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Vaticanistas valoran los hitos del Año Jubilar

El Jubileo de la Misericordia consagra a la Iglesia como «hospital de campaña»

Francisco se reunió con migrantes, niños hospitalizados, ancianos, enfermos, toxicómanos, prostitutas...

Jesús Bastante 20 Nov 2016 - 09:30 CET
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El papa Francisco clausura el domingo el Jubileo de la Misericordia, una palabra clave para comprender un pontificado centrado en una mayor apertura de la iglesia católica y el deseo de recuperar a los creyentes que han desertado.

«Es el papa de la misericordia» explica Andrea Tornielli, vaticanista de la Stampa que publicó un libro de entrevistas sobre el tema. La palabra tiene un carácter central para un papa que aboga constantemente por «una apertura a todas las situaciones personales».

Jorge Bergoglio se inspira en su larga experiencia como sacerdote confesor en Argentina. «¿Quien soy yo para juzgar?» había dicho en efecto, pocos meses después de su elección, al referirse a los homosexuales.

El papa, que se confiesa regularmente, afirma sentirse él mismo «pecador», más que los presos que suele visitar en la cárcel. A principios de noviembre, un millar de detenidos fueron invitados al Vaticano a pasar la puerta santa de la basílica de San Pedro y confesarse.

Y por primera vez en este año, varias puertas santas fueron abiertas en todo el mundo, en catedrales, santuarios, campos de refugiados, cárceles… El papa había abierto personalmente la primera en Africa, en Bangui.

Todas fueron cerradas de nuevo el 13 de noviembre, salvo la de la basílica de San Pedro, que será cerrada el domingo.

Este Jubileo iniciado el 8 de diciembre de 2015 estuvo marcado, como lo quiere la tradición, por distintas celebraciones, así como por gestiones del papa para estar cerca de los que más sufren.

Así, se reunió con migrantes, niños hospitalizados, ancianos, enfermos, antiguos toxicómanos, antiguas prostitutas

«Su actitud de diálogo no quiere decir que la Iglesia acepta ahora todo, y no conserva sus valores» advierte Tornielli. Se trata para el papa de un vector de «evangelización» explica.

Desde su primer viaje al extranjero, a Brasil en julio de 2013, el papa jesuita analizó ante los obispos el creciente desafecto de una Iglesia demasiado distante y rígida. Para él, los sacerdotes deben acercarse a los hombres y no convertirse en simples guardianes de una doctrina inmutable. La Iglesia es «como un hospital de campaña» suele decir Francisco.

Todo ello ha irritado a algunos círculos católicos, que observan con desconfianza a un papa acusado de «demagogia».

La misericordia ha sido un elemento central en la Iglesia, recordando que el propio Jesús había perdonado a la mujer adúltera. Juan Pablo II había creado por su parte una fiesta de la misericordia.

Pero en el curso de las últimas décadas «los obispos ponen cada vez más el acento en los valores no negociables de la Iglesia, esencialmente temas vinculados con la sexualidad» subraya el vaticanista Iacopo Scaramuzzi.

Según él este papa «reformador» presenta a la Iglesia «de forma diferente que en los dos pontificados precedentes».

«Es un educador jesuita, que repite sus ideas» aunque las va renovando a través de nuevas imágenes, en una especie de «ejercicio espiritual» del pastor callejero que fue hace mucho tiempo en Buenos Aires, interpreta Iacopo Scaramuzzi.

(RD/Agencias)

 

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