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Los intereses que España tiene que pagar por colocar su deuda en los mercados se han disparado desde el comienzo de la crisis. Y el efecto no es en absoluto banal para las cuentas del Estado.
Solo hasta mayo de 2011, los costes que nuestro país ha tenido que desembolsar para remunerar las emisiones de los bonos y letras asciende a 8.757 millones de euros, según datos de la Intervención General de la Administración del Estado.
En el mismo periodo, la recaudación por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IFPF) ascendió a 14.477 millones.
Como explican M. Cuesta y Luis M. Ontoso en ABC, la desconfianza de los inversores «se ha comido» ya el 60,6% de los ingresos por este concepto.
Las perspectivas para lo que queda de año no son más halagüenas. Pese a los esfuerzos europeos por calmar a los mercados con el nuevo rescate a Grecia, la prima de riesgo (la diferencia de precio entre el bono español a diez años con respecto al alemán) se ha mantenido aferrada sobre los 300 puntos básicos y este 25 de julio de 2011 cerró a 326.
La última colocación del Tesoro Público se saldó la semana pasada con el mayor interés pagado por España desde 1997.
De seguir por este camino, nuestro país cerrará el ejercicio con un pago de intereses en concepto de deuda del Estado de 27.461 millones, lo que supondría un 77,37% de los ingresos por IRPF previstos para todo 2011.
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