
La masa espera al líder. El ambiente es magnético, histriónico. La expectación es brutal, como si el gran hombre fuera a decir algo distinto de lo que se espera oír de sus labios. Estamos en el mitin. Uno más para la voz y la cara del partido, para el que después de éste vendrán muchos otros más. Pero es el gran mitin para el que permanece estrujado, anónimo y excitado, en medio de la masa.
El silencio nervioso se rompe cuando el mesías entra en el auditorio. Espasmos, estruendo, mar de flashes, ovación cerrada… ha llegado el mensaje de la verdad. Goebbels, el maestro del adoctrinamiento de la masa, estaría orgulloso si pudiera contemplar esta explosión de electricidad.
El líder habla y estallan los aplausos. El líder calla y la admiración es total. El líder sonríe y ya es Mahatma Gandhi encarnado. El líder vuelve a hablar y le ovacionan hasta los que no le escuchan… que suelen ser muchos.
A su marcha, un aluvión de besos, abrazos y flores purgan por alcanzar su sombra. El mitin ha terminado. Todos los presentes siguen pensando las mismas cosas que pensaban una hora antes. El orgasmo ha sido espasmódico.
Hoy he visto esto en directo en el mitin de Zapatero en mi universidad, la Carlos III. Pero también lo he presenciado en muchos otros mítines de los más diversos partidos. ¡Vivan los mítines! ¡Vivan los baños de multitudes! ¡Abajo la reflexión!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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