
La madrugada ya es tan profunda que no tardará mucho en amanecer. Sin embargo, mientras muchos esperan la salida del sol para vivir un nuevo día en esperanza, tú sólo buscas hacer el mal. Me refiero a ti, maldito violador. En cualquier lugar del mundo, tú y los que son como tú trataran de acecharse sobre sus víctimas y les joderán la vida para siempre.
Me refiero a ti, maldito pederasta. Tú y la basura como tú engatusaréis a un pobre niño y le traumatizaréis para los restos. Luego argumentaréis que no sois monstruos, sino unos simples enfermos. Lo siento, pero me niego a creer que el peor acto inimaginable, el robar y aniquilar la inocencia de un niño, sea sólo producto de una enfermedad como cualquier otra.
Me refiero a ti, maldito terrorista. Eres tan cobarde que a estas horas ya estás planeando, en cualquier rincón del orbe, dónde será tu próximo zarpazo. ¿A cuántos matarás esta vez? ¿A uno, a cincuenta? ¿Y qué método emplearás? ¿El tiro en la nuca, la bomba lapa o el cinturón de explosivos adosado a tu pueril cuerpo? ¿Por quién matarás, por la patria o por Dios?
Me refiero a ti, maldito camello. Mañana surtirás de veneno homicida a los desvalidos de nuestra era. ¡Cuánto dinero ganarás a costa de la muerte de otros! Las lágrimas de sus madres no suponen para ti nada. Al fin y al cabo, los “únicos responsables son ellos”, ¿no?. Qué pena que “ellos”, los títeres del veneno, ni siquiera lo sepan…
Me refiero a ti, maldito dictador, que estrangularás aún más a tu pueblo oprimido. ¿Cuándo le dejarás pensar? ¿Cuándo le dejarás alcanzar las mayoría de edad?
Me refiero a todos los lobos que haréis que el día que pronto amanecerá no sea un día más para muchos de nosotros, en cualquier lugar de nuestro loco mundo.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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