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Lo más grotesco del asunto no es el abrir heridas restañadas

Eastwood, Mandela, Franco y Zapatero

Aquí hubo una amnistía política en 1977 en la que se excarceló a gente con crímenes horribles

07 Feb 2010 - 11:30 CET
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Nada más acabarse el ominoso apartheid y llegar al poder, el presidente sudafricano Nelson Mandela integró a sus antiguos verdugos en el país multirracial que comenzó a construir.

Lo dice en el filme ‘Invictus’, de Clint Eastwood: «No me interesa el pasado, sino el futuro«.

Así, en vez de un revanchista baño de sangre sentó las bases para el despegue de un país que parecía imposible.

Ése es, en resumen, el argumento de la película de Eastwood. La anécdota: cómo consiguió que el equipo nacional de rugby, compuesto por blancos, fuese aceptado como propio por la otrora marginada y reprimida mayoría negra.

Semejante metáfora de la concordia sucedió sólo hace 15 años. Y nadie ha reclamado el castigo retrospectivo de los crímenes del apartheid.

Aquí, en cambio, acabo de leer un vitriólico artículo, en el periódico de más circulación de España, pidiendo el castigo de crímenes del franquismo, es decir, de hechos ocurridos hace 70 años.

Con todo, lo más grotesco del asunto no es el abrir heridas restañadas que, en cambio, otros países que anteponen la fraternidad al rencor han dado ya por olvidadas. No.

Lo peor es que aquí también se dio -en falso, a lo que se ve- el paso propugnado por Mandela, el político más importante de finales del siglo XX.

Aquí hubo una amnistía política en 1977 en la que se excarceló a gente con crímenes horribles -asesinos de ETA, por ejemplo-, algunos de los cuales en seguida volvieron a delinquir.

Pero ése fue el precio del olvido, del perdón y de la reconciliación. Seguir a estas alturas exigiendo vindicaciones unilaterales, supone un desatino y la más atroz de las injusticias.

 

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