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En el extremo norte de Portugal, en una frontera que se diluye entre montañas, bosques y antiguos caminos de piedra, un castillo medieval destaca en el paisaje de un territorio prácticamente intacto. Desde lo alto de una colina, su silueta domina un entorno donde la naturaleza impone sus reglas y el tiempo parece avanzar a otro ritmo.
Ese lugar es Montalegre, una pequeña villa portuguesa situada a pocos kilómetros de Galicia y enclavada en el Parque Nacional de Peneda-Gerês, el único parque nacional del país. Un enclave donde el patrimonio, el paisaje y la vida rural conviven sin artificios.
Montalegre, una villa histórica en la frontera con España
Montalegre es un municipio tranquilo, con menos de 2.000 habitantes, donde su pasado explica buena parte de su identidad actual. Durante siglos, esta zona tuvo un papel clave en la defensa de la frontera norte de Portugal, un territorio estratégico en el que controlar caminos y pasos naturales era fundamental.
Esa función defensiva se materializó en su castillo medieval del siglo XIII, un auténtico símbolo de la villa. Desde su posición elevada, la fortaleza permitía vigilar el territorio y ejercer autoridad sobre los alrededores. Hoy, se ha convertido en uno de los principales atractivos culturales de Portugal y en un mirador desde el que se contempla un paisaje prácticamente virgen.
Un casco histórico que conserva la esencia del Portugal rural
El casco histórico de Montalegre destaca por sus calles estrechas y empedradas, sus viviendas construidas en granito y las históricas fuentes que hablan de una forma de vida ligada al entorno y a los recursos naturales del territorio.
En este núcleo destacan elementos como el pelourinho, símbolo del poder municipal, y el edificio del ayuntamiento del siglo XIX, que refuerzan la identidad histórica de la villa. El patrimonio religioso completa el conjunto con la Igreja do Castelo, situada junto a la fortaleza y reconocible por su exento campanario, y la Igreja da Misericórdia, de estilo manierista, que asumió posteriormente el papel de templo principal.
Vivir dentro del único parque nacional de Portugal
Uno de los mayores valores diferenciales de Montalegre es su ubicación dentro del Parque Nacional de Peneda-Gerês, un espacio protegido de gran valor ecológico que se extiende hasta la frontera española. Este parque es uno de los grandes pulmones verdes de la Península Ibérica y alberga sierras de media y alta montaña, bosques autóctonos, extensos pastos y una importante red fluvial.
Desde la propia villa parten rutas de senderismo y caminos rurales que permiten explorar el parque de forma respetuosa. Lugares como la cascada de Cela Cavalos ponen de relieve la riqueza hídrica del entorno.
Calidad de vida, turismo rural y atractivo residencial
La proximidad con Galicia ha convertido a Montalegre en un destino habitual para escapadas de fin de semana, especialmente entre quienes buscan tranquilidad, aire puro y paisajes. A ello se suma una gastronomía basada en productos locales y una fuerte identidad cultural ligada a la agricultura y la ganadería, divulgada a través del Ecomuseu de Barroso.
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