Hoy toca hablar de mentiras pequeñas que retratan mentiras grandes.
La ministra y portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, publicó un tuit asegurando que había estudiado en la “Universidad de Teruel”. El problema es evidente: esa universidad no existe como institución universitaria independiente.
Cuando estalló la polémica, la reacción no fue aclarar ni explicar. La reacción fue borrar el tuit. Sin disculpas. Sin rectificación pública. Sin dar explicaciones.
Este episodio reabre un debate muy serio sobre el uso frívolo del currículum académico por parte de responsables políticos y sobre la falta de rigor en la comunicación pública del Gobierno. Aquí no hablamos de un simple lapsus. Hablamos de una forma de actuar muy concreta: cuando te pillan, borras. Rectificar no es explicar.
Rectificar es hacer como si nunca hubiera pasado. Y cuando se miente —o se exagera— en algo tan básico y tan fácil de comprobar, la pregunta es inevitable: si engañan en esto, ¿Qué no harán en lo importante? Este es el problema de fondo. No el tuit. No el borrado, que también Sino la normalización de la mentira y la ausencia total de responsabilidad.
Porque gobernar no es borrar mensajes.
Gobernar es dar la cara.
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