El Reino de Dios no es un espectáculo, ni «un carnaval», «no ama la publicidad». El Espíritu Santo lo hace crecer, no «los planes pastorales«. Lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta -el tercer jueves de noviembre- al comentar el Evangelio de San Lucas propuesto por la liturgia del día. En efecto, la reflexión del Pontífice giró en torno a la pregunta que los fariseos le dirigen a Jesús: «¿Cuándo vendrá el Reino de Dios?».
Una pregunta sencilla, que nace de un corazón bueno, y aparece tantas veces en el Evangelio, tal como subrayó el Papa. Así por ejemplo, Juan Bautista, cuando se encuentra angustiado en la cárcel, envía a sus discípulos a preguntar a Jesús si era Él el que debía venir o si tenía que esperar a otro. O en otro pasaje, la pregunta vuelve de modo «atrevido»: «Si eres tú, desciende de la cruz». «Siempre la duda», la «curiosidad» acerca de cuándo vendrá el Reino de Dios, dijo Francisco.
«El Reino de Dios está en medio de ustedes»: es la respuesta de Jesús. Aquel «feliz anuncio» en la sinagoga de Nazaret, cuando Jesús -después de haber leído un pasaje de Isaías- dice que aquella Escritura se ha cumplido «hoy» en medio de ellos.
Como la semilla que, tras ser sembrada, crece desde dentro. Del mismo modo el Reino de Dios crece «a escondidas en medio de nosotros» – reafirmó el Santo Padre – o sea que se encuentra escondido como «la gema o el tesoro», y «siempre en la humildad».
«¿Quién hace crecer aquella semilla, quién la hace germinar? Dios, el Espíritu Santo que está en nosotros. Y el Espíritu Santo es espíritu de mansedumbre, espíritu de humildad, es espíritu de obediencia, espíritu de sencillez. Es Él quien hace crecer desde dentro el Reino de Dios; no son los planes pastorales, las grandes cosas… No. Es el Espíritu, a escondidas. Lo hace crecer y llega el momento en que aparece el fruto».
Aludiendo al caso del buen ladrón, el Papa se preguntó quién fue el que sembró la semilla del Reino de Dios en su corazón. «Tal vez su mamá», supuso, «o quizá un rabino cuando le explicaba la Ley». Después, se habrá olvidado, pero llegado a un punto determinado, «a escondidas», el Espíritu lo hace crecer. De ahí que Francisco haya afirmado que el Reino de Dios es siempre «una sorpresa», porque es «un don dado por el Señor».
Jesús también explica que el Reino de Dios no viene atrayendo la atención sobre sí mismo, de modo que nadie puede decir: «Está aquí, o está allá». «No es un espectáculo, o peor aún, aunque tantas veces se piensa, un carnaval», reafirmó el Papa Bergoglio.
«El Reino de Dios no se deja ver con la soberbia, con el orgullo, no ama la publicidad: es humilde, está escondido y así crece. Pienso que cuando la gente miraba a la Virgen, allí, que seguía a Jesús: ‘Aquella es la mamá, ah…'». La mujer más santa, pero a escondidas, nadie conocía el misterio del Reino de Dios, la santidad del Reino de Dios. Y cuando estaba cerca de la cruz del hijo, la gente decía: ‘Pobre mujer con este hijo criminal, pobre mujer’… Nada ni nadie sabía».
Por lo tanto, el Reino de Dios crece siempre a escondidas, porque «el Espíritu Santo está dentro nuestro» – recordó el Papa Francisco – que «lo hace germinar hasta dar fruto».
«Todos nosotros estamos llamados en este camino del Reino de Dios: es una vocación, es una gracia, es un don, es gratuito, no se compra, es una gracia que Dios nos da. Y todos nosotros los bautizados tenemos dentro el Espíritu Santo. ¿Cómo es mi relación el Espíritu Santo, el que hace crecer en mí el Reino de Dios? Una buena pregunta para hacernos hoy todos nosotros: ¿Yo creo, verdaderamente creo que el Reino de Dios está en medio de nosotros, está escondido, o me gusta el espectáculo?».
El Santo Padre concluyó exhortando a pedir al Espíritu Santo la gracia de hacer germinar «en nosotros y en la Iglesia, con fuerza, la semilla del Reino de Dios, para que llegue a ser grande, dé refugio a tanta gente y dé frutos de santidad«.

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«Se convierte en ministros para servir a la propia Iglesia particular, en la docilidad al Espíritu Santo y al propio obispo y en colaboración con los demás presbíteros, pero con la conciencia de ser parte de la Iglesia universal, que va más allá de los límites de la propia diócesis». Lo dijo el Papa Francisco a los participantes en la Asamblea Internacional de la Confederación Unión Apostólica del Clero (UAC), a quienes recibió en audiencia la mañana del 16 de noviembre en la Sala del Consistorio del Vaticano.
En su discurso, el Santo Padre animó y alentó a los miembros de la Unión Apostólica del Clero, a seguir el ejemplo de Cristo, Buen Pastor en el servicio al Evangelio.
«En esta Asamblea están reflexionando sobre el ministerio ordenado ‘en, para y con la comunidad diocesana’. En continuidad con los encuentros anteriores, buscan focalizar el rol de los pastores en la Iglesia particular; y en esta relectura, la clave hermenéutica es la espiritualidad diocesana, que es espiritualidad de comunión según el modo de la comunión Trinitaria».
El Obispo de Roma, citando la Carta Apostólica Novo millenium ineunte, recordó que el gran desafío de este milenio es hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión y para ello, es necesario promover una espiritualidad de comunión.
«Se convierte en experto de espiritualidad de comunión sobre todo gracias a la conversión a Cristo, a la dócil apertura a la acción de su Espíritu, y a la acogida de los hermanos. Sabemos muy bien que, la fecundidad del apostolado no depende sólo de la actividad y de los esfuerzos organizativos, que son necesarios, pero en primer lugar depende de la acción divina».
Asimismo, el Pontífice señaló que igual que en el pasado los santos son los más eficaces evangelizadores y puso en guardia a los ministros de no caer en la mundanidad espiritual.
«La Jornada Mundial de oración para la santificación del Clero, que se celebra cada año en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, constituye una ocasión propicia para implorar del Señor el don de diligentes y santos ministros para su Iglesia. Para realizar este ideal de santidad, todo ministro ordenado está llamado a seguir el ejemplo del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas».
Además, el Papa Francisco precisó que, unido al camino de la espiritualidad está el empeño en la acción pastoral al servicio del pueblo de Dios, visible en el hoy y en lo concreto de la Iglesia local, como lo delinea el Decreto Conciliar Presbyterorum Ordinis, en el numeral 12.
«Una Iglesia particular tiene un rostro, ritmos y opciones concretas; va servida con dedicación cada día, testimoniando la sintonía y la unidad que se vive y se desarrollada con el pbispo. El camino pastoral de la comunidad local tiene como punto de referencia imprescindible el plan pastoral de la diócesis, el cual se antepone a los programas de las asociaciones, de los movimientos y de cualquier grupo particular».
Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco animó a los ministros a cultivar la comunión y la misión como dinámicas correlativas, dinámicas que los ministros deben tener presente en el servicio a su propia Iglesia particular, al propio obispo y en colaboración con los demás presbíteros.
«Si la misión es una propiedad esencial de la Iglesia, lo es sobre todo por aquel que, ordenado, está llamado a ejercitar el ministerio en una comunidad por su naturaleza misionera, y a ser educador en el mundo, no en la mundanidad, sino en el mundo. La misión, de hecho, no es una elección individual, debido a una generosidad individual o quizás a una desilusión pastoral, sino es una opción de la Iglesia particular que se hace protagonista en la comunión del Evangelio a todas las gentes».
(RD/RV)
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