Kafkiano, larriano, quevedesco y sanchopancesco
(Panfleto revolucionario. ¡La lástima es que sea en verso, pero a lo mejor así se guarda mejor en la memoria del auditorio! Por otro nombre: Manifiesto soberano de la población o del votante sobre el votado o delegado)
La relación de la ciudadanía con el poder es kafkiana,
La relación de la ciudadanía con la Administración es como Mariano José, larriana.
La relación de la ciudadanía con la burocracia es un revoltijo de absurdos, como el Amadís de Gaula,
La relación de la ciudadanía con toda estructura, incluida una de las mayores locuras e insanias de papeleo: la sanitaria, es como Miguel de Cervantes, saavedriana.
La relación de la ciudadanía con y en la Iglesia es, dada la condición maliciosa, aparencial y mentirosa humana, es, como Baltasar, graciana,
La relación de la ciudadanía con el sueño del Derecho, calderoniana.
La relación de la ciudadanía con el prójimo es como la del autor de la primera novela picaresca, Diego Hurtado de Mendoza y Lemos, lazarilla-mendocina o mendociana
La relación de la ciudadanía con las fembras es, como la del arcipreste y la del marqués, serranillas hiteño-santillanas.
La relación de la ciudadanía hembrista con los hombres, tirana.
La relación de la ciudadanía con las leyes, quevedesca.
La relación de la ciudadanía con las normas es profana.
La relación de la ciudadanía con Dios, apenas vaticana.
La relación de la ciudadanía con quienes les sacan los impuestos, sanchopancesca.
La relación de quienes dicen servir al pueblo –pura mentira siempre-con los que les pagan el sueldo por imposición de los de arriba es política, hipócrita, eclesial, jesuítica y grotesca.
Y estos mandamientos analíticos se encierran en cuatro, que en realidad sólo son tres:
-No importen los derechos dirigidos que os den, sino quién es el director que los dirige, ese es el rector, el que os rige y acaudilla, BOE en mano para hacer se su santa voluntad, la ley.
-Desconfiad de quien asegure que quiere daros más “derechos” (significa “dirigidos”, y es participio pasivo irregular del verbo dirigir). Ese o esa es quien os quiere dirigir, detentando para su estamento todo activo poder.
-No os dejéis engañar por los cantos de sirena del mando, que buscan que vuestro entendimiento estrelléis contra las rocas de la necedad, no sois en nada “ciudadanos” sino súbditos del presidente o del rey.
-Cuando cambian quienes mandan, los de abajo sólo cambian el nombre del amo, aunque ahora les llamen ciudadanos y no esclavos –como siempre- o súbditos o subordinados, igual hoy que ayer.
LLAMAMIENTO FINAL
¡Subordinados de todos los países, enteraos y uníos sindicalmente (“sindicato” significa “unión”) contra vuestros mandantes, que engañan ya desde el momento en que dicen ser mandatarios; sin programa electoral de obligado cumplimiento, nada podéis mandarles: el engaño, el bulo y el fraude electoral del Estado en golpe contra la ciudadanía está garantizado!
JPM
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