No todo el mundo puede, ni quiere, comprarse un coche nuevo. La opción de financiar un vehículo durante cinco o seis años, con una entrada alta y unas cuotas elevadas, se aleja bastante de la realidad económica de muchas personas. Pero tampoco es que renunciar al coche sea siempre una opción, sobre todo si se vive fuera de una gran ciudad o se tiene familia. Esta es la razón por la que el renting de segunda mano está empezando a abrirse paso como una alternativa cada vez más interesante.
El renting, tal y como lo conocíamos hasta hace poco, consistía en acceder a un coche nuevo mediante el pago de una cuota mensual fija durante un tiempo determinado, normalmente entre dos y cinco años. Esa cuota incluía seguro, mantenimiento, impuestos, asistencia en carretera y muchas veces incluso cambio de neumáticos. Es decir, tú te encargabas de conducir y llenar el depósito; del resto, se ocupaba la empresa.
Hasta hace no mucho, esta modalidad estaba reservada casi en exclusiva a empresas o autónomos. Pero con el tiempo ha ido democratizándose, llegando al cliente particular. Aun así, los coches nuevos siguen teniendo precios elevados, incluso en renting. La premisa de la que parte este nuevo modelo es sencilla: hacer el renting más accesible preservando todas las ventajas del concepto tradicional.
¿Qué es exactamente el renting de segunda mano?
El concepto es el mismo que el del renting tradicional, con la única diferencia de que el coche no es nuevo: ya ha tenido un primer ciclo de vida, normalmente dentro de la propia flota de renting de la compañía. Se trata de vehículos revisados, con pocos años y con todo el historial de mantenimiento al día. Muchas veces, esos coches han sido utilizados por empresas en contratos anteriores y se han devuelto en buenas condiciones. En lugar de venderlos, las compañías optan por volver a sacarlos en renting, pero a un precio mucho más competitivo.
Para muchas personas que antes no podían permitirse un renting, esta modalidad supone una puerta de entrada muy razonable. No es raro encontrar modelos recientes, con entre 30.000 y 70.000 kilómetros, con cuotas mensuales que pueden bajar de los 300 euros. Y al igual que en el renting de coches nuevos, esa cuota lo incluye prácticamente todo.
Ventajas y límites de esta fórmula
Conducir un coche sin preocuparse del seguro, las revisiones o los impuestos tiene un valor enorme, sobre todo si no quieres meterte en complicaciones. Eso por no hablar de la tranquilidad que proporciona saber que, al finalizar el contrato, puedes devolver el coche sin tener que venderlo o sufrir una depreciación. Si el coche te gusta y quieres quedártelo, algunas compañías permiten adquirirlo por un precio final, ya pactado desde el principio. Pero si no te convence, lo entregas y punto.
Aún así, no todo son ventajas. Al tratarse de un coche usado, no puedes configurarlo a tu gusto ni elegir el color, los acabados o los extras. Tienes que adaptarte a la disponibilidad del catálogo. Por otro lado, aunque estos coches pasan revisiones exhaustivas, hay quien prefiere conducir un vehículo sin ningún kilometraje previo, por pura tranquilidad. El desgaste, aunque sea mínimo, está ahí.
Otro punto a tener en cuenta es la duración del contrato. En muchos casos, el renting de segunda mano tiene plazos algo más cortos, por lo que si decides alargarlo, puede que tengas que renegociar las condiciones. Las cuotas también suelen depender del kilometraje que preveas hacer al año, así que conviene tenerlo claro desde el principio para no pagar penalizaciones.
¿Cómo se consigue un coche de renting de segunda mano?
El proceso no es muy distinto del renting tradicional. Todo empieza por elegir el modelo que mejor se adapte a tus necesidades. Lo habitual es hacerlo a través de la web de la empresa de renting, donde suelen mostrar los coches disponibles con información detallada: modelo, motor, kilometraje, año de matriculación, equipamiento y condiciones del contrato.
Una vez elegido el coche, se completa un proceso de validación financiera. Las empresas necesitan asegurarse de que puedes hacer frente a las cuotas, igual que ocurre con cualquier financiación. Si todo está en orden, se firma el contrato y, en pocos días, puedes tener el coche en casa o recogerlo en un punto acordado. En muchos casos, el proceso completo se puede hacer online, sin papeleos interminables ni esperas largas.
La diferencia más importante: el precio
La gran diferencia entre un renting de coche nuevo y uno de segunda mano es el coste. Aunque ambos ofrecen los mismos servicios y una experiencia de uso similar, el segundo se sitúa en un escalón de precios mucho más accesible. De este modo, una persona que no podía plantearse tener un coche en renting ahora sí puede hacerlo. Es, en definitiva, una forma de romper la barrera de entrada sin renunciar a las ventajas del servicio.
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