Patxi López aseguró hace unos días que millones de españoles dicen: «Yo con Begoña». Confieso que debo moverme por lugares muy extraños.
Porque llevo días prestando atención y todavía no he escuchado a nadie decirlo. Ni por la calle, ni en un bar, ni en una cafetería, ni en un restaurante.
Lo que sí escucho es hablar de vivienda, de impuestos, de hipotecas, de pensiones, de corrupción y de cómo llegar a fin de mes. Precisamente mientras se lanzan ese tipo de consignas políticas, continúan apareciendo informaciones periodísticas que mantienen vivo el interés público sobre este asunto.
Según una información publicada por El Debate, la consultora Inmark, de la que Begoña Gómez fue accionista, pasó de facturar alrededor de 15.000 euros a superar posteriormente los 12 millones de euros, coincidiendo con su expansión internacional y con proyectos desarrollados en la República Dominicana.
El mismo artículo describe diversas relaciones institucionales que considera relevantes para contextualizar esa evolución empresarial. La información publicada no sustituye el trabajo de los tribunales ni de las autoridades competentes. Pero sí plantea preguntas que forman parte del debate público y que muchos ciudadanos consideran legítimas.
En una democracia, cuando confluyen actividad empresarial, organismos internacionales y personas con proyección pública, la mejor respuesta siempre es la transparencia.
Porque la confianza en las instituciones no se construye con consignas ni con eslóganes.
Se construye ofreciendo explicaciones, aportando documentos y permitiendo que los hechos puedan ser conocidos con claridad por todos los ciudadanos.
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