“Es muy fuerte lo que me está pasando”, comenta apesadumbrado Jordi Mollá en una secuencia de la primera película que dirigió, No somos nadie, en donde representa el papel de “El Salvador”, personaje marginal que sobrevive pidiendo en el Metro hasta que por causas azarosas acaba erigiéndose en ídolo de masas y líder religioso, todo a través de un programa de televisión, en un entorno social de ficción, entre sórdido y apocalíptico, que en realidad no resulta tan alejado de nuestro sistema de vida actual.
(Si quiere hacer ya el test, vaya a la siguiente página, pero se perderá todo lo que se cuenta aquí, si no vuelve luego)
Los funerales de Kennedy. Y es que la influencia de la televisión sobre nuestra forma de pensar, actitudes vitales y comportamientos, se revista cada vez de una superior importancia, debido en gran medida al tiempo que se pasa en su presencia, y, por otra parte, a la carencia, muchas veces y en algunos segmentos de población, de fuentes de información alternativas. De alguna forma, la televisión, a través de los aparatos integrados cada vez en mayor número en el hogar así como en otros entornos en donde nos encontramos (medios de transporte, lugares de ocio, espacios públicos), influye sobre nuestras percepciones, interpretaciones de la realidad y comportamientos, hasta el punto de que las mentes más sagaces consideran que puede llegar a amenazar a nuestra propia identidad, cuando no llegar a dominarnos, hacernos elegir por encima de nuestros propios criterios.
De esta opinión era ya en los años sesenta el teórico de la comunicación Marshall McLuhan, el que decía que “el medio es el mensaje”, quien ya entonces percibió lo que ahora es un lugar común, al advertir que “los funerales del Presidente Kennedy probaron con la mayor fuerza la capacidad de la televisión para lograr la participación colectiva en un acontecimiento determinado”. La capacidad de envolver a toda la población en un proceso ritual, es, en el caso de la televisión, muy superior al de los restantes medios de comunicación, aún a la espera de ver cómo incide el desarrollo creciente y vertiginoso de Internet. De momento, se puede advertir que gran parte de las innovaciones que en el ámbito de la comunicación la televisión ha introducido, como los cambios de ritmo, la rapidez, el avance narrativo entrecortado, la publicidad intercalada, las formas de hablar y de hacerse entender, la propia estructura del lenguaje oral y visual, se han generalizado en las diversas vertientes artísticas, desde el cine a la música, pasando por las distintas manifestaciones plásticas, y, ¿qué duda cabe?, sin olvidar a la publicidad, auténtica estrella del fenómeno televisivo.
El ataque de las nuevas tecnologías. Un mundo en el que cada vez la imagen prima más y en donde el segundo, o fracciones de segundo, se convierte en unidad de medida, un mundo en donde, como decía Andy Warhol, todo el mundo puede acceder a quince minutos de fama. Un mundo, sin embargo, que sigue evolucionando de continuo y que, sin llegar a acabar quizás como pronostica Jordi Mollá en su satírica cinta sobre la televisión y su capacidad de manipulación, está abocado a nuevos y sorprendentes cambios, ya en nuestro inmediato futuro.
Parece lógico pensar que el futuro de la televisión estará condicionado por la convergencia con las nuevas tecnologías, como Internet y el nuevo sistema de televisión digital terrestre (TDT), que cada vez atacan con un mayor empuje. El cambio de la televisión analógica a la televisión digital terrestre, previsto para dentro de bien poco, junto con los diversos acontecimientos del sector, como la reciente fusión de las dos cadenas de pago vía satélite y la aparición de nuevos proveedores de televisión, Internet y otros servicios por cable, nos abocan a un nuevo entorno. Tras la disponibilidad de servicios bancarios o de correo electrónico a través del televisor, no parece muy alejado el momento en el que se acceda, por ejemplo, a la representación tridimensional de informaciones visuales o a otras prestaciones que pronto dejarán rezagada a la más calenturienta imaginación. Un buen momento, por tanto, para recapacitar sobre el uso que hacemos de la televisión y para que interpretemos las señales para saber si está llegando realmente a dominarnos y poner, en su caso, el adecuado remedio.
¿Sabe hacer un buen uso de la tele?
Aprenderá a hacer un mejor uso de la televisión si sigue algunos de los siguientes consejos, adaptándolos a su situación personal y familiar:
· Destine un tiempo prefijado a ver la televisión.
· Estudie previamente la programación y elija programas específicos.
· No encienda el televisor si no es para ver un programa concreto, no lo mantenga de ruido de fondo.
· No se deje absorber tanto por la tele que abandone las conversaciones con amigos y familiares o las actividades sociales.
· Vigile los programas que vean los menores, especialmente los programas violentos.
· Destine parte de su tiempo de ocio a la lectura y a oír música.
· No deje la tele puesta si tiene una visita o si alguien quiere hablar con usted.
· Baje el volumen del aparato cuando anochezca.
· Intente de vez en cuando ver programas formativos o documentales.
· No gaste el tiempo indiscriminadamente en hacer zapping continuado entre las distintas cadenas.
· No discuta con los otros miembros del hogar sobre los programas a ver, intente llegar a acuerdos.
Dos perspectivas sobre la televisión.
· La golosina visual, de Ignacio Ramonet (Ed. Debate Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2001): con ayuda de ejemplos extraídos de la televisión y el cine, como un análisis de los telefilms de Colombo y Kojak u otro de la evolución de los spots publicitarios, el autor trata de hacer ver cómo, a través de la televisión, se puede manipular a la opinión pública, así como influir en los propios estilos de vida y en los comportamientos. Obra desmitificadora y profunda, aunque de fácil lectura.
· Telefauna ibérica, de Ferrán Monegal (Ed. Belacqva, 2002): el experimentado periodista catalán ofrece una divertida visión del mundo de la televisión en nuestro país, presentando un manual de criaturas televisivas y especies en peligro de extinción, que va desde las “brincadoras de pluma vistosa”, como Ana Obregón, Bárbara Rey o Norma Duval, pasando por “falcónidos politiformes” como Felipe González o José María Aznar, o por “pollastres” como Jesulín de Ubrique o Ricardito Bofill, hasta “gorriones pintorescos” como Isabel Preysler o Marujita Díaz.
¿Cómo vemos la tele los españoles?
Algunos datos extraídos de los últimos estudios sobre el tema llevados a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), nos ayudarán a conocer cómo solemos ver la televisión, de modo habitual, los españoles de hoy en día:

· Los españoles vemos la tele como media tres horas y media diarias.
· Cada día ve la televisión, al menos en algún momento, el 80 % de los españoles.
· La hora de mayor audiencia es a partir de las nueve de la noche.
· La mayoría de los televidentes van pasando de una cadena a otra hasta que encuentran un programa que les guste.
· Los programas que más suelen verse son los informativos, las películas y las retrasmisiones deportivas.
· La mayoría de los televidentes considera que se emiten excesivos contenidos violentos, incluso en horas infantiles.
· Entre los que ven los informativos en televisión, la mitad aproximadamente elige siempre la misma cadena, y la otra mitad alterna de cadena.
· La mayoría de los niños ven la televisión en los días de colegio de una a tres horas diarias.
El tes en la siguiente página.
TEST: ¿Está dominado por el televisor?
Puede que sea más fácil, en ocasiones, ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, por lo que podemos pensar que otros están demasiado influenciados por la televisión y que nosotros somos más capaces de mantener nuestra independencia de criterio, sea ello o no objetivamente cierto. Para ayudarnos a discernir con mayor claridad nuestra relación con el televisor, podrá servirnos de ayuda el siguiente test, que nos muestra distintas perspectivas sobre el visionado de la televisión que nos pueden ser de utilidad. Conteste a todas las preguntas, sin dejar ninguna sin contestar, eligiendo siempre la respuesta que mejor se adapte a su comportamiento frente al televisor.
1. ¿Cuánto tiempo, como media, dedica diariamente a ver la televisión?
a) Todo el tiempo que estoy en casa estoy sentado delante de la tele, salvo que tenga que ir al baño, en cuyo caso subo el volumen para por lo menos oír lo que dicen.
b) Suelo dedicar un par de horas diarias a ver la tele, aunque algunos días estoy más tiempo y otros apenas la veo.
c) No veo la tele nunca. De hecho no sé si seguirá funcionando una tele vieja que me regalaron.
2. ¿Cómo es su relación con el mando a distancia del televisor?
a) Suele estar situado en un sitio fijo y lo utilizo para encender y apagar y para elegir el programa que quiero ver.
b) Mantengo con el mando una extraña relación: lo suelo tener en la mano y acariciarlo, y me molesta que alguien me lo quiera quitar.
c) No lo suelo usar ni saber dónde está, ya que me basta con encender el aparato si alguna vez quiero ver algún informativo.
3. ¿Tiene la costumbre de mantener el televisor encendido cuando recibe una visita?
a) Suelo bajar el volumen al mínimo o apagarlo, a no ser que esté viendo algo importante, en cuyo caso les pregunto si no les importa que lo mantenga encendido un rato.
b) No suelo tener el televisor encendido, por lo que nunca me sucede esto.
c) Naturalmente. Si vienen será porque quieren ver algo en mi tele, ¿no?
4. ¿Podría recordar las distintas cadenas de televisión que existen en nuestro país y los distintos tipos de oferta?
a) Creo que ya hay cadenas privadas, ¿no?
b) No solo conozco las distintas cadenas públicas (nacionales y autonómicas), las privadas y las locales, así como las programaciones de las distintas ofertas por satélite y por cable.
c) Conozco las principales cadenas nacionales y que hay ofertas por satélite y cable, pero a veces me pierdo con tantas cadenas locales.
5. ¿Suele hacer otras cosas mientras está viendo la tele?
a) Dado que mi vida se centra alrededor del televisor, todo lo que suelo hacer en casa está presidido por el aparato encendido, ya sea comer, discutir o hacer el amor.
b) Normalmente, no, pero a veces alterno un programa de entretenimiento con hojear una revista o charlar en familia.
c) Solo pongo la tele para ver algo especial que me interesa mucho, por lo que no suelo hacer otra cosa mientras lo veo.
6. ¿Le resulta extraño estar en casa sin tener el televisor encendido?
a) Es lo habitual. En caso la tele solo se enciende esporádicamente.
b) No me resulta extraño, aunque las horas en las que estamos en caso, es bastante frecuente que haya alguien viéndola.
c) Si no está la tele encendido siento un vacío que me produce un cierto nerviosismo. La enciendo y me calmo enseguida. De hecho a veces duermo con la tele puesta.
7. ¿Suele ir al cine o prefiere ver las películas en casa?
a) Aunque me gusta ir al cine de vez en cuando, me resulta cómodo poder ver también películas en casa.
b) No voy nunca al cine. Teniendo tele, vídeo y DVD en casa, no entiendo cómo los cines siguen existiendo. Además en el cine no se puede hacer zapping.
c) Donde esté una buena sala de cine con versión original, que se quiten todas las televisiones del mundo.
8. ¿Qué pensaría si alguien le dijera que la televisión es pura alineación y que conduce al descerebramiento colectivo?
a) ¿Qué es, una nueva serie de terror? No puede haber nadie tan loco hoy día.
b) Me parece una exageración: todo depende de saber hacer un buen uso de la tele.
c) Desgraciadamente hay mucho de verdad en eso.
9. ¿Qué opina sobre la publicidad en televisión?
a) Es una pesadilla: hoy día no se puede ver la televisión por la cantidad de publicidad que hay.
b) Me encantan los anuncios, que cada vez son más divertidos, y conozco casi todos los slogans y marcas que salen por la tele.
c) Aunque me parece que la publicidad que hay es excesiva, entiendo que de eso es de lo que viven.
10. ¿Suelen producirse discusiones en su hogar a la hora de ver uno u otro programa?
a) No, con los pocos programas que nos gustan, raro sería que coincidieran.
b) Aunque no suele ser habitual, a veces se manifiestan intereses contrapuestos.
c) No, porque para evitarlo cada uno tiene una tele en su habitación.
Los resultados en la siguiente página.
Respuestas:
1. a) Rojo. b) Verde. c) Azul.
2. a) Verde. b) Rojo. c) Azul.
3. a) Verde. b) Azul. c) Rojo.
4. a) Azul. b) Rojo. c) Verde.
5. a) Rojo. b) Verde. c) Azul.
6. a) Azul. b) Verde. c) Rojo.
7. a) Verde. b) Rojo. c) Azul.
8. a) Rojo. b) Verde. c) Azul.
9. a) Azul. b) Rojo. c) Verde.
10. a) Azul. b) Verde. c) Rojo.
INTERPRETACIÓN DE LOS RESULTADOS.
· Mayoría de rojos: Sin duda se trata usted de una persona cuya vida cotidiana está excesivamente condicionada por el televisor, si no es usted incluso un auténtico adicto a la tele (tanto más cuanto más puntos rojos haya obtenido). Puede que esté dedicando demasiado tiempo a ver la tele, en detrimento de otras parcelas de su vida, personales o familiares. Preocúpese de desarrollar hobbies o actividades alternativas, practicar deporte, leer, charlar, pasear u oír música. No se deje dominar tanto por un aparato de televisión, que no tiene por qué ser el centro de la vida ni del hogar.
· Mayoría de verdes: En líneas generales parece que sabe usted hacer un buen uso de la televisión, eligiendo los programas que le interesan. Su caso parece el de una persona equilibrada, al menos en lo que al uso de la tele se refiere, y tanto más cuanto más puntos verdes haya obtenido. Seguramente no descuida usted los otros aspectos de la vida, tanto en lo que se refiere al ocio, como a la familia y a las actividades sociales y culturales. Lejos de estar dominado por la tele, es usted el dueño del aparato. Siga por el buen camino.
· Mayoría de azules: su perfil se corresponde con el de una persona abiertamente “antitelevisiva”, y ello tanto más cuanto más puntos azules haya cosechado. Ni por asumo es usted una persona dominada por la televisión, aunque sí puede estar algo dominada por su fobia a la misma. Dado que hoy día hay ofertas variadas y diferentes, ¿no cree que podría servirle la televisión al menos como fuente complementaria de información? No es necesario anatemizar a ningún medio de comunicación, sino de hacer un uso adecuado de cada uno. Todos pueden ser válidos en un determinado momento.
· Empate de rojos y verdes: se trata de una persona que está a caballo entre hacer un buen uso de la televisión o dejarse dominar por ella, por lo que le conviene leer los resultados correspondientes a ambos colores. Aprenda a distinguir cuándo hace un buen uso de la tele y cuándo se deja llevar, de cara a mejorar su relación con el aparato. Le será fácil, si está alerta, no dejarse dominar.
· Empate de verdes y azules: parece que usted suele hacer un buen uso de la televisión, viendo los programas que le interesan y sin dejarse “enganchar” por la oferta televisiva, lo que simultanea con algunos comportamientos excesivamente contrarios a este medio de comunicación. Lea los resultados correspondientes a ambos colores, para analizar con mayor profundidad su comportamiento.
· Empate de rojos y azules: las respuestas que ha dado corresponden a un caso relativamente extraño, ya que combina actitudes propias de un auténtico adicto a la tele con otras atribuibles a una persona que manifiesta una cierta fobia hacia el televisor, por lo que se corresponde a un perfil un poco desequilibrado o al menos ciclotímico. También pudiera ser que le gustan solo determinados programas y odie el resto de la programación.
· Empate entre los tres colores: revise sus respuestas, porque habrá dejado alguna pregunta sin contestar.
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