Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

El oso torero

Miguel Ángel Malavia 21 Sep 2008 - 16:33 CET
Archivado en:

Era ya la profunda anochecida. En un ambiente fantasmagórico, casi sepulcral, me encontraba en un monte. Sólo. Pero no tenía miedo. Sin saber el qué, había algo que me hacía presentir que nada malo me podía pasar, que estaba allí, en ese lugar tan irreal, para presenciar algo maravilloso. Hasta que lo vi.

En un momento dado, allá a lo lejos, en lo alto de un cerro, estaba él. Bueno, estaban los dos: Un oso enorme, que se levantaba sobre sus patas traseras, de pie, hierático, sosteniendo un capote. Y un toro que acudía presto a todos sus cites, pasando muy cerca del oso en cada embestida, absolutamente sometido. La visión era surrealista, pero rodeada de una aura tan mágica y envolvente, que no cabía la menor duda de que lo que estaba sucediendo en esos mismos momentos era cierto.

Con la boca abierta, contemplé la sucesión de chicuelinas, gaoneras y verónicas que acometía un oso artista hasta la médula. Por la distancia, no llegaba a ver su rostro, pero estaba seguro que su gesto era el de un místico; aire compungido y mirada perdida al horizonte. El toro estaba completamente rendido, embelesado ante la magia del instante, pero aún así no paraba de embestir con toda su fuerza, con toda su verdad.

La luna, siempre sensible a la autenticidad, opacó todo su destello al resto de la tierra y únicamente alumbraba al cerro. En medio de la quietud de la naturaleza, con un silencio asfixiante y un aire oceánico y puro sólo ensuciado por el humo de mi habano, sólo había lugar para la épica escena protagonizada por los dos animales.

Allí no hubo ni banderillas, ni puyazos, ni espada. No hubo sangre. Sólo hubo un oso y un toro que bailaron hasta el amanecer. Hasta que se acabó mi puro y me quedé dormido. O me desperté, quién sabe.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

Más en La hora de la verdad

Mobile Version Powered by