Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

"El matrimonio es un viaje difícil y, a veces, conflictivo, como la vida"

Papa a los novios: «Os deseo a todos vosotros un bello camino, un camino fecundo»

"Es normal que los esposos discutan. No terminéis nunca el día sin hacer las paces"

José Manuel Vidal 14 Sep 2014 - 08:40 CET
Archivado en:

(José M. Vidal).- Una madre soltera, novios que llevan años conviviendo sin haber pasado por el altar, jóvenes desempleados y todo tipo de contrayentes. Lo hace realmente especiales a esas 20 parejas que hoy domingo se convirtieron en marido y mujer es que los casó Francisco, en los primeros matrimonios que celebra desde que hace un año y medio fuera elegido Papa.

Bodas en la Basílica de San Pedro. Con novias radiantes y emocionadas. Se respira aire de fiesta y de novedad en el Vaticano. Donde siempre se han ordenado sacerdotes y obispos, hoy se casan parejas de novios.

Tras la procesión de entrada, el Papa da inicio a los ritos del matrimonio.

Primera lectura del libro de los Números.
Salmo responsorial 77: «No olvidéis las obras del Señor»
Segunda lectura de San Pablo a los Filipenses
El Evangelio de Juan: «Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo»

Algunas frases de la homilía del Papa

«Camino del pueblo en el desierto…Eran sobre todo familias. Hombres y mujeres de toda edad. Muchos niños…»

«Este pueblo hace pensar a la Iglesia en camino en el desierto del mundo de hoy»

«Y nos hace pensar en nuestras familias»

«Es incalculable la carga de humanidad que hay en una familia»

«Las familias son el primer lugar en el que nos formamos como personas y los ladrillos para la construcción de la sociedad»

«Es la tentación de volver atrás, de abandonar el camino»

«Pienso en las parejas de esposos que no soportan el viaje»

«Pierden el gusto del matrimonio»

«La vida cotidiana se torna pesada»

«Dios no elimina las serpientes, pero ofrece un antídoto»

«Dios transmite su fuerza de curación y su misericordia más fuerte que el veneno del tentador»


«El amor de Cristo puede restituir a los esposos la alegría de caminar juntos»

«El matrimonio es el camino conjunto de un hombre y de una mujer»

«La obligación del hombre de ayudar a su mujer a ser más mujer y de la mujer al hombre a ser más hombre».

«Un viaje difícil y, a veces, conflictivo, como la vida»

«Un pequeño consejo: Es normal que los esposos discutan. Siempre se hace. No terminéis nunca el día sin hacer las paces. Es suficiente un pequeño gesto y, así, se continúa el camino»

«EL matrimonio es el sacramento del amor»

«Os deseo a todos vosotros un bello camino, un camino fecundo, que el amor crezca»

«Os deseo felicidad. Habrá cruces, pero siempre está el Señor allí, para ayudaros a segur adelante»

«Que el Señor os bendiga»



Texto de la Homilía del Santo Padre Francisco en la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, durante la Santa Misa celebrada en la Basílica de San Pedro con el rito del Matrimonio

La prima Lectura nos habla del camino del pueblo en el desierto. Pensemos en aquella gente en marcha, siguiendo a Moisés; eran sobre todo familias: padres, madres, hijos, abuelos; hombres y mujeres de todas las edades, muchos niños, con los ancianos que avanzaban con dificultad… Este pueblo nos lleva a pensar en la Iglesia en camino por el desierto del mundo actual, en el Pueblo de Dios, compuesto en su mayor parte por familias.

Y nos hace pensar también en las familias, nuestras familias, en camino por los derroteros de la vida, por las vicisitudes de cada día… Es incalculable la fuerza, la carga de humanidad que hay en una familia: la ayuda mutua, la educación de los hijos, las relaciones que maduran a medida que crecen las personas, las alegrías y las dificultades compartidas… Las familias son el primer lugar en que nos formamos como personas y, al mismo tiempo, son los «adobes» para la construcción de la sociedad.

Volvamos al texto bíblico. En un momento dado, «el pueblo estaba extenuado del camino» (Nm 21, 4). Estaban cansados, no tenían agua y comían sólo «maná», un alimento milagroso, dado por Dios, pero que, en aquel momento de crisis, les parecía demasiado poco. Y entonces se quejaron y protestaron contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos habéis sacado…?» (Cf. Nm 21,5). Es la tentación de volver atrás, de abandonar el camino.

Esto me lleva a pensar en las parejas de esposos que «se sienten extenuadas del camino» de la vida conyugal y familiar. El cansancio del camino se convierte en agotamiento interior; pierden el gusto del Matrimonio, no encuentran ya en el Sacramento la fuente de agua. La vida cotidiana se hace pesada, «da náusea».


En ese momento de desorientación – dice la Biblia – llegaron serpientes venenosas que mordían a la gente, y muchos murieron. Esto provocó el arrepentimiento del pueblo, que pidió perdón a Moisés y le suplicó que rogase al Señor que apartase las serpientes. Moisés rezó al Señor y Él dio el remedio: una serpiente de bronce sobre un estandarte; quien la mire, quedará sano del veneno mortal de las serpientes.

¿Qué significa este símbolo? Dios no acaba con las serpientes, sino que da un «antídoto»: mediante esa serpiente de bronce, hecha por Moisés, Dios comunica su fuerza de curación, que es su misericordia, más fuerte que el veneno del tentador.

Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, se identificó con este símbolo: el Padre, por amor, lo ha «entregado» a Él, el Hijo Unigénito, a los hombres para que tengan vida (Cf. Jn 3,13-17); y este amor inmenso del Padre lleva al Hijo a hacerse hombre, a hacerse siervo, a morir por nosotros y a morir en una cruz; por eso el Padre lo ha resucitado y le ha dado poder sobre todo el universo. Así se expresa el himno de la Carta de San Pablo a los Filipenses (2,6-11). Quien confía en Jesús crucificado recibe la misericordia de Dios que cura del veneno mortal del pecado.


El remedio que Dios da al pueblo vale también, especialmente, para los esposos que, «extenuados del camino», sienten la tentación del desánimo, de la infidelidad, de mirar atrás, del abandono… También a ellos Dios Padre les entrega a su Hijo Jesús, no para condenarlos, sino para salvarlos: si confían en Él, los cura con el amor misericordioso que brota de su Cruz, con la fuerza de una gracia que regenera y encauza de nuevo la vida conyugal y familiar.

El amor de Jesús, que ha bendecido y consagrado la unión de los esposos, es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de Cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es el matrimonio: un camino en común de un hombre y una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de ayudar a su marido a ser mejor hombre. Es la reciprocidad de la diferencia. No es un camino llano, sin problemas, no, no sería humano. Es un viaje comprometido, a veces difícil, a veces complicado, pero así es la vida. El matrimonio es símbolo de la vida, de la vida real, no es una «novela». Es sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía.

 


 

Más en Vaticano

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by