(Jesús Bastante).- Domingo de la Santísima Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo unidos en una sola Iglesia. Un solo pueblo que, este mediodía, abarrotaba como nunca la plaza de San Pedro del Vaticano. Ante decenas de miles de personas, Francisco recordó que «el horizonte trinitario de comunión nos envuelve a todos y nos estimula a vivir en el amor y en el compartir fraterno, seguros que allí donde hay amor, allí está Dios».
«Haber sido creados a imagen y semejanza de Dios-comunión», apuntó el Papa, «nos llama a comprendernos a nosotros mismos como seres-en-relación y a comprometernos a vivir las relaciones interpersonales en la solidaridad y en el amor recíproco», tanto «en nuestras comunidades eclesiales» como en las relaciones diarias, «desde la familia hasta las amistades o el ambiente de trabajo: son ocasiones concretas que nos son ofrecidas para construir relaciones humanas cada vez más ricas, capaces de respeto recíproco y de amor desinteresado».
«Jesús sabe que el diseño del Padre se cumplirá con su muerte y resurrección. Por eso, asegura a sus discípulos que nos les abandonará, porque su misión será prolongada por el Esíritu Santo. El Espíritu guiará a la Iglesia hacia adelante«, proclamó el Papa, quien apuntó que dicha misión «no se trata de doctrina nueva o especial», sino de «una plena comprensión de todo lo que el Hijo ha oído del Padre, y que ha transmitido a los discípulos».
Y es que «el Espíritu recuerda a Jesús, y al mismo tiempo está abierto al futuro. Nos ayuda a caminar en la Historia radicada en el Evangelio, aunque con dinámica fidelidad a nuestras tradiciones». «El misterio de la Trinidad habla de nosotros, de nuestro diálogo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Mediante el Bautismo, el Espíritu Santo está presente en la vida con Dios».

«Dios es una familia de tres personas, que se aman tanto que forman una sola cosa. No es una familia cerrada, sino abierta, que se comunica a lo largo de la historia a todos los hombres», prosiguió el Papa, quien recordó que la Trinidad «nos invita a empeñarnos en ser elementos de de comunión, de consolación y de misericordia. En esta misión, estamos sostenidos por la fuerza que el Espíritu nos da, que cura la carne de la humanidad herida, la superación del odio y la debilidad».
En los saludos posteriores, el Papa recordó que el lunes comenzará en Estambul, con la presencia del secretario de Estado, Pietro Parolin, un «encuentro humanitario mundial», que servirá para «reflexionar sobre las actitudes a mostrar frente a la dramática situación humanitaria causada por los conflictos, la problemática ambiental y la pobreza extrema. Que se empeñen en realizar el objetivo principal: salvar la vida de todo ser humano. Ninguno está excluido, particularmente los más indefensos».
Al día siguiente, martes, el Papa recordará a los católicos chinos, a quienes animó a ser «signos concretos de caridad y reconciliación, para promover una auténtica cultura de la armonía, que ama tanto el pueblo chino».
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