implicadas, en particular los más débiles.
En esta entrevista de nuestro periódico -en vísperas de la Jornada mundial del emigrante y del refugiado, que se celebra el domingo 13 de enero- el purpurado denuncia también la dramática situación de los refugiados de Siria, cuyo número ya elevado (más de medio millón) está destinado a duplicarse en pocos meses.
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