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El precio de los alimentos sube un 40% desde que gobierna Sánchez y el sueldo medio un 20%

La España de Sánchez: los huevos suben un 22%, la carne un 17%, el café un 20% y el pescado fresco un 8%

En octubre, España alcanza una inflación del 3,1%, un 50% más alta que la media de la eurozona

Manuel Trujillo 15 Nov 2025 - 08:29 CET
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Apretarse el cinturón.

No queda otra.

Por mucho que cacaree el okupa de La Moncloa.

La España de 2025 o, para ser más precisos, los españoles que no reciben pienso en el pesebre sanchista o están bajo el paraguas de la trama corrupta socialista, enfrenta una inquietante paradoja económica.

Los datos macroeconómicos parecen ofrecer un mensaje optimista: el país crece a un ritmo del 3%, se posiciona a la cabeza en los rankings europeos de crecimiento y alimenta narrativas positivas sobre la fortaleza de su economía.

Sin embargo, esta imagen de bonanza se desmorona al mirar con atención al supermercado, donde los españoles se encuentran con que la cesta de la compra se ha convertido en un lujo cada vez más inalcanzable.

La inflación ha alcanzado el 3,1% en octubre de 2025, cifra que no solo representa el nivel más alto en dieciséis meses, sino que sitúa a España como líder europeo en encarecimiento de precios, superando en un 50% a la media de la eurozona, que es del 2,1%.

Esta desconexión entre el crecimiento económico general y la realidad cotidiana de las familias españolas marca el momento presente.

Mientras los indicadores macroeconómicos pintan un país vibrante, la economía doméstica relata una historia completamente diferente. Los salarios en España apenas crecen al 2% anual, alcanzando una media de 27.552 euros brutos.

Esta cantidad no solo es insuficiente para compensar la inflación acumulada, sino que intensifica la erosión del poder adquisitivo.

Aún más alarmante es el estancamiento del PIB per cápita español en 27.740 euros, un 18,1% por debajo de la media eurozona.

Esto pone de manifiesto que la distancia salarial con Europa ha llegado a los 6.100 euros anuales por trabajador. En resumen, el crecimiento económico que celebran los números no se traduce en una mejora real para la mayoría de los ciudadanos.

Los precios de la cesta básica: cuando la inflación tiene rostro

Los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística revelan una situación desalentadora respecto a los precios de los alimentos básicos.

Los huevos han visto un incremento del 22,5% interanual, resultado directo del brote de gripe aviar que ha afectado gravemente a las granjas españolas.

Sin embargo, este aumento no es un caso aislado. La carne de ternera ha incrementado su precio en un 16,5%, el café ha subido un 19,4% y el pescado fresco lo ha hecho en un 7,2%. Estas cifras reflejan una tendencia generalizada hacia el encarecimiento que impacta directamente en las compras diarias de las familias.

Al observarlo desde una perspectiva temporal, el problema se agrava aún más.

Desde 2021, la cesta básica ha acumulado un aumento del 36%, evidenciando que la inflación no es algo puntual sino una erosión constante del poder adquisitivo.

Más alarmante es el hecho de que comprar legumbres y hortalizas frescas cuesta hoy un sorprendente 99% más que hace diez años; esto significa que algunos alimentos esenciales han prácticamente duplicado su precio en solo diez años.

Aunque el Ministerio de Economía indica que los precios alimentarios permanecieron «relativamente estables» en octubre al compensarse aumentos en frutas frescas y huevos con caídas en otros productos como legumbres y lácteos, lo cierto es que esta aparente estabilidad ocurre sobre unos precios ya elevados.

La comparación internacional acentúa aún más lo preocupante de la situación española. Los alimentos han aumentado un 37,9% en España, superando ampliamente a la eurozona (31,2%) y a Estados Unidos (28,3%). Esto sugiere que el problema va más allá de factores globales; aunque otros países occidentales también han enfrentado presiones inflacionarias, España ha sufrido incrementos más marcados debido a factores internos.

Vivienda, energía y servicios: la tormenta perfecta

Más allá del ámbito alimentario, otros elementos fundamentales del gasto familiar han experimentado aumentos preocupantes.

El sector vivienda —que incluye agua y luz— ha crecido un 7,5%, impulsado principalmente por el encarecimiento eléctrico que ha subido un 18,7% interanual.

Este aumento ha sido particularmente agudo tras el «apagón» del pasado 28 de abril, cuando se activó el «modo reforzado» del sistema eléctrico. Esta intervención costó nada menos que 422 millones de euros en seis meses y ha elevado las tarifas eléctricas al priorizar fuentes convencionales más caras frente a las renovables; resultando así en una política energética errática y costosa para los consumidores.

Los restaurantes y servicios vinculados a comidas también han registrado incrementos significativos cerca del 4,5%, lo cual evidencia cómo la inflación afecta tanto al consumo doméstico como a los servicios externos. Asimismo, el transporte enfrenta presiones similares: los vuelos internacionales han aumentado un 10,5% y el transporte ferroviario lo ha hecho en un notable 17,9%.

Estos incrementos abarcan servicios esenciales y recreativos creando así un panorama donde prácticamente ningún aspecto del gasto familiar queda exento a estas presiones inflacionistas.

El déficit fiscal como trasfondo silencioso

Detrás de esta inflación superior a otros países europeos hay también factores fiscales relevantes. El gasto público estatal se ha disparado desde los 104.000 millones de euros en 2018 hasta alcanzar los 190.000 millones para este año; casi duplicándose en solo siete años. Si consideramos todos los organismos relacionados con este gasto público totaliza unos impactantes 722.846 millones para este año y promete superar los 800.000 millones para el siguiente; esto representa un incremento del 60% desde 2018. Solo durante los primeros siete meses de este año fiscal se gastaron unos asombrosos 85.500 millones más respecto al presupuesto inicial acumulando así un déficit equivalente al 6,5% del PIB; siendo este uno de los más altos dentro de toda la Unión Europea.

Este gasto expansivo dentro de un contexto inflacionario genera presiones adicionales sobre los precios; especialmente si parte se financia mediante impuestos que no reflejan ajustes por inflación real. Uno de esos gravámenes silenciosos pero efectivos es la negativa a deflactar el IRPF; fenómeno conocido como progresividad fría; permitiendo al Estado recaudar unos extraños €9.747 millones entre 2021 y 2024 sin modificar formalmente ninguna ley tributaria existente . Solo durante este año aportó €3.400 millones extra , generando estimaciones futuras cercanas a €15.900 millones hasta 2031 . Este panorama resulta ser una continua erosión del poder adquisitivo español mediante mecanismos impositivos invisibles; afectando sin conciencia alguna a gran parte contribuyentes acerca magnitud real efecto.

La inflación acumulada: un lastre de tres años

La inflación acumulada durante el presente mandato asciende al notable 21,3%; cifra especialmente significativa si comparamos con anterior gobierno (7,2%). Este incremento triplicado transpone gravedad deterioro condiciones vida. En términos europeos, España resalta negativamente; mientras eurozona moderó su tasa hasta 2,1% en octubre; nuestro país mantiene índices mucho mayores superando ampliamente nivel referencia considerado saludable por Banco Central Europeo.

El índice subyacente, excluyendo elementos volátiles como energía alimentos frescos, sitúa alrededor 2,5 %; décima superior septiembre; siendo peor registro anual. Este indicador, considerado representativo presiones estructurales inflacionistas; también marca máximos anuales sugiriendo así persistencia problemas económicos no meramente temporales.

A nivel territorial , todas comunidades autónomas presentan tasas positivas IPC aunque con variaciones notables . Baleares Comunidad Madrid lideran lista alcanzando 3,6%; cinco décimas encima media nacional; mientras Región Murcia muestra tasa mínima con 2,2%. Esta dispersión geográfica indica aunque problema generalizado afecta ciertas zonas más intensamente probablemente aquellas dependientes turismo servicios.

Una perspectiva futura incierta

Los analistas son optimistas respecto desaceleración precios próxima; esperando acercamiento gradual hacia 2% objetivo marcado por Banco Central Europeo como nivel sano economía. Sin embargo, mientras llega dicha moderación; familias españolas continúan sufriendo erosión constante poder adquisitivo. Desconexión entre crecimiento macroeconómico beneficiando principalmente agregados estadísticas cotidianas empobrecimiento relativo define momento actual economía española; donde cifras crecimiento conviven incómodamente realidad supermercados cada vez más caros junto salarios rezagados tras ritmo inflacionario.

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