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Un día de sonrisa tonta

Miguel Ángel Malavia 16 Nov 2008 - 18:59 CET
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Ayer viví uno de los momentos más felices de mi vida, sin exageración. Cuando hace siete años comencé a ser catequista, siempre pensé con ilusión en lo que sería este día: el de la recepción del sacramento de la Confirmación por mi grupo. Y llegó ayer. Y fue, sencillamente, redondo. Junto a mi gran amigo Félix, hemos tenido el orgullo, en estos tres años de catequesis para confirmandos, de hablar de Dios a “nuestras chicas”: Ana, Bea, Marta, Mari Mar, Ana, Lorena e Inma. Muchos se quedaron por el camino, terminando por cansarse de las “chapas” que les metíamos mi acólito y yo. Ayer me acordé mucho de gente como María, Marta o “los terroristas” (unos crápulas con alas de ángel y mirada de demonios picarescos que nos boicoteaban cualquier intento de ponernos serios).

Sí, lo sé, parezco el abuelo cebolleta, recordando los momentos entrañables que solo nosotros vivimos y a nadie le importan aquí. Pero qué se le va a hacer, es lo que sucede cuando te sientes en parte responsable de que unas personas puedan avanzar en el complejo caminar de la fe. Y si encima te responden con un cariño enorme y un “gracias”… pues te sientes henchido de felicidad y con la sonrisa tonta grabada en el rostro.

La Eucaristía fue emotiva, plena, jubilosa. Una iglesia abarrotada nos acompañaba en un momento tan especial. Ésta fueron las palabras que dieron inicio a la celebración:

Hoy, la comunidad cristiana de Arganda será testigo acogedor de la culminación del camino que estos jóvenes emprendieron hace ya tres años. Tres años de ilusión, de inquieta búsqueda de respuestas, de fuerzas renovadas, de amistad, de fe. Tres años de caminar juntos. Tres años que hoy hacen un alto en el andar. Pero no para detener el paso, sino para recibir el impulso del don del Espíritu Santo. Aquél que nació en un humilde pesebre, aquél que murió en la Cruz, aquél que despertó al tercer día para vivir y hacernos vivir… os mira en estos instantes con gesto firme y esperanzado. El Dios del Amor renueva hoy en vosotros el eco de su testimonio y os encomienda la misión evangelizadora propia de todo hijo suyo. El amado Juan Pablo II clamó porque la Palabra se hiciera misión en cada uno de nosotros: “¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!”. Vosotros tomáis el testigo. Hasta el final.

Y éstas las que precedieron a la lectura de las Escrituras:

Llega el momento de la Palabra. Pero no una palabra gris, aséptica, muerta. No, es la Palabra del Amor, la Fe, la Esperanza… Es la Palabra de la Vida. Porque creemos en un Dios vivo, que nos rescata de la muerte y nos concede la gracia de la vida eterna. Sólo necesitamos una mano amorosa que nos recoja cuando tropezamos, que nos levante cuando caemos en el pozo de la duda y el pecado. Sólo nos falta un soplo. Es el soplo del Espíritu. El Espíritu Santo que hoy se derrama sobre vuestras cabezas, para infundiros la llama y la fuerza necesaria para ser evangelizadores en esta hora actual.

Las risas y las emociones se hicieron aún más presentes en el momento de la recepción del nuevo sacramento. Instante, si cabe, más especial para mí por el hecho de que Ana, a la que comencé a dar catequesis hace siete años, durante el periodo de la Postcomunión, me eligió como uno de sus padrinos.

Después, la alegría se desbordó con la sucesión de fotos, abrazos, regalos y fiesta discotequera que terminó en la hora que la niebla te difumina los recuerdos. Pero lo que nunca olvidaré fue el “gracias” sincero que Ana, Bea, Marta, Mari Mar, Ana, Lorena e Inma nos dieron a sus peculiares y carrozas catequistas. ¿Gracias? Gracias a vosotras, por el regalo auténtico que nos habéis hecho con el simple hecho de aguantarnos con una sonrisa. Ya no somos vuestros catequistas (ahora está en vuestras manos el hecho de mantener el soplo de ayer, viva la sed de Dios), pero nunca dejaréis de ser “nuestras chicas”. Sed felices.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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