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Ciriaco de Málaga cae; el sistema se derrumba

Miguel Ángel Malavia 19 Sep 2008 - 18:18 CET
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La cita la dijo la otra noche en la tertulia conspirativa aquél a quien unos llaman Sandokán y otros Yasser Arafat: “En estos tiempos de crisis general, con la economía por los suelos, sólo queda una roca a la que apegarse. Eso sí, si Ciriaco de Málaga también cae, entonces ya no hay esperanza; el sistema global se derrumba”.

Y, para desgracia de todos, Ciriaco cayó. La noche nubló el entendimiento ciriaquil, el puro le mareó y el botellón le derrumbó. Tu quoque, Ciriaco? La conciencia llegó a su presencia cuando el otrora guardián de la ortodoxia y las buenas costumbres dormitaba sentado en el WC de un amigo suyo, con la madrugada bien adentrada ya. Mientras el caballero deslucía su impoluto traje con una postura corrosiva y con la voz ya gastada y los ojos entrecerrados suspiraba en el recuerdo del 410º aniversario de la muerte de su Felipe II, un retazo de lucidez asomó en su mente abotargada: “¿Qué me está pasando? ¿Soy yo acaso, bella dama, el que ayer pregonaba por la muerte en hoguera de los injustos, los inmorales y los desviados?”. El pobre creía que hablaba con Dulcinea del Toboso. Si hubiera sabido que lo hacía sentadas las aposaderas en un retrete nada real…

Sin embargo, fuera por la fantasía o porque la anhelada de Don Quijote en verdad era su espectral protectora, ésta le respondió: “¡Qué veo! ¡¡Usted con semejante cogorza, con tan bestial melopea, con tan indigna castaña!! Señor mío, recapacite. ¿Cómo es posible que si nunca ha tenido juventud por dedicar ésta a inflamar y martirizar las conciencias de las ovejas descarriadas, ahora sea usted el que se comporte así?”. El beodo, con las gafas caídas y la raya del pelo (siempre a la izquierda, como debe ser) revuelta, hizo amago de protestar. “¡Silencio!”, clamó la musa del de la armadura medieval. “Usted elige: O deja de azotar a los que a su juicio son indecentes, o acepta que ya no está en el camino del recto comportamiento”.

Pero Ciriaco no tuvo tiempo de recapacitar. Olvidando una vez más que el urinario casero de su colega no era la barra del garito en la que hasta hace un rato se había erigido dueño cainita y depredador, levantó la mano con el índice hacia arriba y gimió: “Tabernera, otro chupito de sol y sombra. ¡Por Felipe II!”.

Ese, definitivamente, fue el fin de Ciriaco. Ya no hay esperanza para el sistema. Bye, bye, capitalismo.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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