ABRIENDO LOS OJOS A QUIEN QUIERA ABRIRLOS PARA DARSE CUENTA DE LA PUTRIDEZ, MUCHO MÁS GRAVE DE LO QUE YA SE APRECIA A SIMPLE VISTA, DEL MODELO DE DICTABLANDA DE LAS ÉLITES POLÍTICAS BAJO EL QUE NOS ENCONTRAMOS, SIN SALIDA PORQUE EL MODELO CORRUPTO LAS HA CEGADO TODAS.
Pensaba María Angustias, la Canónica:
«Una democracia real seria aquella en que la acción de gobierno fuese decidida en las urnas por los votantes, lo secundario en este caso serían los nombres de los mandatarios encargados de llevar a cabo las órdenes concretas expresadas por los votantes en las urnas,
«La acción es el poder y eso es lo que tienen hoy todos las señorías sublevadas ante el pueblo. ¡Son los poderes los que deberían estar siempre a disposición del pueblo, los derechos más bien deberían concedérseles a los representantes para que puedan hacer lo que se les ordena en las urnas, y no otras cosas diferentes!»
-María Angustias, perdone que le interrumpa en su exposición –dijo uno de los lectores que veía cómo se estaba echando a perder una narración ágil, pero que había entrado en unos párrafos discursivos que podían desbaratar ese dinamismo alcanzado-. ¿Podría usted exponernos gráficamente los puntos principales que definirían una Democracia real, pero esquemáticamente sin entrar en detalles farragosos?
La Canónica asintió con la cabeza y activó su dispositivo móvil, el cual al cabo de unos segundos respondió de esta manera, reproduciendo una crítica o comentario a un libro publicado el 1 de enero de 2004, algunas décadas antes, todavía durante el Gobierno de Aznar, puesto que ya se veía que la corrupción sistémica y el enriquecimiento de los gobernantes, con olvido y amordazamiento del pueblo pagano y sin poder efectivo ninguna, era la base del Modelo de Dictablanda sucesiva por la alternancia de partidos verticalistas al servicio de las Señorías desconectadas con el pueblo era el modelo que había sustituido a la Dictadura pura franquista :
La democracia real de Juan Pablo Mañueco se define como una propuesta para trascender la democracia nominal vigente y transferir contenidos reales de poder a la población. Expuesta en su ensayo de 2004, La democracia real: Hacia el final del Estado totalizador de lo público, su modelo combate el «transfuguismo programático que permite que el candidato ya elegido se fugue de sus compromisos electorales y haga, si lo desea, exactamente lo contrario de lo que prometió» y también combate la politización y colonización partidista de las instituciones del Estado mediante varios pilares fundamentales que considera imprescindibles para que pueda existir una democracia realmente existente:
• Mantenimiento de la acción de gobierno en la población mediante el cumplimiento obligatorio de programas por parte del electo para ejecutarlos, precisamente: Obliga legalmente a los partidos a ejecutar sus promesas electorales esenciales, penalizando penal o políticamente la desviación de los compromisos adquiridos. El programa electoral se convierte así en un contrato electoral exigible ante los tribunales o ante instancias de un cuarto poder permanente, encargado precisamente de velar por el cumplimiento veraz de los compromisos electorales entre el votado subalterno y el votante soberano real del hecho público.
• Para ello reclama como medida imprescindible la derogación inmediata del artículo 67.2 de la Constitución española de 1978, al que califica de verdadera “cláusula antidemocracia”, puesto que establece nada menos que «los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo». Esto significa que diputados y senadores gozan de libertad de voto y acción, sin quedar sujetos a instrucciones, compromisos u órdenes de sus electores…
Sin embargo, los parlamentarios son meros juguetes de sus jerarquías políticas, a quienes deben su puesto de salida en las listas electorales, y a quienes deben obediencia absoluta a sus mandatos imperativos desde la cúpula verticalista si quieren seguir haciendo carrera política en el partido en el futuro o si desean aspirar a las infinitas puertas giratorias o momios señoriales y aristocráticos de que disfrutan durante el ejercicio de su función señorial sobre la población indefensa de todo poder práctico, a la que se intoxica y menteca(p)ta diciéndole que se le van a dar más “derechos” inactivos o pasivos, pero ningún poder real…
A este respecto, el autor recuerda que “derecho” es el participio pasivo irregular del verbo dirigir, cuyo participio pasivo regular, y ya por tanto comprensible por todos es “dirigido”. Y concluye en consecuencia que, obviamente, en todo Estado de Derecho o Dirigido lo importante no son los farragosos “dirigidos” que se otorguen en teoría, sino quién sea el “director”, es decir, quién y quienes dispongan y mantengan la voz activa en su poder.
NOTA: PROSIGUE LA ÁGIL NOVELA Y TAMBIÉN EL SEÑALAMIENTO DE LAS MEDIDAS BÁSICAS DE UNA DEMOCRCIA REAL, PASAJE QUE YA ES, INEVITABLEMENTE, ALGO MÁS FARRAGOSO.
Juan Pablo Mañueco
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