«Lugar, naturaleza, historia: una encrucijada trascendental. Cuanto más cerrado es el ángulo, cuanto más concreta es la ubicación y más singular es la tradición de un territorio, mayor identidad tendrá el vino. Esencia, sensibilidad, convicción, confianza en las raíces más profundas, y el universo entero se concentra en lo más pequeño y precioso. La fortuna del lugar lo es todo: que en una ubicación precisa, la historia y la naturaleza confluyan en un vino de magnitud inabarcable». esto es lo que os cuentan, de entrada, para presentarlos un nuevo vino. Curioso, ¿verdad? Pero si sabemos que cuando anda detrás de todo esto no es otro que Álvaro Palacios, seguro que crece los motivos para incremetar el interés. Porque hablar de Palacios es hablar de grandes vinos…
«Un gran vino es el fruto más puro y fiel de una ubicación privilegiada. Durante siglos, en todas las regiones vitícolas del mundo, la interacción de naturaleza y tradición ha ido seleccionando el viñedo para ofrecer vinos únicos, mitos de nuestro patrimonio colectivo. Porque la viña trasciende, y nosotros, los viticultores, sólo somos los depositarios temporales de un bien que pertenece a todos. Nuestra responsabilidad tiene que ser consecuente con un legado tansobrecogedor», dicen los promotores de este proyecto.
Muchos de los viñedos de España, de una mitología equivalente a sus homólogos del viejo continente, siguen dormidos a la espera de recobrar su talento histórico. Son joyas inimitables que aúnan las virtudes de un carácter original, unas raíces penetrantes y una tradición cruzada por valiosos matices. Históricamente se ha hablado del vino de cada pueblo, y en cada pueblo se conocía y ensalzaba desde siempre la calidad de sus viñedos. Hoy tenemos la oportunidad de rescatar esa antigua riqueza que aúna transparencia y sabiduría ancestral.
Y así llegamos finalmete al asunto, y así nos concluye el mensaje: «Nuestro vino de Gratallops, el primero de los nuevos vinos de municipio que se elaboran en España, responde a una llamada profunda: la voluntad de redescubrir la amalgama de sensaciones que la viticultura tradicional de la garnacha y la samsó ofrece en los parajes de este pueblo. Con él enfatizamos el sentido de la localización y llamamos al vino por su nombre, por el lugar del que procede, retomando los valores más auténticos y leales. Somos espejo de un Priorato muy específico, cruzado por vientos dispares, sembrado de pizarras diferentes, crisol de fuerzas que confluyen en la identidad histórica de este territorio concentrado».
Una presetación de un vbino tan bonita y poética, no podía menos que compartirla con ustedes…
Home