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Concluye la histórica visita de Bergoglio a la cuna del “pañero de Asís”

Francisco, “instrumento de la paz”, de Asís al mundo… pasando por Lampedusa

El Papa vuelve a reivindicar una Iglesia pobre, alegre y comprometida con un mundo nuevo

Jesús Bastante 04 Oct 2013 - 19:41 CET
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(Jesús Bastante).- La última etapa de la histórica y maratoniana visita de Francisco a Asís le llevó, como no podía ser de otro modo, al Tugurio de Rivotorto, el lugar donde «El Pañero de Asís» construyó su primera choza, donde vivieron los primeros hermanos, donde se redactó la primera Regla de los hermanos menores. Hasta allí llevó Bergoglio el mensaje de una Iglesia pobre, abierta, que se enternece y se alegra, que apuesta por la reconciliación y el amor como remedio a un mundo que sufre. Pero donde late la esperanza.

Ya era de noche, y unos niños aguardaban al Papa sujetando varias palomas de la paz. Y es que Asís, y es que este «tugurio» medieval no es sino la cuna de la paz, de la reivindicación de las religiones como «instrumentos» de unidad y construcción. El «repara mi Iglesia» de Francisco, asumido por Bergoglio, puede convertirse en un «repara mi mundo en ruinas».

Tras visitar la choza de la primera comunidad franciscana, y observar junto al nuevo general de la orden una serie de dibujos que los niños de Asís habían preparado para él, el Papa se dirigió de nuevo al jeep, pero antes se detuvo para bendecir y abrazar a varias señoras en sillas de ruedas, niños y jóvenes que, como a lo largo de todo el día, se desgañitaban gritando «¡¡Francesco!!». Sin duda, un día un especial. Para el Papa y para Asís.

El primer Francisco que accede al Pontificado no tenía prisa por abandonar la que, sin duda, será «cuna espiritual» de su mandato. No hubo mano que se quedara sin tocar, bebé sin bendecir, sonrisa que devolver. El cansancio, que se notaba en el rostro del Papa durante la mañana -mezclado por el triste recuerdo de la tragedia en Lampedusa– desapareció a medida que Francisco se dirigía a los franciscanos, las clarisas, los jóvenes y a la multitud que multiplicó por treinta la población de la localidad de Umbría donde, hace ahora ocho siglos, un hombre quiso parecerse a Jesús y dedicarse a los más pobres de entre los pobres.

El testigo del hombre de Asís, del «instrumento de la paz», fue tomado hoy por Bergoglio. Francisco visitó a Francisco. Y la esperanza de un mundo nuevo parece seguir tomando forma. Desde Asís al mundo, pasando por las lágrimas de Lampedusa.

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