“Señores pasajeros, habrán advertido que hemos sido alcanzados por un rayo”, dijo el comandante del vuelo de IB 0735 del puente aéreo Madrid-Barcelona de un frío día ocho de enero de hace ahora cinco años (avión en el que por cierto me encontraba). Aún teniendo en cuenta que en nuestro planeta se producen casi cien descargas eléctricas por segundo como consecuencia de más de cuarenta mil tormentas diarias, medité, todavía un poco atemorizado, que era mucha casualidad que nos hubiera tocado precisamente a nosotros, con lo grande que es el mundo. “Desde cabina lo hemos visto a la perfección”, continuó el comandante, “y afortunadamente el avión ha actuado como una caja de Faraday solamente deberán anotar este hecho como una experiencia más en su vida”
Pese a que hasta que llegamos a la terminal del aeropuerto de El Prat de Llobregat (¿Han estado alguna vez en el pueblo? Yo sí, y en mis tiempos hice muchas encuestas allí), no percibimos con claridad que habíamos salvado el pellejo, y corroboramos en propia piel que los ocupantes de un avión están protegidos contras las descargas de rayos, puesto que el interior del aparato actúa como una “caja de Faraday”, pasando las descargas eléctricas por la superficie metálica del avión, sin que haya cambios de potencial en el interior del aparato.
Así que, ya más sosegado, y completamente despierto pese al tremendo madrugón que me permitió estar dentro del avión poco después de las siete de la mañana, decidí, siguiendo las instrucciones del comandante, anotar esta experiencia en mis papeles, donde estaba redactando, casualmente, las preguntas de un test sobre los trepas.
Y es que, dentro de la variada fauna que puebla los ambientes de trabajo, agazapados entre la maraña laboral, se camuflan los trepas, que coexisten con personas de legítimas ambiciones de las que a veces cuesta trabaja distinguirlos; los trepas, sí, seres que «se entretienen», quizás, pisando a otros compañeros, los conformistas, igualmente trabajadores, pero con una mentalidad más tranquila y acomodaticia. Porque aunque nadie se reconoce a sí mismo como trepa, esta figura está presente en todos los ambientes laborales, siendo motivo tanto de temor como de burla y cotilleo. A pesar de ello, ¿acaba consiguiendo el trepa sus objetivos?
Haberlos, háylos. Asimilé, mientras tomaba mis notas, el riesgo asociado a los intentos de volar demasiado alto, como nos enseña la mitología helena con el caso de Ícaro, y tomé en consideración el peligro subyacente, del que tantas veces se advierte, en los intentos de querer llegar demasiado arriba en el ámbito laboral.
“Más dura será la caída”, se suele bromear, o, como en el caso del avión, un rayo puede partirnos por la mitad e interrumpir en cualquier momento nuestro ascenso, o el sol puede derretirnos las alas. Un trepa se caracteriza precisamente por intentar subir y subir en el escalafón laboral, sin preocuparle los cadáveres que vaya dejando a su paso. Pero, ¿alcanza el trepa finalmente sus objetivos, o acaba sus días churruscado por un rayo justiciero, desterrado a las más oscuras tierras subterráneas, o subyugado en las más sombrías mazmorras de la más siniestra de las oficinas que pudiera uno imaginar?
El caso es que si uno pretende localizar a un auténtico trepa, no se trata precisamente de una tarea fácil. Nadie suele identificarse con una figura que, aunque a veces temida, es generalmente motivo de burla y cotilleo. No parece que el propio trepa sea consciente de su existencia como tal, sino que, muy por el contrario, existe en cuanto que los demás le adjetivan de este modo, y generalmente sin su conocimiento. Al igual que dicen los gallegos de las “meigas”, se podría decir que no se puede presentar la foto de un auténtico trepa, pero que “haberlos, háylos”.
¿Dónde están los trepas? La Real Academia Española recoge la acepción de “trepa” como “arribista”, ello es “persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos”, y esta definición coincide con la idea que todos tenemos de ellos. Aunque la verdad es que las definiciones y asociaciones que se suelen hacer de los trepas alcanzan notas mucho más despectivas. Vayan las siguientes, recogidas de Internet, a modo de ejemplo: “cazador furtivo de recompensas”, “lameculos, trepas y chupasangres”, “los trepas son premiados a pesar de su incompetencia”, “los trepas, los pelotas, los jetas, los ineptos, los tocahuevos” son algunas de las lindezas con las que se asocia a la denostada figura del trepa.
Arránqueles la máscara. Así que, aunque él no se llame trepa a sí mismo, usted habrá identificado ya a más de uno a lo largo de su trayectoria laboral. Es fácil reconocerlos si se conocen las huellas que dejan (los cuellos pisoteados, los cadáveres en los armarios) y, sin ir tan lejos, a través de las pistas que aquí le ofrecemos. Si se encuentra con un trepa, trate de desenmascararlo, especialmente en público, de modo que quede al descubierto: arrancarles la máscara para que todos puedan ver su cara es el remedio más eficaz para intentar arrebatarles el poder del que se creen poseídos. El que todo el mundo sepa que puede llevar a cabo alguna mala pasada le quita mucho poder, le debilita para el empleo de la trampa y la traición y es posible que huya hacia otros territorios que le evite a usted el peligro que siempre constituye su presencia.
El papel de la ambición y la tranquilidad. Pero, por favor, no confunda al trepa con una persona legítimamente ambiciosa, con alguien que, queriendo prosperar en todos los sentidos, cuenta con la ventaja de estar abierto a muchas posibilidades, que está acostumbrado a ver oportunidades en las circunstancias por donde la vida le va conduciendo, que aprovecha los recursos para incrementar el beneficio de sus acciones, que aporta valores añadidos a su empresa, y que, sobre todo, emplea en todo este proceso el esfuerzo propio, y no el cruel aplastamiento de sus compañeros de trabajo.
La actitud legítima y respetable del ambicioso no es la única correcta que en un puesto de trabajo puede ser asumida. Hay también honrados trabajadores que adoptan una actitud más tranquila, conformista y acomodaticia, que no se preocupan tanto por ir subiendo en el escalafón laboral, sino por cubrir dignamente sus responsabilidades profesionales.
Dependiendo del tipo de actividad en el que uno se desenvuelva, puede ser una actitud vital asumible, aunque no esté muy en boga, en algunos sectores de actividad, pese al competitivo mundo actual. Respetémonos pues los a los otros, incluso a los que tengan pocas pretensiones, y protejámonos de los que no lo hacen, de los que quieren subir demasiado alto a costa de lo que sea, en la confianza de que siempre habrá un rayo que les infrinja su justo castigo, ya que no estarán protegidos eternamente, como en la caja de Faraday en la que se convirtió mi avión, de la eléctrica furia de los cielos.
LECTURAS PARA APRENDER A TENER ÉXITO DE UN MODO ÉTICO
· La gran conexión, de Arnie Warren (Ediciones Urano, 2000): este popular entrevistador de la CBS norteamericana cuenta de modo novelado cómo se realiza lo que llama gran conexión, consistente en el reconocimiento de un rasgo del estilo personal del otro. Interesante, ameno y útil para desenvolverse con soltura y éxito en el entramado laboral de nuestros días. Una ayuda para que deje de haber un desnivel o hueco entre el éxito y nosotros mismos.
· Alcanza el éxito que te mereces y la prosperidad te vendrá por añadidura, de Manuel Giraudier (Ediciones Obelisco, 2000): una serie de consejos, muchos de ellos prácticos, relacionados con el éxito, el aprendizaje, la autoestima, la organización del tiempo, etc., que pueden ser de utilidad para alcanzar unos objetivos ambiciosos de un modo correcto y honrado. No cita sus fuentes, aunque “haberlas, háylas”.
· La lámpara mágica, de Keith Ellis (Ediciones Urano, 2001): todo un manual, explicado paso a paso, para conseguir los objetivos, basado en una estrategia cargada de lógica. Considera el autor que el cerebro es una lámpara maravillosa que puede concedernos todos los deseos si seguimos cuatro sencillos pasos: mantener el rumbo fijo, actuar, gestionar el progreso y persistir. Explica los cuatro pasos con métodos convincentes y sencillos, muy útiles para acceder a los objetivos perseguidos.
PISTAS PARA IDENTIFICAR A UN TREPA.
· Suelen llegar a la oficina un rato antes de la hora de entrada y saludan al jefe como si llevaran ya mucho tiempo trabajando.
· Acostumbran hacerse muy visibles, sobre todo delante de los jefes, para que sepan que están “a pie de cañón”.
· Los jefes se los suelen encontrar con inusitada frecuencia en pasillos, ascensores u otros lugares. Se les acerquen o no, saben cómo denotar su presencia.
· Tienen un curriculum vitae sembrado de muchos cambios rápidos de trabajo.
· Dejan siempre muy claro que son ellos los que han sacado todo el trabajo adelante.
· No es raro oírles hablar mal de sus compañeros, aunque intentan cargar de una falsa objetividad sus comentarios.
· No tienen un gran sentido de la ética ni de otros valores intangibles.
· Tienen mucha facilidad para dejar a la vista los fallos ajenos, sin tener que acusar directamente.
· Son unos hábiles ladrones de las ideas ajenas, hasta el punto de que el propio creador de la idea puede llegar a creer que en realidad se le ha ocurrido al trepa.
· Certeros a la hora de poner zancadillas de todo tipo, y para ridiculizar en público las iniciativas de otros compañeros.
· Gozan de una gran facilidad para mentir con descaro.
· Tratan de destacar sobre los demás a toda costa.
· Utilizan siempre el “yo” y nunca el “nosotros”. El “vosotros” lo usan para acusar a varios a la vez.
· En el fondo son personas con poca autoestima y quizás con problemas psíquicos.
¿CUÁL DE ESTOS CUATRO ESTILOS DEL COMPORTAMIENTO LABORAL ES EL SUYO?
En su libro “La gran conexión”, basándose en una tipología original de Hipócrates, Arnie Warren define cuatro estilos de comportamiento en el entorno laboral que pueden ser de gran utilidad para manejarse en este mundo y tener éxito con las iniciativas que emprendamos. Se trata primero de identificarnos a nosotros mismos en uno de estos grupos, intentando potenciar nuestros rasgos efectivos y vencer los que nos frenan. Luego, habrá que identificar el grupo al que pertenecen los otros y lograr la conexión con ellos. A partir de aquí, el éxito estará mucho más cercano.
· Estilo dominante: es el de aquél que quiere “conseguir todo lo que se propone”. Es eficaz porque es directo y seguro de sí mismo, aprovecha los retos, es competitivo, se orienta a los resultados y no tiene miedo al enfrentamiento. Pero debe vencer sus rasgos de ineficacia, ya que es presumido, dictatorial, brusco, discutidor y con poca capacidad para oír a los demás.
· Estilo influyente: es el de aquél que tiene facilidad para “ser genial con la gente”. Su eficacia estriba en ser una persona sociable, persuasiva, entusiasta, comunicadora, optimista y divertida. Sus rasgos de ineficacia son: exagerar, evitar en exceso el enfrentamiento para mantener la aceptación, hablar demasiado, entusiasmarse en exceso y no concentrarse con facilidad.
· Estilo estable: es el de aquel que consigue “hacer todo lo que se propone”. Es eficaz por su coherencia, su capacidad para escuchar, por su paciencia y perseverancia y por su lealtad. Pero debe vencer sus rasgos de ineficacia, como ser indeciso, pasivo, reacio al cambio, excesivamente sensible y demasiado tolerante.
· Estilo minucioso: es el de aquél que se enorgullece de “no dejar que se le escape nada”. Su eficacia radica en ser un pensador crítico, orientado a los detalles, preciso, discreto y solventador de problemas. Sus rasgos de ineficacia son: exceso de crítica, perfeccionismo, dificultad para el cambio y un exceso de reserva y de sentido de la independencia.
TEST: ¿HASTA DÓNDE ESTÁ DISPUESTO A LLEGAR PARA MEJORAR SU SITUACIÓN LABORAL?
Nadie seguramente reconocería que está dispuesto a pisar cuellos ajenos para ir ascendiendo en el escalafón de su empresa o para ir medrando en puestos de trabajo cada vez mejores: está mal visto ser considerado como un trepa. Pero, por supuesto, puede usted tener legítimas ambiciones que le llevan a intentar mejorar en su situación laboral, sin necesidad de destripar a nadie. ¿O es usted una persona acomodaticia, aunque seguramente trabajadora, que se conforma con su situación sin más pretensiones? Descubra hacia dónde se inclina más su comportamiento laboral con ayuda de este pequeño test. En caso de duda, elija la respuesta que más se aproxime a su opinión, aunque no coincida exactamente con su punto de vista.
1. Si repasa mentalmente su curriculum vitae y como término medio, ¿cuánto tiempo suele durar en cada puesto de trabajo que ocupa?
a) Desde que gané las oposiciones no me he movido del mismo puesto, en el que espero jubilarme.
b) Menos de dos años, como media.
c) Cuatro o cinco años, aunque conforme tengo más experiencia me estabilizo más.
2. ¿Cómo se organiza a la hora de realizar un trabajo en equipo con otros compañeros de su mismo nivel?
a) Consigo escaquearme, de modo que los demás hacen todo el trabajo, pero convenzo al jefe, si sale bien, de que todo ha sido gracias a mí. Si sale mal, yo no he sido.
b) Intento que cada uno de nosotros asuma parte de la responsabilidad, de acuerdo con nuestras actitudes.
c) Trato de dejar muy claro qué es lo que me corresponde, siempre respetando el convenio.
3. De las siguientes opciones, ¿cuál es la que opinión que más le gustaría que tuviera de usted su jefe?
a) Siempre entra y sale a su hora y hace correctamente el trabajo que le corresponde.
b) Es imprescindible en la empresa, siempre está al pie de cañón y es el que más trabajo saca adelante.
c) Es un trabajador muy preparado, eficiente y que siempre aporta iniciativas positivas.
4. ¿Cuál de estas acciones elegiría si quisiera conseguir una mejora importante en su puesto de trabajo?
a) Explicar a mis superiores el por qué es bueno que se me otorgue esa mejora y las razones por las que me la merezco.
b) Seguir haciendo mi trabajo con normalidad, confiando en que se den cuenta de mis méritos.
c) Intentar demostrar a mi jefe que el resto de los compañeros es una panda de incompetentes y que, salvo mi honrosa excepción, no merecen esa mejora.
5. ¿Cuál es el nivel de protagonismo que le gustaría tener en su empresa en comparación con el resto de sus compañeros?
a) Siempre quiero ser el primero, que quede bien claro que soy el que más valgo, pese a quien pese y caiga quien caiga.
b) Creo que hay que hacer como antes en la mili: estarse calladito. Lo mejor es no destacar demasiado.
c) Aunque me gusta que se me reconozca mi trabajo, creo que todos cumplimos un papel importante para que la empresa vaya adelante.
6. ¿Cómo actúa cuando quiere solicitar una subida de sueldo?
a) Intento razonarlo de forma objetiva, en comparación con la situación en el sector y de acuerdo con el incremento de mi productividad.
b) Trato de demostrar que a los demás se les ha subido injustamente el sueldo, cuando soy yo el que saca todo el trabajo.
c) Mi subida de sueldo se establece por lo que marca el convenio.
7. ¿Qué hace cuando tiene que localizar una información importante para realizar un trabajo?
a) Envío una carta certificada con acuse de recibo solicitando la información. Si no me llega, la pelota está en el tejado del otro.
b) Recurro a diversas fuentes distintas y hago seguimiento para lograr una respuesta cuanto antes.
c) Le digo a un compañero que la busque, avisándole que el jefe ha dicho que si no la encuentra se la carga. Y si no lo logra, le echo la culpa ante el jefe, oye.
8. ¿Cómo valoraría su capacidad de establecer cambios en su comportamiento acorde con la situación en la que se encuentra?
a) Me considero un auténtico camaleón. Soy capaz de disfrazarme de lagarterana para conseguir mis objetivos.
b) Yo soy siempre el mismo. ¿Por qué voy a tener que cambiar según el caso?
c) Procuro adaptarme a las características de mi interlocutor, en el lenguaje a utilizar en cada caso, por ejemplo, para que se me entienda mejor.
9. ¿Cómo establece las prioridades en su trabajo, cómo decide el trabajo que debe hacer cada día?
a) Trato de distinguir lo importante de lo urgente, y dimensiono el tiempo que me lleva cada cosa para ordenar las actividades del día sin caer en cuellos de botella.
b) Lo importante es tener contento al jefe: esa es la única prioridad. Cuando no está el jefe en la oficina, considero que estoy de vacaciones.
c) Voy haciendo el trabajo por el orden que va llegando: todo es importante.
10. ¿Cómo suele cumplir usted el horario de su jornada laboral?
a) Soy muy puntual en llegar y también en salir. Mis ocho horitas y lo que quede ya se hará mañana.
b) Aunque me gusta la puntualidad, es más importante el trabajo que hay cada día, por lo que algunos días trabajo más horas que otros.
c) Llego un poco antes de la hora para que el jefe me vea trabajando cuando entre. Cuando se va el jefe, me largo corriendo.
11. ¿Cómo es su actitud cuando se encuentra con su jefe en el ascensor o en los pasillos?
a) Procuro hacerme el encontradizo con mi jefe, ya que es una oportunidad de estrechar mi relación y soltarle cosas de mi interés.
b) Saludo, y, si se tercia, charlo de cosas triviales. A veces aprovecho para aclarar algún detalle pendiente que no necesite ver papeles.
c) Intento que no me vea, para que no me caiga algún “marrón”.
12. Cuándo se encuentra con una cola muy larga para hacer algún papeleo, ¿cómo suele comportarse?
a) Calculo el tiempo de espera y evalúo la posibilidad de volver en otro momento.
b) Pregunto quién es el último y espero lo que haga falta. Estas horas me las pagan igual, oyes.
c) Intento colarme dando cualquier excusa o, si no, le largo el muerto a un compañero que sea más “pringao”.
13. ¿Suele usted elogiar a los demás cuando está interesado en conseguir algo de ellos?
a) Yo no tengo por qué hacer eso nunca.
b) De vez en cuando intento decir algo agradable para que no se enrarezca el ambiente de trabajo.
c) Tengo una serie de frases pensadas, que escribo por la noche, para decir a quien me interesa y cuando me interesa.
Puntuación: cuente los puntos de cada color que consigue.
1. a) Azul. b) Rojo. c) Verde.
2. a) Rojo. b) Verde. c) Azul.
3. a) Azul. b) Rojo. c) Verde.
4. a) Verde. b) Azul. c) Rojo.
5. a) Rojo. b) Azul. c) Verde.
6. a) Verde. b) Rojo. c) Azul.
7. a) Azul. b) Verde. c) Rojo.
8. a) Rojo. b) Azul. c) Verde.
9. a) Verde. b) Rojo. c) Azul .
10. a) Azul. b) Verde. c) Rojo.
11. a) Rojo. b) Verde. c) Azul.
12. a) Verde. b) Azul. c) Rojo.
13. a) Azul. b) Verde. c) Rojo.
Resultados:
· Mayoría de rojos: Puede que no le sorprenda saber que está usted en camino de convertirse en un trepa, si no es que ya es usted un auténtico ejemplar, y tanto más cuanto más puntos rojos haya acumulado. Le conviene pensar en realizar un cambio en su actitud vital, leyendo algunos libros, por ejemplo, que le ayuden a afrontar el trabajo con nuevas perspectivas. Piense que su camino actual le hará ganarse muchos enemigos y que vivirá en un permanente estado de ansiedad. Hay otros valores en la vida más importantes que subir en un escalafón. ¿Ha probado la montaña rusa?
· Mayoría de verdes: No se preocupe, no es usted ningún trepa. Es usted una persona centrada y cabal, aunque con legítimas ambiciones de mejorar económicamente y de ser reconocida profesionalmente. Profundice en el camino emprendido, potencie sus capacidades de liderazgo y de resolución de problemas, y es más que probable que las cosas le vayan viento en popa en el ámbito laboral, e incluso en su vida privada. Mantenga un buen nivel de compañerismo en su entorno de trabajo.
· Mayoría de azules: No solamente no es usted un trepa, sino que seguramente le repatean los trepas. Posiblemente sea usted una persona trabajadora y competente, pero piense que algunos de sus rasgos pueden confundirse con la vagancia o la dejadez. No se oxide, siga aprendiendo y disfrutando del trabajo, como seguramente hacía al principio de su andadura laboral, y no piense que el trabajo es una obligación sin atractivo alguno. ¡Disfrute también del tiempo que dedica a ganar los garbanzos!
· Empate de rojos y verdes: lea los resultados correspondientes a los dos colores. Posee usted seguramente algunos rasgos de la personalidad del trepa y si se deja llevar por ellos podrá acabar convertido en uno. Distinga las legítimas ambiciones de la traición y la maledicencia: conseguirá que sus objetivos se cumplan sin que tenga que hacer daño a nadie.
· Empate de verdes y azules: lea los resultados correspondientes a los dos colores. No es usted en absoluto un trepa, como sin duda ya sabe. Es usted una persona que combina legítimas ambiciones en su desarrollo profesional con rasgos conformistas y acomodaticios. Intente librarse de estos últimos, si quiere seguir prosperando en su trabajo y disfrutando del mismo.
· Empate de rojos y azules: no es muy frecuente que se produzca este resultado, por lo que quizás se haya equivocado al contar los colores. Si no es así, debe ser usted una persona con un poco de bipolaridad en su carácter, que combina etapas eufóricas con otras depresivas. Intente estabilizarse y definir correctamente sus objetivos, tratando de identificar y eliminar sus factores más negativos o que le causan más problemas.¡Ponga un poco más de “verde” en su vida!
· Empate de los tres colores: ¿Ha contado bien? ¿No ha dejado alguna pregunta sin responder?
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