
Lo que está ocurriendo en numerosas ciudades españolas y que tiene su epicentro en la Puerta del Sol de Madrid, puede ser histórico. Y creo que puede ser para bien. Eso sí, me pregunto: ¿quién indigna a los indignados? ¿Quién mueve los hilos? ¿Ha sido todo por el libro de Hessel? He leído el panfleto. No dice nada novedoso, se estructura en lugares comunes y no ofrece causas ni consecuencias. Lo mejor es su sugerente título, ‘Indignaos’, y el simbolismo de quien lo escribe: un hombre de 94 años, que en su día militara en la Resistencia francesa antinazi y participara en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, llamando a la juventud occidental a rechazar las desigualdades producidas por el sistema capitalista. Muy bien, pero si no hay intereses que lo muevan, este libro no indigna a nadie…
¿Quién indigna a los indignados? Al menos en España, los grandes beneficiados pueden ser Izquierda Unida y UPyD. ¿Han sido ellos? No lo sé, pero lo que sí tengo claro es que, por historia y peso sociológico, aunque el partido de Rosa Díez está cobrando una gran fuerza en las redes sociales (elemento clave en el movimiento de protesta), IU es el tercer partido de España. Y el gran perjudicado por la Ley Electoral, cuyo injusto carácter recluye a los comunistas a ocupar una representación parlamentaria paupérrima. Muchos jóvenes antisistema, voten o no a IU, están en su línea. Porque si no están en su línea no están en ninguna.
Estos jóvenes antisistema, por lo que veo, leo y escucho (mañana lo comprobaré de primera mano), han sido los que han movido los hilos. A los que se han sumado miles y miles de indignados en toda España, movidos por su absoluta buena fe. No sé si serán instrumentalizados. Lo que sí creo, repito, es que la causa es buena en su esencia y plantea cosas absolutamente lógicas: democracia participativa, control de los excesos de los politicastros (políticos que se sirven del cargo, olvidando el servicio por el poder) y un modelo democrático más justo, con una auténtica separación de poderes y una Ley Electoral basada en la igualdad de todos los ciudadanos, sin distinciones territoriales.
En definitiva, le viene bien un buen meneo a la clase política. A nueve meses de las elecciones generales, tal vez, los partidos tengan que incorporar algunos de estos principios en sus programas electorales. Hoy, en plena campaña por las municipales y autonómicas, su discurso suena mucho más envejecido. El sistema es al fin cuestionado. Y, la toque quien la toque, la música suena bien.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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