(J. Bastante).- Un encuentro a puerta cerrada. Esa ha sido la fórmula escogida por el Papa Francisco para su encuentro con el Episcopado polaco. Una opción poco frecuente, más si cabe teniendo en cuenta que los obispos del país que vio nacer a Juan Pablo II son los más reticentes a las reformas de Bergoglio, especialmente en lo referente a la moral familiar.
De hecho, la televisión sí emitió el saludo inicial del cardenal Dzwisz, y un breve discurso de monseñor Gadecki, arzobispo de Poznan, y se pudo ver al Papa rezar durante unos minutos ante las reliquias de Juan Pablo II. Después, apagón informativo, lo que hace presagiar que Francisco quería hablar, y escuchar, en privado, a los que se presentan como los obispos más reaccionarios de Europa.
La catedral de Cracovia es un templo espectacular, oscuro, repleto de riquezas. Y esta tarde, repleto también de obispos. Son muchos los prelados de la católica Polonia, un episcopado digno y celoso de la herencia de «su» papa Karol Wojtyla. Así se lo recuerda don Stanislao, que conoce mejor que Francisco los entresijos del Vaticano, y que actuó como «mano derecha» del hoy San Juan Pablo II durante tres décadas.
Iba el Papa a comenzar su discurso, cuando la señal del Vaticano se cortó, y la locutora informó de que el encuentro con los obispos sería en privado. Estaba previsto que Bergoglio les dirigiría un discurso público, o así figuraba (y figura) en el programa oficial de la visita. Sin embargo, Federico Lombardi ya apuntó a los vaticanistas que podría darse un encuentro cerrado, como ha sido el caso.
Sí se tuvo conocimiento de las palabras de Gadecki, quien empezó recordando al Papa que su principal cometido «es preocuparse por la unidad, la integridad y la indisolubilidad de las enseñanzas de Cristo«. Sobre la Iglesia polaca, apuntaba que «siente una responsabilidad especial, debido a que el mensaje de la misericordia está fuertemente vinculado a la hija de nuestro pueblo, Santa Faustina Kowalska, así como al santo pontífice Juan Pablo II».
Fuentes vaticanas y de la CEE confirmaron a RD que no estaba previsto que se publicara el contenido del mensaje del Papa Francisco a los obispos polacos, lo cual alimenta los rumores sobre un «tirón de orejas» de Bergoglio a los prelados de la tierra que vio nacer a Juan Pablo II. El Papa quería tener un «diálogo abierto» con los obispos, sin discurso y con libertad para que unos y otros puedan hablar.
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