La manifestación contra el PP

“Más unidos que nunca”, proclamaba la Luz de las Civilizaciones hace un año que nos encontrábamos los españoles bajo su augusto mandato. Pocas de sus palabras reflejan con tanta precisión la mezcla de bobería y embustes que caracterizan el devenir de este ente, ZP, el líder de los lapsus, al que se le escapa por todas partes su proyecto de disgregar España, ahora hasta despiezando los ríos. La prueba de esta inquebrantable unidad la hemos dado estos días.

Ayer habrá salido una manifestación en Madrid cuya primera convocatoria constituía una descarada manipulación del dolor de los ecuatorianos, para convertirla en un apoyo masivo a la política que había estallado con el atentado de Barajas. Es decir, que, para protestar contra los asesinos, se habrá salido a la calle para respaldar a quien les había devuelto a una posición de fortaleza con la negociación y su consecuente reconocimiento como interlocutores políticos. Era una desvergüenza de un sindicato, la UGT (¡Dios mío, qué estará pensando don Nicolás Redondo!), convertido en sicario de ZP, de la que se vio obligado a desmarcarse hasta Comisiones Obreras, que seguramente también fue durante algunas horas un sindicato de fachas, como todos los que se atreven a disentir de los Pesebres Reunidos ZP.

Ante tan burda trampa, el PP y el Foro de Ermua –nunca la AVT, que desde el principio se negó a salir con quienes los habían estado crucificando durante tres años- exigieron la inclusión de la única palabra que define lo que hay que conseguir venciendo a ETA: libertad, la de vivir no sin muertos, sino sin temor a que te maten si te sales del carrilico. Somos muchos los que nos negamos a vivir “bajo tolerancia” (aquel título magnífico de José Agustín Goytisolo) de los hombres de la porra de la ETA, los vigilantes de una democracia tutelada que estaría envilecida para siempre tras un pacto con semejantes canallas.

Esa es la PaZP de Rodríguez, la de ceder, la de pactar, la de aguantarnos porque, hombre, no nos matan. Esa, la Paz por la que habrán salido a la calle en Bilbao los peores de entre los socialistas vascos –no lo hará «Basta ya»-, convertidos en borreguillos al servicio de ‘Escabetxe’, que, obviamente, no quiere una derrota de ETA que dejaría sin coartada al nazionalismo, y que por eso incluye en su lema “el diálogo” para que no quede duda de lo que se persigue: “fin de la violencia”, sí, pero a través de conversaciones inevitablemente políticas (si no, de qué leches hay que hablar, aparte de en qué comisaría se entrega usted).

Y si algo define la calidad de un hombre de Estado es justamente su capacidad para unir a su nación, y no para desguazarla y cavar zanjas ideológicas cada día más insalvables. Si hasta la Asociación de Ecuatorianos de Madrid se desvinculó de la convocatoria ante el uso miserable que la UGT hacía de la misma.

Por eso, viendo la que le caía encima, tras negarse a incluir la palabra “libertad”, la UGT-PSOE decidiría finalmente cambiar la pancarta para hacer volver a CC.OO. y forzar al PP a acudir. Esa era la trampa. Cualquier cosa que hicieran ya se volvería contra ellos. Si iban, porque se sumaban a una manifestación concebida para alabar a un atribulado ZP y esgrimirse contra quienes se habían opuesto al “proceso”. Y si no iban, porque serían acusados de ir contra la unidad que predicaban, que es lo que mañana mismo Zapatero les arrojará a la cara en el Congreso.

Les han faltado reflejos, como tantas otras veces. Ante la absoluta falta de liderazgo y el enfrentamiento que ZP ha traído a España, era el momento de proponer un nuevo rumbo, de presentarse como la única fuerza capaz de impedir el fin de la Nación y el despiece del Estado. De llevar ese proyecto a las calles junto a esa inmensa mayoría de españoles no embargados aún por el odio que la actual izquierda titiritera ha inoculado desde que le gritaba asesino a Aznar para hacerse con el poder.

Puede que, en ese sentido, en el del liderazgo, el PP se haya equivocado. Pero, por otra parte, si no estaba suficientemente claro que la manifestación era en apoyo a ZP y contra el Partido Popular, ha venido la Unión de Actores a explicarlo. Gracias le sean dadas a los mantenidos de la Calvo, porque ahora ya nadie pondrá en duda que la segunda pata de la estrategia de ZP era aislar al PP, excluirlo de la vida política según el modelo firmado por ellos con el Carod de Perpiñán en el Pacto del Tinell. Una estrategia de alianza de las civilizaciones con los nacionalistas que dejara fuera para siempre de la posibilidad de gobernar a cualquiera que representara una opción unitarista para España, es decir, la de su pervivencia como nación.

Ese es el cordón sanitario que, con inquina fanática, con odio de comisario de checa y gulag ha expuesto Federico Luppi en su manifiesto de adhesión a la manifa: «Nos va la vida en crear un cordón sanitario para que esta derecha cerril y casi gótica no se adueñe del pensamiento español.” Y así, tras plantear el aplastamiento de la mitad de España, en medio de un rosario de descalificaciones apabullantes, ha aducido que es para evitar “que se rompa”: ni los más insignes golpistas de nuestra ajetreada historia lo habrían explicado mejor. Unos auténticos demócratas, vaya, que meterían a todo el que se les opone en campos de concentración. Sanitarios.

No lo olviden, pues, los que de buena fe hayan salido ayer sin otra intención que expresar su rechazo al terror. Su finalidad oculta era acabar con la oposición al “proceso”. Es decir, con la Oposición, con cualquiera que no estuviera de acuerdo no con el fin del terrorismo, que eso no lo discute nadie, sino con cómo conseguirlo y con las consecuencias que traería. Y estos antidemócratas, estos totalitarios de diseño, que acusaron desde el principio a todo disidente con su “proceso” de fascista y asesino, de estar esperando los crímenes, de buscarlos, al menos han terminado por revelar su verdadero rostro. Su indecencia es inacabable, infinita, como las ansias de Zapatero de gobernar para siempre. Y si las urnas no lo impiden, lo que nos espera es Chávez, otra vez el PRI, siempre el Régimen en el horizonte.

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