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En 2017 Francisco Javier Cuenca Villalba se ordenaba sacerdote a los 29 años.
En un país donde las vocaciones religiosas escasean la figura del Francisco Javier, o el ‘padre Fran’, llamó la atención de los medios de comunicación. Nadie se imaginaba que seis años después acabaría en prisión provisional por presuntos abusos sexuales. Fran, muy popular en la localidad de Vélez-Málaga donde ejercía sus funciones de párroco, al tomar los hábitos seguía una tradición familiar.
Como ocurre las dinastías de médicos, notarios o artesanos, el hoy encarcelado heredó la tradición de su madre un monja clarisa de Málaga que, eso sí, dejó los hábitos poco antes de quedarse embarazada de su hijo. Paqui, que así se llama la mujer en la vida civil, dejó los hábitos pasados los treinta años, pero no se desligó nunca del ámbito religioso. Llegando a ser catequista. Un ambiente, el de la fe, que influyó mucho en la vida de Fran y que le hizo tomar él mismo los hábitos para seguir la carrera que dejó su madre para darle la vida.
La historia de Fran cambiaría radicalmente cuando el pasado mes de agosto una mujer que aseguraba ser su novia. En ese momento ejercía su labor pastoral en Melilla y sus superiores eclesiásticos tomaron la decisión de trasladarle a Málaga. Tal y como recoge a Borja Méndez en VozPópuli, desde el Obispado de Málaga sólo reconocen saber que Fran tenía pareja y decidieron que abandonar la ciudad autónoma, pero no tenían ninguna información sobre sus presuntos abusos.
Ya en Málaga, Fran acudió el 6 de septiembre a una comisaría de la Policía Nacional a su expareja, la mujer de Melilla, por haberle robado presuntamente dinero y material informático. Según él, la mujer actuaba por despecho porque el sacerdote había iniciado una nueva relación en Málaga. No se imaginaba el sacerdote que empezaba así una historia que llevaría a su detención por parte de la Unidad de Atención a la Familia y la Mujer (UFAM) de la Policía Nacional.
Francisco Javier comulgando.
La Policía Nacional descubrió material que les llevó a organizar la detención del sacerdote por presunto abuso sexual de varias mujeres de entre 25 y 35 años. Supuestamente estos actos tenían lugar en los viajes y convivencias con feligreses -y feligresas- que organizaba la parroquia de Fran. Viajes a lugares como Fátima, Lourdes o Roma. También habrían tenido lugar en casas parroquiales. Presuntamente grabó estos actos y habría utilizado drogas para favorecer la indefensión de las mismas. Aún se desconoce qué sustancia utilizó para lo mismo ni el número exacto de las víctimas, pero, según la Policía Nacional, se calcula que, cómo mínimo, habría una decena de mujeres víctimas. Cinco de ellas ya han sido identificadas.
Según el citado reportaje de VozPópuli, el sacerdote no ha colaborado en ningún momento con los agentes desde que fue detenido. En dependencias policiales sí que dijo sentirse «avergonzado» por toda esta historia, pero ni ha corroborado los hechos ni ha ayudado a la identificación de las posibles víctimas. Por otro lado, la Policía descarta que las grabaciones que realizó Fran se hayan usado para algo que no sea «consumo propio» por lo que no se cree que el material esté circulando.
Después de que se decretara prisión provisional y el escándalo saltara a los medios el 25 de septiembre, el Obispado de Málaga, al igual que la diócesis de Melilla, han intentado dejar claro que sólo tenían conocimiento de la relación sentimental de Fran con la mujer melillense y que fue a través de la confesión de este última como descubrieron la existencia de esta relación sentimental y que este fue el motivo que propició el traslado de parroquia alegando «problemas de salud» de Francisco Javier, pero que en ningún momento esta decisión tenía que ver con los presuntos abusos a mujeres. La investigación por parte de la UFAM de la Policía Nacional.
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