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A Jaime Peñafiel no le ha gustado nada que Isabel Sartorius airee en su autobiografía detalles ligados a su noviazgo con el Príncipe Felipe o los episodios que tienen a su madre, que tuvo problemas con las drogas, como protagonista —Isabel Sartorius: «Mi madre me mandaba a comprar droga y yo iba; hubiera hecho cualquier cosa por ella»–.
En ‘Mi semana’, su tribuna semanal de ‘Crónica’, suplemento dominical de ‘El Mundo’, el 26 de febrero de 2012, el colaborador de ‘Sálvame’ arremete contra la autora del libro ‘Por ti lo haría mil veces’ (MR Ediciones) por creer «innecesarios» algunos pasajes del ejemplar.
El hecho de que haya revelado el drama familiar que atravesó cuando su madre sucumbió a la heroína, permite a Peñafiel lanzarle a Sartorius la primera puya:
A los dos nos une parecidas tragedias por culpa de la droga. Su madre y mi hija nos dejaron profundas heridas que no cicatrizarán jamás. […] Pero una diferencia nos separa: yo no escribiré nunca un libro sobre este drama que vivimos los dos. Como ella lo ha hecho sin ningún pudor. Y lo que es peor: sin necesidad de hacerlo.
El periodista define a la Isabel de la época en la que era la primera pareja de Felipe de Borbón como una «mujer inestable, posesiva, que, como escribe en su libro, ‘pasaba por 10 estados de ánimo a lo largo del día'».
Hoy, después de leer su libro, incluso mucho antes, llegué a la misma conclusión que ella: «Hubiese sido un desastre». No porque se considerara indigna del heredero a causa del drama que estaba viviendo con su madre, sino porque era una mujer inestable, posesiva, que, como escribe en su libro, «pasaba por 10 estados de ánimo a lo largo del día». Esto no hay enamorado ni dios que lo soporte. Pero a aquel primer amor, buen partido que le sacó. Cierto es que, durante un tiempo, se negó a hablar de ello, hipócritamente. En el fondo le gustaba seguir siendo quien ni pudo ser. En el libro, ni su hija ni el príncipe ni Letizia ni la reina ni Javier Soto deberían estar, a pesar de sus buenas intenciones. De su madre, ¿qué decir? Mejor un respetuoso silencio por su dramática y sórdida existencia que Isabel supo llevar hasta el final con admirable y sacrificada entrega.
Mejor dejar todo como estaba. Niña Isabel, todo lo que cuentas no era necesario. Con el libro o sin él, te querríamos igual.
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