Más información
Una chapuza en toda regla.
Y además mortal de necesidad.
Lo cierto es que las 13 personas que murieron asfixiadas y abrasadas en la discoteca Teatre en Murcia en la madrugada del 1 de octubre de 2023 podían haberse salvado su vida de no haber mediado la incompentencia institucional.
El local siniestrado tenía una orden de cierre desde enero de 2022, pero nadie en el Ayuntamiento capitalino, regido en aquel momento por José Antonio Serrano (PSOE), se molestó lo más mínimo en comprobar que se cumpliese con lo mandatado en una investigación que había dado comienzo en el año 2020 cuando el consistorio estaba gobernado por el Partido Popular.
Lo curioso del asunto es que cuando entraron los socialistas en la corporación pimentonera, el nuevo concejal de Urbanismo, Andrés Francisco Guerrero, puso de su puño y letra que se daría el oportuno traslado a los servicios de inspección para comprobar el correcto cede de la actividad y si el titular, de manera voluntaria, hubiese seguido teniendo el local abierto, se procedería a la ejecución forzosa por parte del Ayuntamiento de Murcia con, entre otras medidas, el precinto del recinto.
Incluso, con esa orden de cierre de enero de 2022, aun en octubre de 2022 se llegó a hacer otra inspección por parte de los servicios municipales de urbanismo de la que no se tuvo constancia nunca de lo que se dictaminó en esa visita.
Y al final la dejadez administrativa causó un fatal incendio que se llevó por delante la vida de 13 personas y dejó heridas a varias decenas.
Una moción de censura que lo cambió todo
Hay quien sostiene que la catástrofe acontecida en este establecimiento de ocio de la capital murciana no se debe politizar.
Sin embargo, resulta triste y paradójico comprobar que quienes debían de haber seguido al dedillo la gestión administrativa emprendida por el equipo saliente del PP prefierieron dedicar los dos años que tenían por delante, desde mediados de 2021 hasta mayo de 2023, para estar pendientes de otro asuntos.
Y todo ‘gracias’ a la traición de Ciudadanos, a una ambiciosa Inés Arrimadas que se dejó embaucar por el socialista José Luis Ábalos para perpetrar una moción de censura en cadena que, arrancando por Murcia capital, incluía a la propia Región de Murcia, a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento capitalino, al Gobierno de Castilla y León y al de la Junta de Andalucía.
Sin embargo, la jugada le salió mal a la política naranja porque, tanto en Madrid capital como en la Junta andaluza y en el Ejecutivo castellano-leonés, sus líderes locales y regionales no estaban por la labor de traicionar al PP. En el Gobierno de la Puerta del Sol fue la propia Isabel Díaz Ayuso la que se adelantó a la puñalada del anaranjado Ignacio Aguado disolviendo la Asamblea y convocando elecciones anticipadas y en el Ejecutivo regional de Murcia varios diputados de Ciudadanos se pasaron al Grupo Mixto para seguir apoyando al popular Fernando López Miras.
¿Consecuencia? Ciudadanos se quedó sin el prometido sillón autonómico presidencial en Murcia y dos años después sufrió un desfondamiento hasta la práctica desaparición en las instituciones.
Eso sí, dejó en el Ayuntamiento de Murcia a un equipo socialista que, visto lo visto con la discoteca Teatre, no estuvo muy diligente a la hora de acometer el trabajo administrativo que tenía sobre la mesa.
Más en Catástrofes
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home