Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

RESUELVE CRIMEN TRAS SEIS AÑOS DE INVESTIGACIÓN

Un iPad hundido cinco años en el Támesis desvela una trama criminal digna de Hollywood

El dispositivo Apple, recuperado por un agente con detector de metales, contenía pruebas clave que vincularon a tres criminales con un tiroteo y un robo internacional

Fernando Veloz 12 May 2025 - 09:46 CET
Archivado en:

Más información

La filtración del iPhone 18 revela el componente clave para el futuro de Apple Intelligence

Lo que parecía un simple hallazgo en el lecho del río Támesis terminó convirtiéndose en la pieza clave para resolver un intrincado rompecabezas criminal que mantenía en jaque a la policía londinense desde hacía seis años.

Un iPad Mini, sepultado bajo el barro y la arena durante más de cinco años, ha permitido desentrañar una trama que conecta un intento de asesinato, el mayor atraco de la historia británica y el robo de valiosas antigüedades en Suiza.

A finales de noviembre de 2024, un agente de la policía metropolitana de Londres equipado con un detector de metales realizaba una búsqueda rutinaria cerca del O2 Arena, en la zona este de la capital británica. Entre la arena y las rocas de la orilla del Támesis, el detector señaló la presencia de un objeto metálico. Al excavar, el policía encontró lo que parecía ser un iPad completamente cubierto de barro, tras haber permanecido sumergido durante más de cinco años.

El dispositivo fabricado por Apple estaba inutilizable tras su larga exposición al agua, pero los técnicos forenses lograron extraer la tarjeta SIM, que milagrosamente había resistido el paso del tiempo y la humedad. Lo que nadie podía imaginar es que aquel pequeño chip de plástico contenía la información necesaria para resolver un caso que había desconcertado a los investigadores durante años.

Un tiroteo sin resolver

La historia se remonta a 2019, cuando Paul Allen, un conocido delincuente británico, fue tiroteado en la cocina de su casa de alquiler en Woodford, al este de Londres. Allen, que había cumplido 18 años de prisión por participar en lo que se considera el mayor robo a mano armada en la historia del Reino Unido (un atraco a un depósito de Securitas en 2006 por valor de 54 millones de libras), sobrevivió al ataque, pero quedó paralítico desde el pecho hacia abajo.

La investigación del tiroteo se había estancado por falta de pruebas concluyentes y sospechosos claros. Sin embargo, todo cambió cuando los investigadores analizaron la información contenida en la tarjeta SIM del iPad recuperado del Támesis.

Las pruebas digitales que no pudieron borrarse

El análisis del dispositivo reveló un auténtico tesoro de información: registros de llamadas entre los sospechosos, datos de GPS que los ubicaban en la casa de Allen, e historiales de compras en Amazon y eBay de teléfonos desechables no registrados que habían utilizado para comunicarse.

Los investigadores descubrieron que la tarjeta SIM había estado activa hasta poco antes del tiroteo y contenía datos de un rastreador GPS que los criminales habían instalado en el vehículo de Allen para seguir sus movimientos. Esta información permitió a la policía reconstruir meticulosamente los pasos de los sospechosos antes y después del ataque.

Los responsables: un trío de criminales experimentados

Las evidencias apuntaban directamente a tres hombres: Louis Ahearne, Stewart Ahearne y Daniel Kelly. El fiscal del caso describió su plan como un intento de asesinato «meticulosamente investigado y planeado por un equipo de hombres bien versados en la criminalidad».

La investigación reveló que los hermanos Ahearne y Kelly habían vigilado sistemáticamente a Allen antes del ataque. Tras el tiroteo, Louis Ahearne reconoció que habían hecho una parada en su recorrido mientras huían del lugar del crimen, precisamente para deshacerse del iPad arrojándolo al Támesis, en un intento por eliminar pruebas incriminatorias.

El detective Matt Webb, encargado de la investigación, confesó: «Sabíamos que el vehículo se había detenido en John Harrison Way y que Kelly se había bajado del vehículo, pero no más que eso. No sabía a dónde fue, no sabía lo que pasó».

La conexión internacional: el robo del jarrón Ming

Pero la historia no terminaba ahí. El análisis de los patrones de desplazamiento y la logística utilizada por los tres criminales reveló una sorprendente conexión con otro delito: el robo de un valioso jarrón chino de la dinastía Ming del siglo XIV en el Museo de Arte del Lejano Oriente de Ginebra, Suiza.

Los sospechosos habían utilizado el mismo vehículo, un Renault Captur alquilado, para ambos crímenes. Esta conexión llevó a su extradición y posterior condena en Suiza a tres años y medio de prisión, además de una multa de 60.000 dólares y la prohibición de volver a entrar en el país.

Justicia tras seis años de investigación

El 25 de marzo de 2025, los tres acusados fueron declarados culpables por un tribunal de Old Bailey de conspiración para cometer asesinato. La sentencia definitiva se conocerá el próximo 25 de abril, poniendo fin a una investigación que ha durado más de seis años.

Uno de los inspectores del caso ha indicado que esto está «lejos de ser el final» de las investigaciones, sugiriendo que podrían surgir nuevas revelaciones a partir de la información extraída del iPad.

Un caso que desafía la ficción

Lo que comenzó como un simple dispositivo olvidado bajo las aguas del Támesis se convirtió en la clave para desenmascarar a un trío de criminales y cerrar dos casos aparentemente inconexos. La historia ha captado la atención de los medios internacionales por sus elementos dignos de un thriller cinematográfico: un exconvicto relacionado con uno de los mayores robos de la historia británica, un tiroteo que lo deja paralítico, criminales que huyen arrojando pruebas a un río, un iPad que sobrevive cinco años bajo el agua, y una conexión con el robo de antigüedades en un museo suizo.

Este extraordinario caso demuestra cómo la tecnología, incluso deteriorada por el tiempo y los elementos, puede conservar secretos capaces de cambiar el curso de la justicia. También pone de manifiesto la persistencia de los investigadores, que nunca abandonaron un caso que parecía imposible de resolver hasta que un simple detector de metales desenterró la pieza clave del rompecabezas.

El iPad, diseñado para conectar personas a través de la tecnología, acabó conectando a tres criminales con sus delitos, demostrando que en la era digital, borrar completamente las huellas de un crimen es prácticamente imposible, incluso arrojando las pruebas al fondo de un río.

Más en Ciencia

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by