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Entre las innovaciones que Pedro Sánchez ha traído a nuestra política sobresale la bochornosa ocurrencia de los análisis de autoevaluación.
Estas ceremonias de autocomplacencia sin reparos, consisten en que el presidente socialista se examina a sí mismo para asignarse siempre la misma nota: sobresaliente cum laude (al estilo de su famosa tesis doctoral).
A su tradicional autobalance de fin de año, Sánchez incorpora ahora otro previo a las vacaciones de agosto.
Y todo es falsedad y exageración, como vimos este 28 de julio de 2025.
El amo del PSOE y su equipo han defendido durante los últimos meses un balance económico triunfalista.
El marido de Begoña insiste en que España lidera el crecimiento de las grandes economías europeas, con un PIB al alza y una creación de empleo notable, y en que organismos internacionales como el FMI, la OCDE y la Comisión Europea avalan sus datos. Sin embargo, tras la euforia de los discursos oficiales, se esconden varias cuestiones incómodas: la renta real de los hogares, la presión fiscal, el déficit y una deuda pública que sigue siendo de las más altas de Europa.
El crecimiento del PIB: ¿éxito real o espejismo temporal?
Es cierto que el PIB español creció un 3,2% en 2024, superando a las principales economías de la zona euro y situando a España como referente de recuperación tras la pandemia. Para 2025, la previsión oficial es del 2,6%, aunque la mayoría de servicios de estudios han rebajado esta cifra a un rango del 2,2% al 2,3%. Esta desaceleración ya es palpable y se prevé que el crecimiento caiga aún más en 2026, hasta el 1,7%.
El empleo también muestra una evolución positiva en términos agregados, con más de 22 millones de ocupados y una reducción de la temporalidad al 15%. Sin embargo, el dato relevante para medir el bienestar es la renta disponible de los hogares y su capacidad de consumo, que no ha crecido al mismo ritmo que el PIB.
La renta de los hogares y el poder adquisitivo
La pregunta clave es si los españoles son hoy más ricos o más pobres que hace seis años. La respuesta es menos brillante de lo que sugiere el relato oficial. Aunque el PIB ha crecido, la renta per cápita y el poder adquisitivo se han visto erosionados por varios factores:
- Inflación acumulada: Entre 2021 y 2024, la subida de precios en alimentos, energía y vivienda ha superado el crecimiento salarial en la mayoría de sectores. El encarecimiento de la cesta básica ha restado capacidad de gasto a millones de familias.
- Presión fiscal: El Gobierno ha eliminado rebajas fiscales temporales y ha introducido nuevos impuestos, elevando la recaudación, pero también el esfuerzo fiscal que soportan las familias y empresas.
- Desigualdad: Los datos de distribución de la renta muestran que el crecimiento se ha concentrado en ciertos sectores, mientras que amplias capas de la población no han recuperado el nivel de poder adquisitivo previo a la crisis sanitaria.
Según varios estudios independientes, la renta real disponible de los hogares españoles sigue por debajo de los niveles de 2019, especialmente en los deciles más bajos de ingresos.
Déficit, deuda y sostenibilidad fiscal: el lado oscuro del modelo
El relato oficial omite los riesgos asociados al modelo de recuperación basado en gasto público masivo y déficit estructural. El déficit público cerró 2024 en torno al 3,2% del PIB y se prevé que caiga ligeramente al 2,7%-2,8% en 2025, según el FMI y los informes oficiales. Sin embargo, este avance se debe en buena parte al fin de rebajas fiscales y a la contención de ciertas partidas de gasto, no a una mejora estructural de las cuentas públicas.
Lo más preocupante es el endeudamiento:
- Deuda pública: España cerrará 2025 con una deuda en torno al 100,6% del PIB, una de las más elevadas de la eurozona. La deuda es cinco veces superior al déficit anual y no se prevé una reducción significativa antes de 2030.
- Coste de la deuda: El aumento de los tipos de interés y las nuevas necesidades de financiación (especialmente en defensa y pensiones) suponen un lastre para el crecimiento futuro.
Tabla: Evolución del déficit y la deuda en España (2024-2026)
| Año | Déficit (% PIB) | Deuda (% PIB) |
|---|---|---|
| 2024 | 3,2 | 101,4 |
| 2025 | 2,7 – 3,0 | 100,6 |
| 2026 | 2,4 – 3,1 | 100,0 |
Datos: FMI, Bankinter, Gobierno de España
Los “trucos” contables y la foto fija
Varias voces críticas apuntan a que el “milagro” de la recuperación española se sostiene sobre una serie de “trucos” contables y circunstancias extraordinarias. Entre ellos:
- Uso de fondos europeos Next Generation como ingresos directos, cuando parte de ellos son préstamos que elevan la deuda futura.
- Cálculo del PIB y del empleo con metodologías que incluyen a trabajadores en ERTE o subvencionados por programas públicos.
- El gasto extraordinario por catástrofes naturales (como la DANA) se descuenta del cómputo estructural, maquillando el déficit real.
Esto genera una “foto fija” optimista, pero que no refleja la fragilidad subyacente de la economía española ni su vulnerabilidad ante futuros shocks.
¿Qué significa ser “más pobres”?
Ser “más pobres” no solo implica tener menos renta, sino también una mayor exposición a riesgos económicos y una menor capacidad para afrontar imprevistos. La alta deuda limita el margen de maniobra del Estado, mientras la inflación y la presión fiscal reducen el colchón financiero de las familias. A pesar de los buenos datos de empleo y PIB, la sensación de empobrecimiento es real para una parte significativa de la sociedad.
Algunos indicadores clave:
- La tasa de ahorro de los hogares se mantiene en mínimos históricos.
- El crecimiento del salario medio ha sido inferior al de la inflación acumulada.
- El acceso a vivienda y servicios básicos sigue siendo un problema creciente.
Balance: luces y sombras del “milagro” económico
En resumen:
- España crece más que sus vecinos, pero ese crecimiento se desacelera y no llega igual a todos los bolsillos.
- El Gobierno presume de datos récord de empleo y PIB, pero el poder adquisitivo y la renta real de los hogares siguen por debajo de los niveles previos a la pandemia.
- El déficit y, sobre todo, la deuda pública continúan siendo un lastre estructural, con riesgos para la sostenibilidad futura.
El relato triunfalista del Ejecutivo convive con una realidad menos optimista: muchos españoles sienten que son más pobres, y los datos de renta, deuda y desigualdad respaldan esa percepción. El reto de los próximos años será transformar el crecimiento macroeconómico en bienestar tangible para la mayoría.
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