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El rey de los vehículos eléctricos tiene un papel importante en el futuro del motor, sus avances no parecen encontrar límites y están demostrando que las zancadillas a este tipo de movilidad no contaminante son un hecho que está a la orden del día

Tesla tiene las claves de la revolución eléctrica

¿Qué nos deparará su valentía?

The Motor Lobby - S.H 15 Jul 2015 - 15:22 CET
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Elon Musk tiene un plan. Y no hablamos ahora del de llevarnos al espacio. Si no de uno más mundano y ubicuo. Del plan de transformar la industria de la automoción de la mano de su marca de vehículos eléctricos Tesla. Hasta ahora, hablar de un eléctrico era, salvo contadas excepciones, hablar de un producto inferior a un coche de combustión interna. Menos autonomía y peores prestaciones. Tesla está cambiando esta visión.

En su última columna, Leon Louw, de BusinessDay, escribía tras poder sentarse al volante de uno: “la aceleración de un Ferrari, el silencio de una bicicleta, la capacidad de un SUV, más seguridad que en un Mercedes. He visto el futuro y lo he conducido. Conducirás un eléctrico antes de lo que piensas.” No será un híbrido que combina mecánica, económica y ambientalmente lo peor de los dos mundos; tampoco un carrito de golf que se disfraza de coche para llevarte entre distancias cortas. Será un coche rápido, seguro, limpio e inteligente. No tendrá casi mantenimiento, porque apenas cuenta con partes móviles. Será un Tesla o un vehículo derivado de la misma tecnología.

Tesla es la primera amenaza seria que se encuentran los vehículos de combustión interna desde que los coches de Henry Ford mejoraron el rendimiento de los motores de vapor y eléctricos hace más de un siglo. En 1900, el 40% del parque móvil americano llevaba motor de vapor, el 38% era eléctrico y el 22% funcionaba con gasolina.

Un Tesla acelera de cero a cien kilómetros por hora en 3,1 segundos, lo que lo coloca a la par de los mejores deportivos. Puede recorrer 500 kilómetros con una pausa para cargar de veinte minutos (en estaciones de servicio en las que la energía es gratuita para los propietarios de un Tesla) y cuya patente Musk ha regalado al mundo. Tiene maletero en la parte frontal y en la trasera, justo donde otros coches llevan radiadores, depósitos de gasolina y transmisiones.

Su batería está en el suelo del coche, lo que le da un centro de gravedad tremendamente bajo, haciéndolo así más seguro. No hay nada que pueda gotear o perder líquido. Tiene ocho años de garantía sin límite de kilometraje. Los frenos duran años, porque las baterías aprovechan para cargarse con la inercia cuando levantas el pie del pedal. No hay marchas, es un sistema computerizado. Nadie va a robártelo sin que puedas localizar tu coche por teléfono.

No tiene llave. Se abre y se cierra cuando te acercas. Aunque lo dejes al sol no lo encontrarás caliente, ya que puedes activar la climatización cuando quieras desde el app del coche en tu teléfono. Entiende comandos vocales y tiene una pantalla como la de una Tablet que hace las mismas cosas o más. Reconoce comandos vocales y el manual está integrado en los sistemas visuales y de voz.

No tiene mantenimientos programados, porque cada unidad se monitoriza remotamente y se informa al cliente si necesita pasar por el taller o cambiar neumáticos. El software se actualiza remotamente. Para la Organización de Consumidores americana, el Tesla es el coche de mayor valoración hasta la fecha.

Lo difícil de comprender son las implicaciones que tienen todos estos factores. Cómo convivirán con vehículos autónomos y con el lento declive de los motores de combustión interna. Deberíamos prepararnos para una revolución que afectará al fabricante actual como en su día lo hizo el coche con criadores de caballos, herreros, diligencias y fabricantes de carruajes.

El transporte como servicio, la robótica avanzada y el coche conectado van a darle la vuelta a una industria de un billón de dólares. Es difícil de imaginar, pero va a suceder. La expectativa actual es que en 2024 entre el 15 y el 22 por ciento de los coches serán eléctricos en Estados Unidos. Son datos que no dicen demasiado sobre el papel; y que, como en el caso de la oferta de Next Auto de servicios conectados, son dificilísimos de prever. Porque resulta que hace sólo dos años, la estimación para coches eléctricos o servicios telemáticos en el vehículo era casi cero. Y hoy hemos pasado de cero al quince por ciento.De cero a 150.000 millones de dólares en menos de diez años. El futuro es emocionante.

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