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El Papa se alegra del cese de hostilidades en Siria y pide "abrir la puerta al diálogo y la paz"

Francisco reclama a la comunidad internacional «una respuesta coral» al drama de los refugiados

Apuesta por la "irreductible paciencia de Jesús" y afirma que "nunca es tarde para convertirse"

Jesús Bastante 28 Feb 2016 - 12:15 CET
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(Jesús Bastante).- «Mi oración, y la vuestra, tiene siempre presente el drama de los prófugos, que huyen de la guerra y de otras situaciones inhumanas. En particular, en Grecia y otros países que están en primera línea, prestando un generoso socorro que necesita de la colaboración de todas las naciones. Una respuesta coral puede ser eficaz«, clamó el Papa Francisco al término del Angelus de hoy.

Una llamada a la comunidad internacional para que se implique, de una vez por todas, para implementar soluciones al drama de decenas de miles de personas que huyen de la muerte y están encontrando muros, incomprensión, hambre y, lamentablemente, también la muerte a las puertas de Europa.

Junto a este llamamiento, Francisco saludó con «esperanza» la noticia del «cese de hostilidades» en Siria, invitando a todos a orar y trabajar «para que se detenga esta espiral de violencia», se pueda sostener a la población que sufre, «se les ayude y se abra la puerta al diálogo y a la tan anhelada paz».

Antes, en el Angelus, Francisco recordó cómo «todos los días, por desgracia, las crónicas hablan de malas noticias, homicidios, accidentes…». También ocurría en tiempos de Jesús. «Jesús conoce la mentalidad supersticiosa de sus seguidores, y sabe que interpretan ese tipo de eventos de una manera incorrecta», subrayó el Papa, quien afirmó que «piensan que los hombres que mueren de manera cruel es una señal de que Dios les ha castigado por alguna grave ofensa, como diciendo ‘se lo merecían’«.

«Jesús rechaza claramente este punto de vista, porque Dios no permite la tragedia para castigar los pecados, y dice que esas pobres víctimas no eran peores que otros», subrayó el Pontífice, quien insistió en que «hoy en día, y ante eventos trágicos, podemos tener la tentación de descartas la responsabilidad sobre las víctimas, o incluso sobre el mismo Dios».

 

Ante esto, y leyendo el Evangelio, Francisco invita a reflexionar: «¿Qué idea tenemos de Dios? ¿Realmente creemos que Dios es así, o es una proyección, un dios hecho ‘a nuestra imagen y semejanza’?». Frente a ello, «Jesús nos llama a cambiar el corazón, a abandonar el compromiso con el mal, la hipocresía -todos tenemos dentro de nosotros un pequeño trozo de hipocresía – para tomar con decisión el camino del Evangelio».

Por desgracia, señaló el Papa, «cada uno de nosotros se parece mucho a un árbol que, durante años, ha dado muestras de esterilidad. Afortunadamente, Jesús es el campesino que, con paciencia sin límites, pide dejar crecer la higuera estéril un año». Un año de la gracia. «El tiempo del ministerio de Cristo, el tiempo de la Iglesia antes de su retorno glorioso, el tiempo de nuestras vidas, marcada por una serie de ayunos, que se nos ofrece como oportunidades para el arrepentimiento y la salvación. Un tiempo de Año Jubilar de la Misericordia. El de la invencible paciencia de Jesús y su irreductible preocupación por los pecadores«, porque «nunca es demasiado tarde para convertirse nunca, pero debemos hacerlo con urgencia, ahora».

 

 

 

Palabras del Papa tras el rezo del Angelus:

 

«Queridos hermanos y hermanas,

mi oración, y desde luego la de ustedes, tiene siempre presente el drama de los prófugos que huyen de las guerras y de otras situaciones inhumanas. En particular, Grecia y otros países que están primera línea les están dando una ayuda generosa, que requiere la cooperación de todas las naciones. Una respuesta coral puede ser eficaz y distribuir equitativamente los pesos. Por ello es necesario apuntar con decisión y sin reservas a las negociaciones. Al mismo tiempo, he recibido con esperanza la noticia acerca del cese de las hostilidades en Siria, y los invito a todos a rezar para que este resquicio pueda dar alivio a la población sufriente y abra el camino al diálogo y a la paz tan deseada».

Por otra parte el Sucesor de Pedro manifestó su cercanía a las víctimas del ciclón que ha azotado a la población de las islas Fiyi: «También deseo asegurar mi cercanía al pueblo de las Islas Fiyi, duramente azotado por un ciclón devastador. Rezo por las víctimas y por quienes que están comprometidos con las operaciones de socorro».

Por último, el saludo del Papa a todos los peregrinos de Roma, Italia y de diversos países; como a los fieles de Gdansk, a los indígenas de Biafra, a los estudiantes de Zaragoza, Huelva, Córdoba y Zafra, a los jóvenes de Formentera y los fieles de Jaén. También a los grupos de polacos residentes en Italia; a los fieles de Cascia, Desenzano del Garda, Vicenza, de Castiglione d’Adda y Rocca di Neto, y a los numerosos jóvenes de la Tendopoli de San Gabriel de la Dolorosa; a los chicos de los Oratorios de Rho, Cornaredo y Pero, y a los de Buccinasco, como a la Escuela delle Suore Dimesse di Maria Immacolata de Padua, y al grupo presente en la plaza de san Pedro con motivo del «Día de las Enfermedades Raras», a cuyas asociaciones de ayuda mutua, el pontífice dirigió su especial oración y aliento.

«Les deseo a todos un buen domingo», concluyó, «no se olviden, por favor, de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!»

 

 

 

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