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MALOS Y TONTOS: HAY GENTE PARA TODO

Crimen e Inteligencia: los 7 criminales más listos de la Historia

Diferentes definiciones de la inteligencia y diferentes teorías sobre cómo medirla

Fernando Veloz Actualizado: 14 Feb 2025 - 14:06 CET
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La inteligencia es una capacidad mental general que involucra la capacidad de comprender ideas complejas, resolver problemas, aprender rápidamente y adaptarse al entorno.

A lo largo de la historia, ha habido diferentes definiciones de la inteligencia y diferentes teorías sobre cómo medirla.

Una de las formas más comunes de medir la inteligencia es a través de las pruebas de coeficiente intelectual (CI).

Estas pruebas miden la capacidad cognitiva de una persona en relación con la de la población general.

El resultado de la prueba se expresa en forma de un número que representa el «nivel de inteligencia» de una persona.

Hay varias pruebas de CI disponibles, y cada una de ellas tiene sus propias fortalezas y debilidades.

La prueba de CI más utilizada es la Escala de Inteligencia de Wechsler para Adultos (WAIS), que evalúa habilidades como la comprensión verbal, el razonamiento perceptivo, la memoria y la velocidad de procesamiento.

Sin embargo, hay críticas a las pruebas de CI y la idea de que pueden medir completamente la inteligencia de una persona.

Algunas personas argumentan que las pruebas de CI no consideran otros factores importantes que influyen en el rendimiento cognitivo, como la motivación, la creatividad, la resolución de problemas en situaciones cotidianas, la inteligencia emocional y las habilidades sociales.

MALOS Y TONTOS

Hay muchos criminales medio tontos y bastantes muy patosos, pero los de este vídeo fueron geniales y sus golpes parecen de película.

Los que te presentamos en el vídeo son casos y personajes excepcionales.

Lo normal estadísticamente, lo habitual, lo corriente, suele ser lo contrario: los malos son bastante brutos.

¿Cómo influye la inteligencia en la criminalidad?

En el pasado autores como Lombroso y Goring afirmaban que la conducta criminal se debía básicamente a déficits cognitivos. Además, según la teoría de la degeneración, la “debilidad moral” se transmitía y se intensificaba de generación en generación, lo cual explicaba a su vez las clases sociales. Afortunadamente estas hipótesis han sido abandonadas de forma mayoritaria.

Según la American Psychological Association (APA), la correlación entre criminalidad y cociente intelectual es significativa pero baja, aproximadamente de -0,2. Esto indica que, de media, las personas que cometen delitos son ligeramente menos inteligentes que aquellas que no los cometen -o bien que las que los cometen y no son descubiertas.

Concretamente se ha encontrado que existe un número particularmente grande de personas que han cometido delitos en el rango de entre 80 y 90 puntos de CI, que se corresponde con la inteligencia límite, es decir, por debajo de la media pero sin llegar a la discapacidad intelectual.

No obstante, en estos casos las puntuaciones de inteligencia suelen ser más bajas en el CI verbal que en el manipulativo, que tiende a ser normal. De forma más específica, se dan con frecuencia déficits verbales, visoespaciales y visomotores; se ha sugerido que estos resultados en realidad indican déficits cognitivos leves debidos a variables socioeconómicas

Historia personal y factores socioeconómicos

A pesar de la tendencia humana a dar explicaciones unicausales e internalistas a la conducta, lo cierto es que las condiciones sociales y económicas resultan más relevantes en la aparición del comportamiento delictivo. Aun así no hay que despreciar el peso de los factores temperamentales y cognitivos.

La historia personal temprana es clave para explicar la delincuencia. Los hijos de padres que los maltratan, negligen sus responsabilidades, no desarrollan un apego seguro o consumen alcohol y drogas tienen una probabilidad mayor de consolidar patrones de comportamiento antisociales. Lo mismo sucede con las familias conflictivas y con muchos hijos.

Además, como es obvio, las personas jóvenes nacidas en familias negligentes o en entornos desfavorecidos tienen menos oportunidades para ajustarse satisfactoriamente a la sociedad (p. e. encontrar un trabajo digno) y reconducir sus patrones de conducta desadaptativos. En esto influye también el modelado negativo por parte de las personas significativas.

Algunos factores psicosociales particularmente relevantes en la delincuencia son el desempleo y las dificultades de aprendizaje, especialmente las que se relacionan con la lectura. Los niños con retrasos en el desarrollo cognitivo y con problemas académicos tienen una mayor probabilidad de acabar teniendo un CI bajo y de cometer delitos.

Cabe destacar la teoría de la personalidad delictiva de Eysenck, según la cual la conducta criminal se debe a fallos en la adquisición de la conciencia moral.

Ésta se desarrollaría por condicionamiento de evitación del castigo y de la ansiedad asociados a la conducta antisocial.

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