El fútbol genera discusiones interminables porque está dominado por la pasión, pero ninguna como la que intenta sentenciar quién fue el mejor jugador de la historia.
Durante décadas el debate enfrentó a dos titanes: Diego Armando Maradona y Edson Arantes do Nascimento, Pelé. Hoy, con ambos fallecidos, la pregunta tiene un tercer nombre que complica aún más la respuesta: Lionel Messi.
Los tres han tenido que responder a esa pregunta miles de veces. En conferencias de prensa, en visitas a colegios, en entrevistas de madrugada, en encuentros privados. Y los tres, a su manera, han dado respuestas que dicen más sobre sus personalidades que sobre el fútbol.
La frase de Maradona que lo resumía todo
Diego Maradona, que tenía una capacidad única para decir en diez palabras lo que otros necesitaban diez párrafos, resolvió el debate clásico con una de las frases más citadas de la historia del fútbol: «Pelé dice que yo fui mejor que él y yo le digo: tenés razón». La pronunció en una conferencia de prensa durante la Copa América en Venezuela, después de que Argentina aplastara a Estados Unidos por 4-1.
Era difícil creer que Pelé hubiera dicho eso en público. Probablemente se lo comentó en algún encuentro privado, por cortesía o por afecto genuino. Pero Maradona lo convirtió en una declaración pública, y en ese giro estaba toda su gracia: usaba las palabras del rival para ganar el argumento sin parecer arrogante, con humor y con un punto de provocación que era su marca personal dentro y fuera del campo.
Pelé: la diplomacia del que no tenía dudas
Pelé respondía a la pregunta con la elegancia del que no necesita ganar el debate porque está convencido de que ya lo ha ganado. Su respuesta habitual era una variante de que «cada futbolista tiene su momento», lo que en el fondo era una forma de decir que los contextos son distintos sin conceder nada. Cuando se cansaba de la comparación, solía recordar que cuando él empezó a triunfar ya la gente discutía si era mejor que Alfredo Di Stéfano, el tercero eterno en ese debate antes de que llegara Maradona.
Pelé murió en diciembre de 2022, a los 82 años. Tres Mundiales con Brasil (1958, 1962 y 1970), más de 1.200 goles en toda su carrera según sus propias estadísticas, un dominio técnico que sus contemporáneos describían como sobrehumano. Era el único jugador de la historia capaz de hacer que Maradona fuera modesto, aunque fuera solo un instante.
Maradona: el genio con pies de barro
Diego murió en noviembre de 2020, a los 60 años, con el corazón que había llevado al límite dentro y fuera del campo. Su legado tiene dos dimensiones que es imposible separar: el genio futbolístico absoluto, el mejor jugador que muchos contemporáneos vieron en su vida, y la vida personal caótica, las adicciones, los excesos y las contradicciones de un hombre que nunca encontró en la vida privada la misma paz que encontraba con el balón.
La mano de Dios en el Mundial de México de 1986. El gol del siglo al mismo Inglaterra. La clasificación de Argentina para Italia 90 él solo, prácticamente. Nápoles levantada del barro hasta los dos títulos de la Serie A. Pocos jugadores han sido tan decisivos en tantos momentos distintos.
Y entonces llegó Messi
El debate cambió cuando Lionel Messi empezó a acumular Balones de Oro con una regularidad que hacía imposible ignorarlo. Ocho Balones de Oro, seis Botas de Oro, cuatro Ligas de Campeones con el Barça, diez Ligas entre España y Francia, la Copa del Mundo de Catar 2022 que muchos consideraban la pieza que le faltaba a su legado, la Copa América de 2021 con Argentina y la Copa América de 2024. El currículum de Messi a sus 37 años es cuantitativamente el más impresionante de la historia del fútbol.
El propio Maradona, que no era precisamente generoso con los elogios a sus sucesores, llegó a decir de Messi que era «el mejor del mundo» aunque con la matización de que nunca sería el mejor de la historia porque «para eso hay que ganar un Mundial«. Cuando Messi ganó el Mundial en Catar, esa condición quedó cumplida.
Pelé, en sus últimos años, reconoció a Messi como el mejor de su generación y en algunas entrevistas llegó más lejos, aunque nunca de forma tan explícita que pudiera leerse como una renuncia a su propio trono.
La pregunta que no tiene respuesta y quizás no deba tenerla
El problema de elegir al mejor de la historia es que los tres jugaron en épocas, contextos y sistemas de juego radicalmente distintos. Pelé jugó en una época sin televisión global, con balones que pesaban el doble que los actuales y en un Brasil que ganaba Mundiales con una facilidad que los rivales de hoy no le habrían dado. Maradona jugó en una era de marcajes brutales que hoy serían tarjeta roja automática, y ganó un Mundial prácticamente él solo cargando con la selección argentina sobre sus espaldas. Messi ha jugado en el fútbol más competitivo, más analizado y más exigente de la historia, y ha dominado durante veinte años.
Los tres tuvieron algo en común que los separa del resto: cuando tenían el balón, el estadio sabía que podía pasar algo extraordinario. Esa sensación, esa expectativa colectiva, es quizás la mejor definición del genio futbolístico que existe.
La respuesta más honesta sigue siendo la que Pelé daba cuando quería escapar del debate: cada jugador tiene su momento. Y en sus respectivos momentos, los tres fueron simplemente los mejores que el mundo había visto.
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